La luz de la honestidad
Lucía Martínez Alcalde habla sobre su escritura, el amor y la búsqueda de sentido

Lucía Martínez Alcalde, escritora, licenciada en Filosofía y graduada en Periodismo.
Lucía Martínez Alcalde, escritora y periodista, combina su pasión por las palabras con reflexiones sobre el amor, la familia y la espiritualidad en libros como "Por donde entra la luz".
Con una trayectoria que incluye novelas, ensayos, los artículos que escribe como redactora en "Nuestro Tiempo" y sus colaboraciones en otros medios, Lucía habla sobre cómo su experiencia como periodista influye en su escritura, el papel de la fe en sus historias y el mensaje que quiere transmitir a sus lectores.
-Lucía, ¿cómo crees que tus experiencias como periodista y escritora han influido en tu enfoque sobre temas como el amor, la familia y la espiritualidad en tus libros?
-El periodismo me ha aportado un hábito de intentar ser muy honesta con lo que escribo. Escribir periodismo es parecido a escribir ensayo, aunque es bastante distinto que escribir ficción. Pero en las tres áreas es necesaria la honestidad: intentar aportar una mirada respetuosa con la realidad, con los hechos, con la naturaleza de las personas, etcétera…
-En "Por donde entra la luz", la protagonista Elena experimenta un proceso de crecimiento y transformación. ¿Qué te inspiró a explorar este tema, y cómo crees que se relaciona con la experiencia humana en general?
-En mi anterior novela (“Me debes un beso”), el arco narrativo de la protagonista era en cierta medida más corto. Quería explorar un arco narrativo extenso.
»Cuando estudiaba primero o segundo de carrera, José Ramón Ayllón me regaló "Lo que ha llovido [Rayos y truenos 2006-2008]" (Númenor, 2009), de Enrique García-Máiquez. Le había leído en su blog y en las páginas de "Nuestro Tiempo" —donde luego coincidiríamos—, pero con esta inmersión disfruté especialmente. Entre los tesoros que descubrí, uno me golpeó y se me quedó resonando ya para siempre. Hablaba del primer acto de La Traviata: «Allí se nos recuerda que la solución de la frivolidad no es, como creen puritanos y cenizos, el dolor, la enfermedad y la muerte. La solución es el amor. Lo otro vendrá por ley de vida; pero la solución era el amor». Escribí esta novela para intentar contar en una historia esta verdad luminosa y, a veces, creo, poco interiorizada.
-¿Qué papel juegan la fe y la espiritualidad en tus libros, y cómo crees que esto se relaciona con la búsqueda de sentido y propósito en la vida?
-Me gusta escribir desde el anhelo, porque creo que es lo que compartimos todas las personas: anhelo de infinito, de eternidad, anhelo de amor incondicional…
»En primer lugar creo que hay que saber identificar esos anhelos, esos “signos de esperanza” de los que hablaba el papa Francisco en la bula de convocatoria del jubileo.
»Me recuerda a lo que explica C. S. Lewis: "si existe la sed, es porque hay agua para calmarla". Afirma que los deseos humanos apuntan a algo real que los satisface. Explica que si sentimos un anhelo que nada en este mundo puede satisfacer, eso es una señal de que fuimos hechos para otro mundo, es decir, para Dios.
»Por eso en mis escritos suelo partir de esa sed, de la búsqueda de sentido, explorar qué manifestaciones tiene (aunque sean algo erráticas), intentar comprender las experiencias de la gente (aunque yo no haya vivido algo parecido). Y luego no se trata tanto de dar respuestas cerradas como apuntar ideas o caminos, o intentar aportar un poco de luz en asuntos que a veces se encuentran enmarañados.
-¿Cómo crees que la literatura puede influir en la forma en que las personas piensan sobre el amor, la familia y la vida en general?
-Una historia no solo conecta con el intelecto del lector, sino también con sus emociones, ya que cuando leemos una buena historia, en cierto modo la “vivimos”, la “experimentamos”. En ese sentido, pueden tener un gran poder para abrir la mente y el corazón a las grandes cuestiones y preguntas.
»Un buen libro puede también abrir una ventana a aspirar a un mejor amor, la idea es que alguien lo lea y piense “yo quiero algo así”. O a veces, por contraste: “Yo no quiero algo así”. Por eso creo que es relevante lo que decía antes de la honestidad a la hora de mostrar la realidad: por ejemplo, hay muchas novelas rosas que muestran idealizadas relaciones tóxicas. Al principio, los lectores pueden tener muy claro que no quieren vivir algo así, y que solo disfrutan de esas historias sobre el papel… pero, a la larga, esa representación falseada del amor, puede acabar haciendo mella en los afectos y en la mente y por tanto, también en el modo de relacionarnos.
»No se trata de meter moralina en una historia, sino de intentar que, a través de los personajes, sus sufrimientos, alegrías, aciertos y errores, el lector, con su propia honestidad, llegue a sus conclusiones.
-¿Qué mensaje quieres transmitir a tus lectores a través de tus libros?
-Creo que el punto está en que la historia sea verosímil, y eso se consigue centrándose más en construir la historia y los personajes que en el mensaje. Si los personajes representan lealmente la naturaleza humana... el resto está hecho.
»Por otra parte, cuando construyes una historia, creo que acabas diciendo más de lo que a lo mejor pretendías al principio. Los personajes cobran vida en el proceso de escritura y luego también al ser leída.
»Más que un mensaje, y por continuar con otra de las respuestas anteriores, diría que me gusta cuando mis libros acompañan los anhelos.
»Mi profesora de Estética en Filosofía nos explicaba que una buena obra de arte te dice: «Esto tiene que ver contigo». Y eso es lo que me gustaría que pensaran mis lectores.
»Con “El arte de no llegar a todo” ha sucedido que muchísima gente me ha escrito mensajes en la línea de “Has puesto palabras a lo que vivo”. Como lectora, disfruto mucho cuando algo así me sucede con un libro. Me recuerda a una de las descripciones que hace Lewis hablando de la amistad: ese encontrarse con alguien y ver que coincidís en algo y así surge la pregunta: “¿Cómo? ¿Tú también? Pensaba que era el único”.
»Con “Por donde entra la luz” muchos lectores me han contado que les ha inspirado para enfocar sus relaciones, que les ha hecho recordar y reflexionar sobre aspectos de su juventud incipiente (si han leído la novela más mayores), o que les ha servido para reilusionarse con el amor.
»Al final una novela no es un manual, no debería decirte “Haz esto o lo otro”.
»Pero si consigo inspirar, ilusionar, acompañar, plantear preguntas… creo que mis libros han cumplido su misión.

Lucía Martínez Alcalde