Lunes, 23 de septiembre de 2019

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NO EXIT. Sin salida

por Kairós Blog

NO EXIT. SIN SALIDA

Dependiendo de la zona geográfica donde cada uno de nosotros vivamos, tendremos un tipo de climatología u otro. Sin embargo, todos hemos vivido días soleados y también días nublados en los que el sol no se ha dejado ver. Incluso las tormentas forman parte de la climatología habitual, ya sea con mayor o menor intensidad y frecuencia, dependiendo de la zona en la que nos encontremos.

En nuestra vida como cristianos también sucede algo similar. Todos tenemos días mejores y días peores a lo largo de nuestra vida; no obstante, lo realmente decisivo es vivir cada día con la certeza de que el sol sigue estando ahí, aunque no pueda verlo debido a las nubes que lo cubren y lo ocultan de mi vista. En algunas ocasiones, las tormentas también aparecen en el horizonte de nuestra existencia, aportando una alteración y perturbación no deseadas.

“Entraron en naves por el mar, comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios, sus maravillas en el océano. Él habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto: subían al cielo, bajaban al abismo, se sentían sin fuerzas en el peligro, rodaban, se tambaleaban como borrachos, y no les valía su pericia.” (Salmo 107,23-27)

Este Salmo nos está hablando de la barca de nuestra vida que está siendo zarandeada por un viento tormentoso que nos puede hacer perder el norte. Las olas que se levantan nos llevan de un lado para el otro y parece que nuestros pies ya no encuentran el suelo firme sobre el que apoyarse. Podemos sentir que rodamos y nos tambaleamos, perdiendo el equilibrio y la armonía que quizás no habíamos valorado suficientemente.

Nos sentimos indefensos, vulnerables y totalmente impotentes para hacer frente a lo que parece la tormenta perfecta. No hay salida, humanamente hablando. Se han agotado las posibilidades de encontrar una salida y la desesperación comienza a hacer mella en lo más íntimo de nuestro ser. No hay escapatoria y podemos llegar a desmayar de miedo.

Sin embargo, a pesar de todo, necesitas saber algo importante: ¡Dios mismo ha comenzado esta tormenta! “Él habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto” (versículo 25). Es cierto que has llegado al lugar sin salida y no hay salvación ni liberación, excepto en Dios mismo. Saber que el Señor es quien permite las dificultades y los problemas en nuestra vida es un gran estímulo para nuestra fe. Él nos ha llevado a tocar fondo con un propósito para nuestra vida.

El Salmo nos muestra algo que es decisivo para nosotros, y es que tienen que suceder dos cosas para que la tormenta cese y lleguemos al destino deseado:

  • Es necesario llegar a tocar fondo y experimentar que no podemos salvarnos a nosotros mismos. “Se sentían sin fuerzas en el peligro, rodaban, se tambaleaban como borrachos, y no les valía su pericia”(versículos 26 y 27).
  • Debemos clamar al Señor en medio de la angustia, confiando en que solo Él nos devuelve la esperanza y nos lleva a buen puerto. “Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar. Se alegraron de aquella bonanza, y Él los condujo al ansiado puerto”(versículos 28 al 30).

Los sufrimientos que Dios permite en nuestra vida esconden el misterio de producir algo bueno en el corazón de aquellos que no dejan de confiar en su gran amor. Cuando confiamos y ponemos nuestra vida en sus manos, en un hermoso día soleado o en medio de la tormenta, somos bendecidos con su gracia hasta el punto de poder llevar nosotros mismos esperanza a cuantos nos ven y nos rodean.

“Queridos míos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en vosotros y sirve para probaros, como si ocurriera algo extraño. Al contrario, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante.” (1 Pedro 4,12-13)

Dios desea revelar su gloria en tu vida y lo hace compartiendo contigo los sufrimientos de Cristo. No dejes pasar la oportunidad de alegrarte incluso en medio de la tormenta, para que tú mismo puedas ser motivo de alegría en la vida de muchas personas. Si hoy te decides a confiar en el Señor a corazón completo, tu vida ya no será la misma.

“Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto.” (Jeremías 17,7-8)

Cuando llegó mi primera gran tormenta después de conocer al Señor, tomé la decisión de que mi confianza nunca se apoyaría en otra cosa que no fuera la fidelidad de Dios. Esto no es un salto en el vacío, ya que mi vida tiene un fundamento sólido cuando me decido a confiar en Aquel que ya me ha mostrado su lealtad y fidelidad en Cristo. Es cierto que hay tormentas que son capaces de mover los cimientos, como la última tormenta que lleva azotando mi barca estos últimos años; sin embargo, Dios es fiel, siempre fiel, a pesar de mis infidelidades.

La parte que me corresponde a mí es no dejar de confiar en Él y permanecer en su presencia, pase lo que pase y suceda lo que suceda. Si no me alejo de su amor y continúo clamando a mi Dios cuando estoy tocando fondo, los cielos se abrirán a su debido tiempo y solo Él me levantará con su poder. Yo sé que el Señor no se retrasa y que su Palabra se cumplirá. “Soy Yo, no temas”, vuelve a susurrarme hoy el Espíritu Santo.

“Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, Él fue mi salvación”(Isaías 12,2). ¿Quieres alejar el miedo de tu vida de una vez por todas? ¿Te atreves a confiar en Él de verdad desde este instante? Levanta ahora el corazón y no bajes nunca más los brazos. ¡Él sale a tu encuentro y te busca para salvarte en medio de la tormenta! Solo cuando has llegado a ese lugar sin salida, puedes descubrir y entender que el Señor es tu salvación, tu fuerza y tu poder.

 

Fuente: kairosblog.evangelizacion.es

 

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