Domingo, 31 de mayo de 2020

Religión en Libertad

Blog

Evocando a Teilhard de Chardin

por Angel David Martín Rubio

null
Como buen modernista, Teilhard de Chardin subordina todo a su cosmovisión: una apología del pensamiento cristiano escrita en la esperanza de aproximar a la verdad a muchos hombres de estudio y de ciencia alejados de la Iglesia. Así crea una “grandiosa fantasía” que si se toma en serio resultaría una peligrosa gnosis teosófica

*
Pierre Teilhard de Chardin, jesuita francés (18811955) se orientó en sus estudios hacia la paleontología. Su fama, sin embargo, no está ligada a los trabajos científicos seriamente cuestionados pues, aparte de su natural superación por el paso del tiempo, no se resistió a la costumbre de los evolucionistas de plegar los hechos a su teoría.

Sobre la implicación de Teilhard de Chardin en el fraude de Piltdown, toda la culpa por el engaño fue lanzada sobre Dawson, sin embargo, Stephen Jay Gould, concluye que fue Teilhard el principal responsable. Más tarde, su nombre vuelve a estar ligado al del “Hombre de Pekín” cuyos restos “desaparecieron” en 1941, evitándose el amargo trago de la confrontación científica (Cfr. GUY VAN ESBROECK, “Pleine lumiére sur limposture de Piltdown”, “Les Éditions du Cèdre”, París, 1973; M. BOWDEN, “Los Hombres-simios ¿Realidad o ficción?”, Terrassa (Barcelona), Clie, 1984; STEPHEN JAY GOULD, «La Conjura de Piltdown», en “La gallina y sus dientes”, ed. Paz y tierra, São Paulo, 1992) Puede verse todo con detalle la cuestión en este enlace.

Ernesto Milá —que considera a Teilhard como uno de los profetas de la Nueva Era (“New Age”), dudando en si calificarlo de “sacerdote materializado o materialista espiritualizado”— acaba concluyendo sobre estos dos episodios:

"Son voluntariamente olvidados en todas las biografías que le han consagrado sus partidarios. Si bien no existe ninguna prueba concluyente de que fuera el padre Teilhard el falsificador, lo cierto es que fue la única persona que vivió extraordinariamente de cerca ambos casos y que los hallazgos más polémicos se realizaron siempre en su presencia. Ningún detective precisaría muchos más datos para inculparlo por fraude científico. Es más, los dos hallazgos contribuyeron a cimentar sus distintas teorías sobre la antropogénesis, de tal manera que, podemos decir que si no fue él el falsificador, al menos la falsificación jugó a su favor. Es mismo detective hubiera afrontado la investigación preguntándose ¿a quién beneficia el delito ?... ".

Su fama, por lo tanto, no está ligada a los trabajos científicos sino a su intento de exponer la fe cristiana en el interior de una visión evolucionista del mundo, y a su interpretación de esa evolución como un movimiento cósmico y humano orientado hacia Cristo.

Paradójicamente, otros sostienen (es el caso de Leandro Sequeiros en su conferencia “Teilhard de Chardin y su contribución científica a la geología y a la paleontología” pronunciada en el “Centro Pignatelli”, 25 enero 2005) que de Teilhard no quedan como legado para las posteridad sus ideas filosóficas, religiosas o místicas:
 
"Sus ideas filosóficas (basadas en el vitalismo y el finalismo de Bergson) están superadas por el paradigma darvinista dominante. Y muchas de sus ideas teológicas y místicas ya no escandalizan y se han incluido (con criticas) en las tesis teológicas posconciliares». Pienso que “lo que queda” de Teilhard es su obra científica (casi desconocida del público) y algunas de sus grandes intuiciones místicas".

Es decir, por afirmación de contrarios que se excluyen: nada queda de Teilhard ni como científico ni como teólogo y no es razón en contra que contase con abundantes títulos académicos y reconocimientos oficiales provenientes de los ámbitos favorecidos por sus tesis.

En ambos campos el jesuita francés olvidó la premisa necesaria de cualquier investigación honrada que es someter la interpretación a los hechos. Por el contrario, como buen modernista, Teilhard subordina todo a su leitmotiv, su “Weltanschauung”, su cosmovisión que el padre Menvielle explicita en los siguientes términos: "parece ser una apología del pensamiento cristiano escrita en la esperanza de aproximar a la verdad a muchos hombres de estudio y de ciencia alejados de la Iglesia".

