Domingo, 17 de noviembre de 2019

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El Badmibar y el desierto: Números

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 El libro de Números

Este libro reanuda el tema de la marcha por el desierto. La partida desde el Sinaí se prepara con un censo del pueblo y las grandes ofrendas con motivo de la dedicación de la Tienda. Después de celebrar la segunda Pascua, dejan el monte santo y llegan por etapas a Cades, desde donde se intenta, con mala fortuna, la penetración en Canaán por el sur.

Tras una larga estancia en Cades, vuelven a ponerse en camino y llegan a las estepas de Moab, frente a Jericó. Vencen a los madianitas, y las tribus de Gad y Rubén se establecen en Transjordania. Una lista resume las etapas del Éxodo. En torno a estos relatos se agrupan nuevas disposiciones que completan la legislación del Sinaí o que preparan el establecimiento en Canaán.

Contenido y estructura

En la Biblia hebrea al cuarto libro del Pentateuco se le conoce con el nombre de ‘Badmidbar’, que significa ‘en el desierto’, cuyo nombre corresponde a la quinta palabra del primer versículo. En esto se diferencia de los otros cuatro libros del Pentateuco, cuyos títulos están tomados todos ellos de la primera palabra de cada libro exactamente. En el caso de Números, la elección de la quinta palabra en lugar de la primera ha sido afortunada, porque la mencionada expresión ‘en el desierto’ apunta certeramente hacia el escenario y el contenido del libro de Números.

En la Biblia griega recibe el nombre de ‘Arithmoi’ y en la latina el de ‘Numeri’, traducción de ‘Arithmoi’, que significa ‘Números’, que es el título que recibe en nuestras lenguas actuales. También en esto se diferencia de los demás libros del Pentateuco, que llevan todos nombres griegos. Números es el único que lleva nombre latino. Los nombres de Arithmoi, Numeri y Números sin duda alguna se deben a los muchos números, censos, listas y empadronamientos que se consignan en este libro.

Nada más empezar nos encontramos con el censo de las doce tribus de Israel (Núm. 1:20-46) y de los tres grupos de levitas (Núm. 3:14-51). En Números 7:10-83 se reseña la lista de las ofrendas junto con sus pesos y medidas, presentadas por las tribus el día de la dedicación del altar. En Números 26:515 se hace un segundo recuento de las tribus de Israel. En Números 28-29 se registra el número de sacrificios, ofrendas y libaciones que debían ofrecerse en cada uno de los días de la semana, del mes y del año, incluidas las fiestas. Finalmente, Números 31:3252 hace el recuento del botín conquistado a los madianitas.

El tema central de Números lo forman las tribus de Israel integradas en un pueblo bien cohesionado, presidido por Moisés y Aarón, a quien sucede Eleazar. Números toma el hilo de la historia en el Sinaí y lo deja, al cabo de cuarenta años de peregrinación por el desierto, a las puertas de la Tierra Prometida. O sea, Números es parte de una historia y un trayecto más amplios; los formados por el conjunto del Pentateuco.

Formación del libro

El libro de los Números no es una obra autónoma y aislada, sino que forma parte de un todo más amplio, que es el Pentateuco. Ahora bien, la ciencia bíblica está de acuerdo en afirmar que el Pentateuco vio la luz después del destierro de Babilonia. Se suele asociar su publicación con el sacerdote Esdrás, que fue el artífice principal de la restauración del pueblo de Israel después de la crisis del exilio.

Fuese Esdrás o no, lo cierto es que el último redactor o autor del Pentateuco tuvo a su disposición materiales antiguos, anteriores al destierro, y materiales recientes. Los materiales antiguos se corresponden con lo que tradicionalmente se conoce como ‘los documentos yahvista (J) y elohista (E)’. El primero se suele fechar en los primeros tiempos de la monarquía, y habría sido compuesto en el sur. El segundo sería posterior a la división del reino y habría visto la luz en el norte. Se cree que al desaparecer el reino del norte, los documentos J y E fueron unidos en uno solo, conocido como el ‘yehovista’ (J-E). Entre los materiales antiguos sigura asimismo el Deuteronomio, compuesto al final de la monarquía,

Los materiales recientes forman el ‘documento sacerdotal’, conocido por la sigla ‘P’, primera letra de la palabra alemana “Priester’, que significa ‘sacerdote’. Fue elaborado entre los siglos VI al IV a.C. en medioambientes sacerdotales exílicos y post-exílicos. No se sabe si existió primero como documento autónomo independiente, o si se trata de un estrato redaccional, compuesto por el autor o autores sacerdotales a la hora de hacer una nueva edición profundamente reelaborada y ampliada de los materiales antiguos, anteriores al destierro. En todo caso, el ‘documento sacerdotal’ (P) está constituido por una historia, dentro de la cual se encuadran colecciones de leyes e instituciones; por ejemplo, el ordenamiento del Templo, del personal sagrado y de los sacrificios. El libro de los Números pertenece al ‘documento sacerdotal’ (P).

