Viernes, 01 de marzo de 2024

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La psicología de la cultura de la muerte

por Cuestión de vida

Siguiendo con reflexiones sobre las más que desmesuradas reacciones a nivel gubernamental, de los medios de comunicación y de las redes sociales vamos a tratar de reflexionar sobre una cuestión que se plantea ¿por qué esta violencia? ¿por qué palabras y expresiones tan terribles como tortura o sadismo?

En primer lugar, es evidente que hay partes interesadas por intereses económicos, tanto de parte de los gobiernos como de los medios de comunicación que publican los que sus amos les dicen. Pero esto no puede ser todo, vamos más adentro.

Una persona que ya ha abortado y que no ha sanado no puede soportar la información provida, es una de las características típicas del síndrome postaborto, puesto que esta información le recuerda a su aborto y se sienten atacadas, aunque la información sea totalmente neutra y sea presentada con la mayor de las delicadezas.

Siguiendo el esquema y los argumentos que propone Adolfo Castañeda en el curso de Vida Humana Internacional se explica más o menos de la siguiente manera:

  • La culpabilidad

La motivación que hay detrás es un sentimiento de culpa que se convierte en el motor de esta agresividad contra todo lo provida

Esta culpabilidad viene del pecado o de lo que en el fondo saben que está mal, pero de lo cual no quieren ni arrepentirse ni dejar de hacer. He repetido en muchas ocasiones que una mujer cuando se queda embarazada sabe que lo está de un hijo y cuando aborta sabe que lo pierde, por mucho que después para sentirse mejor y justificarse niegue que lo es y la culpa que siente.

Como el pecado va en contra de nuestra propia naturaleza humana y en concreto el aborto es seguramente lo que de una manera más radical va en contra de nuestra propia naturaleza, que es el amor y la protección a la prole, esto causa una tensión interior y una ansiedad terrible que la persona tiene que tapar y tiene que tratar de transferir de varias maneras.

  • La racionalización

Este es uno de los mecanismos de defensa más habituales, con los que las personas a manejan la culpabilidad, racionalizando su comportamiento y su manera de pensar, es decir, justificarse.

Entre las feministas abortistas hay muchas que han abortado y endurecen en su posición justificando sus argumentos con toda clase de eslóganes que no resisten el mínimo análisis racional, pero que se siguen repitiendo como mantras hace ya varias décadas. Pongamos ejemplos:

“Necesidad de terminar con el aborto ilegal e inseguro o realizado en condiciones de riesgo”.

“Nadie tiene derecho a decirme qué hacer con mi cuerpo”.

“Nadie tiene derecho a imponerme sus valores morales”.

“El derecho al aborto es parte de la liberación femenina”

“Hay ciertos casos en los que no queda más remedio que practicar el aborto para el bien de la madre”.

“Es una decisión difícil, pero lo mejor que se puede hacer en ciertos casos”.

“Todo niño debe ser un niño deseado”

“No debemos preocuparnos tanto de un solo tema, hay cosas más urgentes (el hambre, la guerra, etc.)”

Como podemos ver los argumentos son exactamente los mismos siempre y en todas partes.

  • La transferencia

La racionalización individual no es suficiente. Entonces se asocian a otros y forman grupos, en los cuales todos se dan muestras de aprobación constantemente unos a otros para reafirmarse en su postura y actividad abortista.

Al encontrar a otros que piensan y actúan igual sienten que todo el mundo es, en el fondo, de la misma manera. Entonces transfieren su autoimagen a los demás.

Buscan que la sociedad apruebe su comportamiento porque cuanto más aceptado socialmente sea el aborto piensan que se sentirán menos culpables y por eso consideran cualquier disidencia no como una opinión distinta sino como una amenaza y un ataque personal.

Detrás hay una postura relativista, si no existen objetivamente el bien y el mal, entonces da igual un comportamiento que otro. Todos los comportamientos o modos de pensar son iguales. Y de esa forma piensan que no existe la culpa, puesto que no existe un bien objetivo y, por lo tanto, tampoco un mal objetivo que provoque culpa

Acusan a los que defienden la vida de tener una motivación interesada y escondida. He llegado a leer que los provida lo que quiere es que nazcan niños pobres para tener en el futuro mano de obra barata. Acusan a los que defienden la vida de hipocresía y de doble moral. Es ya un clásico en el imaginario abortista lo de los curas que hacen abortar a monjas o de las mujeres provida que llevan a abortar a sus hijas en secreto y que, por supuesto, ellas abortaron también en su momento.

Cuando se leen estas cosas podemos caer en la tentación de la desesperación, pero tenemos que pensar que son personas cegadas por la cultura de muerte, atrapadas en el mal, aunque hacen también mucho mal, no vamos a negarlo.

Pero la solución que Dios quiere y propone es la conversión de estas personas, como otros abortistas se han convertido y tanto bien están haciendo, Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva.

Como al ciego Bartimeo el Señor puede abrirles los ojos, como al leproso el Señor puede sanarles, como al paralítico el Señor puede perdonarles sus pecados y que echen a andar. Recemos por la conversión de los abortistas y actuemos por la salvación de los bebes y de todas las víctimas de la cultura de la muerte

 

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