Miércoles, 29 de junio de 2022

Religión en Libertad

Blog

El otoño que hizo primavera

por Canta y camina

Antes que nada quiero decir que estoy horrorizada con la invasión rusa de Ucrania y en mi impotencia sólo puedo decir: Reina de la Paz, ruega por Ucrania, ruega por el mundo.

El otoño siempre me ha gustado. El olor a lluvia, el aire fresco, el color del cielo de Madrid gris y luminoso a la vez, el color de las hojas de los árboles alfombrando las aceras.

Algunas personas tienen una imagen del otoño desapacible, ventosa y fría. A mí me huele a las castañas asadas de mi infancia, a lluvia, a fuego en la chimenea, a tierra mojada. Evoca en mí un sinfín de matices desde el ocre hasta el rojo en los árboles y el sonido del viento entre sus hojas.

Este año sin embargo he vivido un otoño desapacible. He sentido frío, aguaceros y un viento furioso. Un día el otoño se transformó en un invierno de heladas que cubrían mi alma y me dejaban sin aire, los pulmones colapsados, el pecho dolorido, el cuerpo exhausto y los ojos hinchados de llorar. 

He llegado a sentirme desbordada, sola, asustada ante lo que se me venía encima y ya era imparable.  He llegado incluso a dudar de mi fe, de la existencia de Dios, de todo lo que hasta ayer mismo habían sido los cimientos de mi pensar, mi sentir y mi actuar. Me he enfadado con Dios, me he sentido estafada por Él porque si Dios es amor, ¿por qué narices me están pasando cosas malas?

Estos pensamientos y sentimientos me asaltaban entre limpieza de cuadras, carretillas llenas de estiércol, paquetes de heno y sacos de pienso para las vacas y las yeguas. Por fortuna todo esto lo hago en el campo, mirando el Valle del Corneja a un lado y la Sierra de Gredos al otro, bajo el cielo más azul que he visto nunca, con el sol calentando mi piel o con el pelo agitado por el viento frío, con la cara cara vuelta hacia la lluvia y la nieve, pisando la tierra, con el jersey cubierto de pajas y las botas hundidas en el barro.

Y aunque en mi cabeza dudaba, mi corazón me gritaba que la Naturaleza ha de ser obra de un Dios bueno, y la belleza y la dureza del trabajo y de la vida del campo me han devuelto la paz interior.

El trabajo físico, el cansancio, el saber que esos animales hoy comen porque yo les he echado el heno, que van a dormir a gusto porque les he limpiado la cuadra y les he puesto una cama seca, está siendo sanador.  A través de la Naturaleza y de las personas maravillosas que estoy conociendo he comprendido que la vida es a la vez preciosa y dura, sacrificada y bellísima, difícil y muy satisfactoria.

No me siento mal por dudar a veces sino más completa y segura de mí misma. Siento que Dios se sonríe cuando me encaro con Él, toma mi dolor en sus manos y lo va transformando en paz, en algo fértil. Y he sentido en mi corazón que cuando la llama de mi fe se estaba apagando muchas personas que me quieren han intercedido por mí y Cristo ha vuelto a encenderla.

 

5€ Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
10€ Gracias a tu donativo habrá personas que podrán conocer a Dios
50€ Con tu ayuda podremos llevar esperanza a las periferias digitales
Otra cantidad Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
Si prefieres, contacta con nosotros en el 680 30 39 15 de lunes a viernes de 9:00h a 15:30h
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter

¡No te pierdas las mejores historias de hoy!

Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria

REL te recomienda