Viernes, 29 de mayo de 2020

Religión en Libertad

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¿Aprenderemos?

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Jesucristo os ama.

Me encuentro bien, en este momento,  aunque prisionero dentro de mi comunidad. Tengo 84 años, carne de cañón para el virus. Cada día celebro la Eucaristía, tempranito. Físicamente solo, acompañado de tantas personas de la familia humana y de la familia espiritual que sois todos vosotros. En la patena de cada Misa os ofrezco y me ofrezco. “Gracias, Señor, porque me has hecho muy feliz con mi vocación sacerdotal y mi vocación claretiana de consagrado. No sin deficiencias por mi parte. Aquí estoy, Señor, dispuesto a cruzar a la otra orilla cuando tu proyecto de amor sobre mí se haya cumplido. ¡Corazón de Jesús en Ti confío! ¡Corazón de María, aunque mi amor… tú no te olvides de mí!”

Nuestro Grupo de Oración de Renovación Carismática está suspendido. Con los medios de internet nos comunicamos el sábado. Os mando la enseñanza que les di. Me hizo bien, quizás os pueda hacer lo mismo a vosotros.

Unidos en la oración con maría, la Madre de Jesús.

Afmo. en Cristo y María Virgen.

Padre Julio Sáinz Torres, CMF.

Misionero Claretiano

Texto de la Escritura: Sl 139. Los vv. 19-22 desentonan. Líbranos, Señor, de ser así.

Primero. La fe no elimina las enfermedades ni las distintas catástrofes de una naturaleza herida por el pecado (Rm 8, 19-22) Las ilumina para que todos los acontecimientos sean don de salvación. No excluye, al estilo de Jesús, combatir todo aquello que disminuye la realidad humana. Tampoco la oración por los enfermos. Jesús actúa por la fe de los necesitados, también por la petición que presentan. A mí me gusta mucho la plegaria de las hermanas de Lázaro ante la enfermedad grave de su hermano. "Señor, el que tú amas está enfermo" (Jn 11, 3).

Segundo. Cuando en el mundo occidental pensábamos que lo dominábamos todo y así nos lo enseñaban filósofos y pensadores, llega el virus y todo se esconden como conejos en su madriguera.

También en la Iglesia hemos pecado de suficiencia. Hemos multiplicado los planes pastorales, los sínodos, los congresos, las semanas, los capítulos y reuniones, documentos para parar un tren, como si fuéramos capaces de cambiar a las personas de fuera para dentro. Jesús y su Espíritu siguen el camino contrario: cambia a las personas y con ellas forma comunidad. Luego viene la lluvia… el virus y arremete contra la casa y se derrumba totalmente. Estaba edificada sobre arena.

Una letrilla de los campamentos nos viene bien: “Yo pensaba que el hombre era grande: grande por su saber, grande por su poder, grande por su valor. Yo pensaba que el hombre era grande y me equivoqué. Porque grande solo es Dios".

Tercero. Para confesar que Jesucristo es el Señor con el corazón y con la boca, hay que pasar por la muerte a nosotros mismos y a nuestros ídolos (Fp 2, 4-11). La salvación es gratuita (Rm 3, 24). Pero se nos da como una semilla, como una levadura. Su desarrollo pide nuestra cooperación. Que Jesús un día no tenga que decirnos como a los de Jerusalén: "Os he llamado a mi amistad y no habéis querido" (Mt 23, 37).

Cuarto. En España no se celebran, en estos días, Eucaristías con público. Una lástima. Puede ser también una gracia para descubrir la verdad más elemental de nuestra fe: somos cristianos por estar bautizados. Y el bautismo significa la presencia de la Santa Trinidad en nosotros. Cada uno cuando vivimos en gracia somos el mejor Sagrario del mundo. Sagrarios vivos, los otros están muertos. No es que Dios esté cerca, que sea nuestro compañero, que nos mire con misericordia. No. La Santa Trinidad está dentro de nosotros, amándonos. No se va de vacaciones ni de fin de semana. Te acompaña desde dentro donde quiera que estés. Solo el pecado mortal la puede expulsar. Este tiempo puede ser un espacio para descubrir la perla preciosa, el tesoro escondido que mora en ti y no lo sabías. El bautismo te dio la posibilidad de esta intimidad entrañable. Déjate querer por la Santa Trinidad que mora en ti. No tienes que dar gritos. Ella mora en lo más íntimo de tu ser.

Los creyentes debemos ser los mejores ciudadanos.

Termino con un texto precioso de Benedicto XVI: “Y únicamente donde se ve a Dios comienza realmente la vida. Solo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio. Por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él”. Amén. Gloria a Cristo el Señor.

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