Viernes, 20 de septiembre de 2019

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Ensayo sobre Franco (3)

Martes, 10 de julio de 2018

Religión en Libertad
 

Ensayo sobre Franco (2)

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He acabado de escribir un Ensayo sobre el espinoso asunto de la posible exhumación del cadáver de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera de la cripta de la Abadía del Valle de los Caídos.

Desde hoy y en sucesivas entregas iré reproduciendo el Ensayo..

Espero aportar datos para el pensamiento presente y futuro, y para el diálogo de hoy y de mañana. Esta aportación solamente busca el diálogo y la paz.

4.- Enterrado en la catedral de Logroño

Fue enterrado en la catedral de Logroño. Los gastos corrieron a cargo del presupuesto del Estado.

La revista La Ilustración Española y Americana lo contó de la siguiente manera:

“Han sido trasladados a su panteón en la iglesia de Santa María la Redonda de la citada capital, en donde el que fue Regente del reino había fijado su retiro desde que renunció a la vida pública. La ceremonia de la traslación fue muy solemne: para tributar los honores militares al vencedor de Luchana, se había aumentado la escasa guarnición de Logroño, que cubrió la carrera; los balcones de las casas estaban enlutados; las carrozas mortuorias cubiertas de coronas, y todas las autoridades de todos los órdenes formaban parte del cortejo, que presidía el Marques de la Habana, el Capitán general del distrito, el Duque de la Victoria y otras personas allegadas. El epitafio grabado sobre la losa del sepulcro, contiene esta inscripción:

"Al general Espartero, pacificador de España, y á doña Jacinta Martínez de Sicilia, su esposa, erigió la nación este monumento. Afio MDCCCLXXXVIII."

El Príncipe de Vergara, primer Duque de la Victoria y Conde de Luchana, no sólo merecía ese tributo por la alta jerarquía á que llegó desde la más modesta condición, y como personaje histórico, por haber sido Regente, sino porque en un periodo de su vida fue el caudillo más popular, en época de grandes divisiones y grandes entusiasmos. Su vida pública terminó en 1856. Su lema histórico, que podía ser el de su escudo de armas, cúmplase la voluntad nacional. Su valor, heroico. Su talento, escaso. Su suerte, extraordinaria. Su amor al pueblo, inmenso. Su lealtad á la monarquía constitucional, indisputable. Su modestia y sus virtudes cívicas, probadas en que supo rechazar su candidatura a la corona en tiempos en que no le hubiera sido imposible obtenerla y renunciar a todas las grandezas que le ofrecían las perturbaciones de los tiempos y la popularidad de su nombre.

Ese mausoleo, erigido por suscrición nacional y admirable­mente labrado por el distinguido escultor D. Juan Samsó (autor de la lápida sepulcral del arzobispo Yusto en la catedral de Bur­gos, de la estatua polícroma de la Inmaculada Concepción y de otras notables obras escultóricas, es un modelo en su género, por la severidad, sencillez y buen gusto que en él dominan.

"Consta de tres cuerpos (dice un corresponsal): el más bajo es una lápida de mármol, sostenida en cuadro por piedra tallada, que ostenta á ambos lados escudos de armas, y en la cual hay la siguiente inscripción:

"Al general Espartero, pacificador de España, y á doña Jacinta Martínez de Sicilia, su esposa, erigió la nación este manumito ­año MDCCCLXXXVIII" .

" El segundo cuerpo es de mármol, y tiene la forma de un pe­queño panteón de piedra; en la cara de frente hay un medallón sostenido por dos ángeles, que tiene en el centro los retratos, en bajo relieve, de los Duques; apoyándose en este segundo cuerpo, hay una estatua con el brazo derecho levantado, y con el dedo (índice señalando al cielo, y en la mano izquierda lleva en direc­ción al suelo una trompeta, cuyo fin se pierde entre el ropaje de la estatua, y rodeando los pies un trofeo de banderas y armas; el mármol es todo riquísimo de Carrara y de gran blancura, y todo este monumento está encajado en la pared en un arco regular, en cuya parte superior se lee: Sic transit gloria mundi."

Nadie por entonces, ni luego, ni ahora, ha discutido que el general Espartero esté enterrado nada menos que en la concatedral de la diócesis de Logroño-La Calzada. Ningún obispo, ni autoridad civil ha puesto en duda o en litigio semejante monumento que sobrecoge cuando se visita el templo logroñés situado en el centro de la capital de La Rioja.

Quien firma este Ensayo ha estado, ha conocido, contemplado, conversado y preguntado a los ciudadanos de Logroño si pretendían que esa tumba desapareciera, porque una iglesia católica no es lugar digno para que un “caudillo” militar que mató en la guerra y en la paz a gentes.

Por ejemplo, al general Espartero no le tembló el pulso para fusilar al militar Diego de León, y sus secuaces pretendientes en el secuestro de la infanta Isabel que era una niña, con la idea fija de instalar a don Carlos en el trono español, que era el iniciador de las guerras carlistas.

Espartero era entonces el Regente del Reino de España.

Tampoco se anduvo con chiquitas cuando mandó bombardear Barcelona, cuyas gentes se habían levantado contra él por asuntos económicos como siempre. De Espartero salió aquella frase famosa: A Barcelona se debe bombardear cada cincuenta años.

No le falta la razón a la frase, vista desde nuestros días.

Tomás de la Torre Lendínez

 

 

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