Lunes, 03 de octubre de 2022

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Los siete atentados portugueses contra la Vuelta al Mundo

Los siete atentados portugueses contra la Vuelta al Mundo

por En cuerpo y alma

 

            Conocen Vds. el debate. Portugal intenta apropiarse de la gran gesta de la Historia, la Primera Vuelta al Mundo realizada por España y de la que estos días estamos cumpliendo 500 años.

             Ya tuvimos ocasión en su día de explicar que esa Vuelta al Mundo no fue portuguesa no porque Portugal no estuviera capacitada para darla, o porque no la considerara posible o económicamente viable… ¡¡¡Es que de ninguna manera podía ser portuguesa!!! ¡¡¡Antes habría sido francesa, inglesa, veneciana, genovesa, holandesa, que portuguesa!!! Es más, no sólo es que no fuera portuguesa… ¡¡¡es que era antiportuguesa!!! Existen poderosas razones para hacer semejante afirmación que puede Vd. conocer pinchando aquí.

             Pues bien, acorde con esta aversión portuguesa al proyecto, muchos van a ser los intentos lusos de abortarlo. Se pueden contabilizar hasta siete atentados portugueses contra la Vuelta al Mundo.

             El primer atentado contra el proyecto de Magallanes (que, en realidad no es dar la vuelta al mundo, ojo, sino llegar a las Molucas navegando hacia occidente para hacer cargamento de las lucrativas especias, con rentabilidades del 2.000%) es el más conocido de todos: consiste en la negativa que le da por respuesta el rey portugués Manuel I, llamado el Afortunado, cuando antes que a ninguno otro le ofrece la expedición. Muchos se ha hablado de la enemiga que el rey le tenía a Magallanes, y seguramente será cierta, pero la auténtica razón de la real negativa no es dicha ojeriza… es que al rey portugués, como ya expliqué en su día (lea Vd. el artículo del que le hablo arriba)… ¡¡¡ese proyecto no interesaba en modo alguno (ni podía interesar)!!!

             Buena prueba de ese interés contrario de la monarquía portuguesa al proyecto es el segundo atentado contra el proyecto, que son los muchos intentos realizados por el rey portugués… ¡de matar a Magallanes! Así lo explica Martín Fernández de Navarrete en su obra “Expediciones al Maluco, viage de Magallanes y Elcano” cuando afirma:

             “En Zaragoza se dijo públicamente que se pensaba o intentaba matar a Magallanes”.

             Lo cierto es que Magallanes tuvo que andar por Sevilla en los tiempos previos a la salida con mucho cuidado, ¡y hasta con escolta!.

             Es más, en esta misma línea, y según refiere el mismo cronista, los intentos de disuadir a Magallanes no sólo se hicieron con el palo, sino también con la zanahoria, intentando sobornarle para que desistiera de realizar el viaje mediante el pago de una importantísima suma de dinero. Por cierto, -y eso debe quedar bien claro-, no para que trabajara para Portugal… ¡sino sencillamente para que no trabajara para España! Premio que, ni que decir tiene, Magallanes no acepta. Lo que demuestra dos cosas: primero, y más importante, el desinterés que en el proyecto tenía la corona portuguesa, más preocupada en que no se hiciera que en hacerlo ella. Y segundo, uno de los rasgos definitorios del carácter de Magallanes, poco inclinado a las riquezas y más interesado en la gloria -terrenal y eterna-, como luego volverá a demostrar al desviar premeditadamente su rumbo original que le debía llevar a las ricas Molucas, donde el beneficio económico estaba garantizado, hacia algún lugar que no se sabe muy bien y cuyo secreto se llevó a la tumba (tal vez el Cipango, tal vez el mismísimo Catay), topando al final, de manera casual, con las Filipinas.

             El tercer atentado contra la Vuelta al Mundo será el intento, ya a las bravas, de destruir la flotilla una vez que ya se hace a la mar. Lo refiere Pigafetta, el gran cronista de la expedición, autor de la obra “Relación del primer viaje alrededor del mundo”, donde cuenta:

             “El [rey] de Portugal […] había despachado buques al cabo de Buena Esperanza y al de Santa María, en el país de los caníbales, para interceptarle el paso [a Magallanes] en el mar de las Indias, pero no lo habían encontrado”.

             El cuarto atentado vuelve a ser de lo más expeditivo, pues es la orden que emite el monarca a Diogo Lopes de Sequeira, cuarto gobernador de la India portuguesa, -cargo que desempeña justamente en el tiempo en el que se desarrolla la expedición circunvaladora, desde 1518 hasta 1522-, de enviar una flota a destruir la de Magallanes. Algo de lo que se salvará la expedición española por tener que dedicar el buen gobernador portugués esos recursos a algo mucho más importante: defenderse de una flota que los turcos preveían enviar sobre la posesión portuguesa de Malaca. Lo explica también Pigafetta.

             El quinto atentado es de la misma índole, y lo narra también el cronista italiano de la expedición. Es la orden que da el monarca portugués a su capitán Francisco Faría de, ya en el Pacífico, interceptar la expedición, algo de lo que la ya maltrecha flota española se salva una vez más por la providencia, -como si ésta trabajara para que alcanzara su objetivo final-, por el simple hecho de que los barcos portugueses encuentran vientos adversos que les obligan a volver a puerto.

             El sexto atentado es algo más conocido. Consiste en el apresamiento, esta vez consumado, -único éxito portugués en su boicot al proyecto circunnavegador-  de la nave Trinidad, una de las dos supervivientes que llegan al Maluco, -la otra es la Victoria que manda Elcano-, la cual había tenido que quedarse en Tidore, en las Molucas, procediendo a unas reparaciones, y que intentando, una vez reparada, volver a destino navegando hacia oriente para retornar a América, -contrariamente a lo que había decidido antes Elcano de volver navegando hacia occidente-, tendrá que volver a puerto por no encontrar los vientos propicios -aún habrán de pasar cuarenta y cuatro años para que Urdaneta realice el trascendental descubrimiento del Tornaviaje a América-, donde la nave es requisada por los portugueses y sus tripulantes arrestados cinco años, hasta 1526, momento en que, enviados a Lisboa, se convierten en nuevos circunnavegantes del mundo (pinche aquí se le interesa conocer a los 41 circunnavegantes españoles).

             Y el séptimo y último atentado tiene lugar en la isla portuguesa de Cabo Verde, ya en aguas del Atlántico en los momentos finales de la gesta, frente a las costas africanas, cuando un exhausto Elcano no tiene más remedio que jugárselo el todo por el todo y enviar una barca en busca de provisiones, pudiendo hacer dos cargamentos, pero no el tercero, pues los astutos portugueses se percatan de que la nave en cuestión es la que tanto tiempo lleva buscando el, en este caso, "desafortunado" rey portugués Manuel I el Afortunado. Y se lanzan contra la nao Victoria, que tiene que salir por patas (o mejor dicho, por vientos) y consigue escapar.

             Con estos antecedentes, trabajo y mucho cuesta creer que nuestros amables vecinos occidentales todavía se sigan desgañitando con el denuedo con el que lo hacen hoy día por demostrar que la vuelta al mundo fue un proyecto portugués. Y mire Vd. que bien me habría gustado a mí haber podido sostener con ellos que, efectivamente, la primera circunvalación del mundo fue un proyecto hispano-portugués, tal es mi simpatía por nuestros simpáticos compañeros de península… Pero no puede ser, ¡que se le va a hacer!

             Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 

 

            ©Luis Antequera

 

 

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