La dificultad estriba en que ciencia actual se fundamenta sobre la dominante filosofía moderna que es positivista, idealista y evolucionista, de manera que cualquier intento de conciliación por vía de síntesis había de resultar, necesariamente, un semillero de equívocos y errores. Por otra parte, para esta falsa apologética, Teilhard se propone impulsar al cristianismo más allá de sí mismo hasta "una forma desconocida de religión, una religión que nadie hasta hoy ha podido imaginar ni describir" (Obras Completas, VII, 405).

Esta tentativa, para el filósofo y teólogo Romano Amerio contiene un paralogismo y un error religioso:

 
«Un paralogismo, porque si la religión cristiana debe transmutarse en algo totalmente distinto resulta imposible dar a las proposiciones del discurso idéntico sujeto, y desaparece la continuidad entre la Iglesia actual y la futura; un error religioso, porque el reino que no es de este mundo conoce mutaciones en el tiempo (que es una categoría accidental), pero no en la sustancia. De esta sustancia “iota unum non praeteribit”: ni siquiera un ápice cambiará. Teilhard no podría preconizar un caminar del Cristianismo hasta más allá de sí mismo si no fuese porque olvida que caminar hasta fuera de sí mismo, o dicho de otra forma, traspasar la frontera (“la muerte es la última línea”-Horacio), significa morir: y así, el Cristianismo debería morir, o más bien morir para no morir» (“Iota Unum”, Criterio Libros, Salamanca, 1994, p.21).

En 1926 comenzaron a suscitarse dudas sobre la compatibilidad de las ideas de Teilhard con la fe católica, y los superiores de la Compañía le indicaron que renunciara a toda actividad intelectual pública. Por este motivo sus obras de naturaleza teológica no fueron editadas durante su vida, si bien se difundieron reproducidas a multicopista y en algunos artículos de revistas. Al morir, dejó sus escritos a su secretaria Jeanne Mortier, que ese mismo año promovió la constitución de un comité internacional encargado de impulsar la rápida publicación de los escritos de Teilhard que no llegan a constituir un sistema teológico pero que articulan una “grandiosa fantasía” "que si se toma en serio —y en serio puede tomarla el hombre moderno, destituido de una recta metafísica— resultaría una peligrosa gnosis teosófica" (en expresión del padre Menvielle).

Es entonces, en los años inmediatamente posteriores a 1955, en el ambiente de efervescencia que provocó en los años previos al Concilio Vaticano Segundo la “Nouvelle Théologie”, cuando se difunden las tesis telhardianas tan favorables a los planteamientos de los innovadores por su afirmación de los aspectos positivos del mundo y de la vida y su optimismo respecto a la evolución concebida como un progreso inexorable que le llevan a desconocer los males que oscurecen la historia de la humanidad, olvidando la radicalidad de la libertad y la realidad de la herida moral que cada hombre lleva consigo.

Sin embargo, el mal no estaba aún tan difundido que evitase la respuesta de la Santa Sede. Alertados los teólogos católicos por Garrigou Lagrange, («La nouvelle théologie, oú va-t-elle?», en “Angelicum”, 23,1946, 126145), sobre la obra de Teilhard (al igual que ocurre con la del también jesuita de Lubac y otros) recaen de manera implícita las condenas innominadas que Pío XII establece contra la “Nouvelle Théologie” en la “Humani generis” (1950). Para Teilhard, en su correspondencia posteriormente publicada, la Encíclica representa: "una ofensiva integrista de gran envergadura que no me inquieta pero que nos obliga a entrar en la clandestinidad y a trabajar a escondidas más que nunca" (cit.por DOMINIQUE BOURMAUD, “Cien años de modernismo. Genealogía del Concilio Vaticano II”, Ediciones Fundación San Pío X, Buenos Aires, 2006, p.310).

El 6 de diciembre de 1957, el Santo Oficio ordenaba retirar de las bibliotecas y librerías católicas las obras de Teilhard al tiempo que prohibía su lectura y difusión. El 30 de junio de 1962 la misma Congregación publicaba un Monitum en el que se declara: "Independientemente del juicio con respeto a los aspectos referentes a las ciencias naturales, es claro que sus obras presentan, en las materias filosóficas y teológicas, ambigüedades, más aún, errores graves, que dañan a la doctrina católica".