Israel, pueblo pecador

En el Antiguo Testamento encontramos una doble versión de la travesía del desierto. Una visión optimista para algunos profetas y salmistas, los cuales celebran los días del desierto como los tiempos del noviazgo y los desposorios ideales entre Dios y su pueblo (os. 2:16; Jr. 2:2-3; Salmo 136). Y por otro lado, la visión pesimista de Éxodo 20 y el Salmo 78, que ponen más bien de relieve las infidelidades de Israel.

Con estos últimos se adhiere Números, sobre todo en los capítulos 11 al 21, que incluso podría titularse ‘Libro de las quejas de Israel’. No menos de una docena de veces se dejan oír a lo largo de estos capítulos las quejas de los israelitas, quienes protestan contra Dios y sus representantes, especialmente contra Moisés por haberlos sacado de Egipto para someterlos a las pruebas y estrecheces del desierto.

De acuerdo con los supuestos teológicos del Antiguo Testamento, a las infidelidades y pecados del pueblo seguían automáticamente los castigos de Dios, los cuales alcanzaron a toda la comunidad, incluidos Moisés y Aarón, pues toda la generación del Éxodo, excepto Caleb y Josué, fue condenada a morir en el desierto sin poder entrar en la Tierra Prometida.

A pesar de sus limitaciones, los autores del Antiguo Testamento ya sabían que la última palabra no la tiene ni el pecado ni el castigo, sino que al pecado suele seguir el arrepentimiento, y a éste, la gracia. En el tiempo concreto del desierto, el arrepentimiento se producía por obra de la poderosa intercesión de Moisés ante Dios. Por su parte, la gracias se manifestaba a través de las intervenciones providenciales del Señor en casos como el agua en la roca, el maná, las codornices, la serpiente de bronce, etc., así como mediante la promesa y el compromiso de que los hijos de los salidos de Egipto entrarían en la tierra de promisión.

Teología del desierto

Además de las dos visiones de la vida en el desierto arriba señaladas, la optimista y la pesimista, existe una tercera que presenta los cuarenta años en el desierto como un tiempo de prueba (Deuteronomio 8:1-6). Tres fueron las pruebas principales a las que se vieron sometidas las tribus israelitas salidas de Egipto: la sed y el hambre, la confianza en el Señor, y la adoración a un único Dios. La generación del desierto sucumbió a las tres. Estas tres tentaciones o pruebas son las mismas a las que fue sometido Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios (Mateo 4:111); Lucas 4:113), con la gran diferencia de que Jesús no solamente no sucumbe, sino que sale incólume y victorioso.

Dentro de este contexto se encuadran también la comunidad de Qumrán y Juan el Bautista, que se retiraron al desierto para preparar el camino del Señor, según la profecía de Isaías. En uno y otro caso se cita expresamente el texto de Isaías 40:3, que dice: ‘Una voz grita: Preparad en el desierto del camino del Señor’. Los documentos de Qumrán hablan incluso de un período de cuarenta años como el tiempo de prueba previsto antes de que haga su aparición el Mesías salvador.

Como se ve, cuando los evangelistas componen las páginas de las tentaciones de Jesús y su estancia en el desierto durante cuarenta días, no parten de cero, sino que tenían a su disposición una serie de elementos que pudieron servirles como fuente. De todos ellos, el más importante fue sin duda la travesía de Israel a lo largo del desierto por espacio de cuarenta años. De hecho, las tres respuestas con que Jesús rechaza las provocaciones del tentador están tomadas de otros tantos episodios, pertenecientes a los días del desierto (Deuteronomio 6:1316 y 8:3).

Bibliografía

-. Números en la Biblia comentada   -   A. Colunga y N. García Cordero

-. Números en la Sagrada Escritura   -  F. L. Moriarty

.- Números en Comentario San Jerónimo   -   F. L. Moriarty

.- Números en Pentateuco   -   L. Alonso Schöbel

.- El libro de los Números   -   B. Pierre

.- Números en Comentarios al Antiguo Testamento   -   Antonio Gonzáles Lamadrid

.- Biblia de Jerusalén

 

 

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