Lunes, 26 de septiembre de 2022

Religión en Libertad

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Las mortificaciones de la "religión climática"

Las mortificaciones de la "religión climática"

por Libertad, Ley Natural y Tradición

En los últimos días, uno de los principales temas de discusión en la barra del bar, los grupos de Whatsapp y las redes sociales es toda esa serie de "recomendaciones" e "imposiciones" (no necesariamente sutiles) con un pretexto de "ahorro energético", de "cuidado medioambiental", de "sostenibilidad".

Surgen ideas tales como los topes a la temperatura del aire acondicionado y la calefacción, las horas de apagado del alumbrado de los escaparates de monumentos y tiendas del pequeño comercio... También hábitos no necesariamente higiénicos se proponen en la prensa funcional para que la mente vaya asimilando lo que se trama.

Del mismo modo, en su momento, se nos "aconsejó" -y se nos seguirá aconsejando las veces que estimen oportuno, ya que no se trata de nada que haya llegado a su fin- que fuésemos reduciendo el consumo de carne y que empecemos a acostumbrarnos a la deglución, ingestión y digestión de insectos.

El lector podría decir que toda esta temática tiene un cariz mucho más político y económico que espiritual y religioso. Pero no es el caso ya que lo que quiero abordar tiene más relación con esas pretensiones de articular una "religión" falsa, artificial, materialista, secularista y plenamente deicida.

Mortificaciones cristianas

El cristiano puede entender que la mortificación -ya sea interna o externa- no es nada contrario al dogma ni a ninguna otra estipulación de la ley divina. Las enseñanzas catequéticas prescriben que la persona no ha de centrar toda adoración en su propio cuerpo, sin perjuicio de que cuide y vele por su salud física y mental.

Del mismo que no hay que tener aversión al riesgo y la responsabilidad, tampoco hay que tener aversión al sacrificio (no se pretende entrar en el debate sobre las dimensiones de la gracia), que nada tiene que ver con el masoquismo, sino con la toma en consideración del sufrimiento de Jesús en la Cruz.

No se trata del placer extremo, pero tampoco de la maldad ni de otra actitud que se considere como fórmula para hacernos daño y destruirnos. Es cuestión de trabajar con responsabilidad, firmeza, criterio y atención, de saber afrontar los problemas, de dedicarse al prójimo y ayudarle cuando y como corresponda.

Vale también alguna pequeña mortificación corporal como el ayuno o el uso de objetos como el cilicio, siempre y cuando la salud de la persona no corra peligro, ya que sugerir el sacrificio nada tiene que ver con incurrir en el suicidio de manera directa o indirecta, ya que eso no es moralmente legítimo. Pero el criterio de la "religión climática" es más dispar.

Mortificaciones de la "religión climática"

La "religión climática", en cuyo saco podemos meter también la "adoración extrema de los animales" (basada en su equiparación a la especie humana en vez de asumir su complementariedad así como la esencia heterogénea de la naturaleza, una creación de Dios en toda regla) anda detrás de las regulaciones mencionadas al inicio.

Los "apologetas" de esas "creencias", que son ciertos agentes políticos, activistas y mediáticos, bajo una estrategia de ingeniería social rotundamente subversiva, venden una especie de "falso apocalipsis" que nada tiene que ver con la salvación de Cristo, el triunfo del Bien, el acercamiento a la vida eterna y el logro de la paz.

Sin ninguna base científica basada en la libre discusión, la prueba y el error, sino en el cientifismo entendido como expresión del racionalismo (totalmente distinto a la buena consideración del binomio compuesto por la fe y la razón) se hace una serie de alertas que en teoría pueden preocupar.

Se habla de un "cambio climático" que no necesariamente es tal, aprovechando ciertos sucesos como las olas de calor, las inundaciones y los incendios forestales para sembrar esa histeria (y sí, en ocasiones, en la causa o en el sesgo posterior, entra la mala praxis de una acción humana concreta que busca vender esta "falsa apocalíptica").

Se aprovecha también, como ocurrió con el "virus chino", que mucha gente tiene miedo al más allá a día de hoy, en muchos aspectos. Pero el fin no es que seamos más responsables ni que nos preparemos para la consecución del "bien común" correctamente interpretado. Todo es completamente distinto.

El propósito es que el individuo tenga menos problema en acostumbrarse a ser esclavo, en ser un átomo sometido dentro de una sociedad orgánica cuya destrucción se procura por parte de los agentes implicados. El miedo y la mentira como mecanismos para avanzar en la subversión.

Interesa que el individuo tenga pobreza espiritual, social, material, racional e intelectual. Por tanto, la "religión climática" o eco-socialismo no se trata sino de una estrategia complementaria a la causa revolucionaria. Y no, no habrá problema en el sensacionalismo, en el ensalzamiento ("beatificación falaz") de adolescentes como Greta Thunberg.

Así pues, mientras que el Cristianismo asume que el hombre tiene libertad para alcanzar los fines últimos, dentro de una dinámica de espontaneidad y de vida en el Espíritu, la "religión climática" busca ayudarnos a asimilar la sumisión, con la implicación de esa compilación de pecados capitales que viene a ser el socialismo.

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