Junto con este texto, en “LOsservatore Romano” del mismo día apareció una exposición oficiosa atribuida al propio Santo Oficio sobre las razones que fundamentan la medida tomada. Se afirma en primer lugar que Teilhard incurre en una indebida trasposición al plano teológico de términos y conceptos tomados de las teorías sobre el evolucionismo y que, como consecuencia, se derivan graves errores (seguimos la exposición hecha por José Luis Illanes en la GER):

— una defectuosa explicación de la creación, que no salva la libertad del acto creador divino ni la ausencia de un sujeto preexistente;
— diversos puntos débiles en la descripción de las relaciones entre Dios y el mundo, que hacen que no quede clara la trascendencia divina;
— presentar de tal manera a Cristo que no se salvan la libertad y gratuidad de la Encarnación;
— desconocer las diferencias y los límites entre la materia y el espíritu; una concepción insuficiente del pecado, que es reducido a una realidad de carácter exclusivamente colectivo;
— una presentación naturalista de la ascesis y de la vida cristiana.

Cualquier intento de reivindicar al heresiarca francés o de fundamentar alguna de las realidades de la fe católica o de la vida cristiana sobre la doctrina o ejemplo de quien proponía la autodisolución del cristianismo para dar paso a una religión renovada que es en realidad una nueva religión cómoda y aceptable para el hombre moderno, no podrá evitar las críticas racionales y teológicas que cabe hacer a la obra de Teilhard de Chardin, menos aún las referencias contenidas en la Humani generis y las condenas explícitas del Santo Oficio.

Esperamos, al menos, que si alguien así lo pretende, el discernimiento de sus afirmaciones ayude a los católicos a adherirse a la doctrina perenne de la Iglesia, incompatible con el discurso neo-modernista. Incompatible con la significación que Jacques Mitterrand, atribuye a la obra de Teilhard:
 
"Teilhard de Chardin cometió el pecado de Lucifer que Roma reprochó a los masones: en el fenómeno de la “humanización”, el hombre es el que se encuentra en primer plano. Cuando la conciencia alcance su apogeo, el Punto Omega, como dice Teilhard, el hombre será tal como lo deseamos nosotros, libre en su carne y en su espíritu. Así, Teilhard puso al hombre en el altar y, al adorarlo, no pudo adorar a Dios" (Jacques Mitterrand —Ex Gran Maestre de una logia y hermano del presidente socialista y también masón francés—, en RENÉ VALVÈVE, “Teilhard l’apostat”, p. 52, cit.por DOMINIQUE BOURMAUD, ob.cit., p.246)

Porque ya lo había previsto Garrigou Lagrange en su profética denuncia de la teología telhardiana y de cuantos se mueven en la misma órbita: ¿A dónde va la nueva teología?:
 
"Ella vuelve al modernismo. Porque aceptó la proposición que era intrínseca al modernismo: esa de sustituir, como si fuese ilusoria, la definición tradicional de la verdad: “adequatio rei et intellectus” (la adecuación del intelecto con la realidad) por la definición subjetiva: “adequatio realis mentis et vitae” (la adecuación del intelecto con la vida) […] Por lo que dejar de defender la definición tradicional de la verdad al permitir que sea ilusoria es entonces necesario sustituir por lo vitalista y evolucionario. Esto lleva entonces a un relativismo completo y es un error serio. Más aun, esto lleva a decir lo que los enemigos de la Iglesia quieren llevarnos a decir. Cuando uno lee sus trabajos recientes uno ve que están completamente contentos y ellos mismos proponen interpretaciones de nuestros dogmas, ya sea en relación al pecado original, el mal cósmico, la Encarnación, la Redención, la Eucaristía, la integración universal final, el Cristo cósmico, la convergencia de todas las religiones hacia un centro cósmico universal". Traducción tomada de: http://gabaon.blogspot.com/2008/10/la-nouvelle-thologie-dnde-nos-lleva.html.

Y, como única esperanza, la misma que alentaba el teólogo dominico en 1946 y que, todavía hoy, se sigue viendo lamentablemente defraudada:
 
"Ya que la Providencia sólo permite el mal por una razón buena, y ya que vemos entre nosotros una excelente reacción en contra de los errores que hemos enfatizado aquí, podemos esperar que estas desviaciones sean la ocasión de una verdadera renovación doctrinal, conseguida mediante un profundo estudio de la obra de Santo Tomás, cuyo valor es más y más aparente cuando se compara con el desarreglo intelectual de hoy".
5€ Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
10€ Gracias a tu donativo habrá personas que podrán conocer a Dios
50€ Con tu ayuda podremos llevar esperanza a las periferias digitales
Otra cantidad Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit. Ex facilis officia sapiente recusandae neque, asperiores labore numquam dolorum ut, illo provident voluptatibus.
Si prefieres, contacta con nosotros en el 680 30 39 15 de lunes a viernes de 9:00h a 15:30h
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter

¡No te pierdas las mejores historias de hoy!

Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria

Miles de personas se perderán esta noticia si tu no nos ayudas

DONA AHORA