Domingo, 24 de octubre de 2021

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Las piedras de Santa Hildegarda: el jaspe

Una buena amiga nos escribe:
"Estoy leyendo El libro de las piedras que curan y me está resultando muy curioso e interesante. Pero el motivo de este correo es explicarte mi experiencia. Hace unas semanas me diste dos piedras de jaspe. En el mes de septiembre me disloqué la muñeca izquierda, me dolía y tenía problemas para hacer algunos movimientos. El día que me diste las piedras cuando llegué a casa me puse una de ellas en la muñeca dañada, sujeta con una cinta adhesiva, cuando me la quité vi que seguían los dolores y la dificultad de movimientos. Tres ó cuatro días después, y con gran sorpresa, me di cuenta que podía mover la muñeca perfectamente y que habían desaparecido los dolores. Aunque es más difícil su colocación voy a intentarlo con las cervicales. Un abrazo, Alicia".

Parece que el jaspe se merece un comentario, aunque ya hemos hablado de él en otras ocasiones.

El jaspe es, probablemente, la piedra preciosa más abundante del planeta: una piedra dura de grano fino, que los profanos encontramos parecida al mármol, pero que se distingue de él por un par de características importantes: La primera, que el mármol se puede rayar con un clavo o la punta de una navaja, y la segunda, que al mármol lo matan el calor, la lejía y cualquier ácido, cosa que no le pasa al jaspe.

El jaspe, como es sensiblemente más duro que el mármol, es mucho más difícil -y por tanto mucho más caro- de cortar, extraer y elaborar, sobre todo en el pasado cuando la radial ni los discos de diamante no existían. Las lonchas de piedra son más finas y como además es más duro, resulta más quebradizo que el mármol, pero eso sí, en el jaspe un par de siglos de pisadas ni se notan, no como el mármol, que con un siglo de uso se desgasta. (Ya se darán ustedes cuenta que cuando se habla de piedras, la unidad de cuenta tiene que ser por lo menos el siglo).

En España hay jaspe cerca de Córdoba y en Montjuich, Canillas, Aceituno (Málaga) y Cabo de Gata (Almería), pero solamente sabemos de un suelo de jaspe, el de la iglesia de Santa Bárbara de Madrid, que debió costar una millonada (es la de "bárbara iglesia, bárbaras rentas, Bárbara reina") pero que pasa inadvertido a pesar de que es una joya de marquetería en piedra preciosa, cuyas piezas ajustan entre sí con menos de un milímetro de tolerancia.

Pero el jaspe, más aún que en cantera (que tampoco hay tantas) abunda en forma de guijarro redondeado, en conglomerados o grava. Para saber si un canto redondeado es jaspe, lo primero es mirar si la punta de la navaja lo raya., y si no se deja es que por lo menos es jaspe si no es que es otra cosa aún más dura. Si la piedra es jaspe es de grano fino, más aún que el del mármol, que tiene aspecto de azúcar; el grano del jaspe es mucho más pequeño.

El jaspe más corriente presenta manchas, pues es el que dió origen al verbo jaspear y a la palabra jaspeado; el ejemplo típico es el de las guardas y a veces las portadas de los libros antiguos, a las que jaspeaban pringándolas en una yuxtaposición de pinturas. Los jaspes se ven bien allí donde los cantos rodados se han partido por efecto de las heladas y presentan a la vista un corte que muestra la estructura a manchas; si los cambios de color y de textura son concéntricos, se habla de ágatas; si son paralelos, grises o azulados, de calcedonia; y si son a manchas grises o blancas y rojas o marrones, podemos llamarlo jaspe sin mucho margen de error.

La utilidad del jaspe, según Santa Hildegarda es múltiple, y nos atrevemos a añadir que rapidísima. Una amiga que se quejaba de una tortícolis rebelde que la traía frita se puso un jaspe y se la pasó de inmediato. Otras veces no va tan deprisa, porque empezamos a sospechar que el tamaño tiene su importancia, por lo menos para el lumbago, que si el jaspe es pequeño tarda más en funcionar.

Y es que necesitamos que los médicos se interesen en Santa Hildegarda, porque son ellos los que pueden identificar los síntomas del dolor como interpretar la mayor o menor presteza del remedio. La verdad es que hay razones para la esperanza pues en un reciente congreso médico en Madrid se habló de las piedras de Santa Hildegarda y doctor hubo que se llevó a compró tres ejemplares de El Libro de las Piedras que Curan.

En nuestra modesta experiencia de usuarios, hemos comprobado que el jaspe funciona muy bien al menos en dos aspectos: como análgésico y antiinflamatorio allí donde el dolor está causado por lo que Santa Hildegarda llama "gicht" (cualquier manifestación de gota), y en mejorar la calidad y profundidad del sueño de los que no dormimos bien.

Ya hemos contado en el libro el caso de Juancho, el niño de Guecho con pesadillas recurrentes que le desaparecen en cuanto sus padres le ponen el jaspe cerca; pero ahora contamos también con varios testimonios de que el jaspe mejora la calidad del sueño. Un anciano al que diversas causas (respiración difícil, dolores, vejiga) le sacaban de la cama siete veces por noche, y tenía por tanto un sueño ligerísimo, redescubrió la hermosura del sueño profundo durmiendo con un jaspe al cuello.

D. Fernando Gonzalo, médico español en Brasil, y sacerdote misionero, me apunta que el jaspe, al igual que algunas otras piedras preciosas, tiene poderes exorcísticos, es decir, que espanta los malos espíritus.

Santa Hildegarda da la razón teológica para ello en el prologo del libro cuarto de la Physica y en algún otro pasaje más, pero la verdad es que efectivamente funciona así. Ya les contamos el caso del bebé de una vecina que estuvo llorfando sin parar todas las noches de sus primeros cuatro meses hasta que sus padres le pusieron un buen pedazo de jade debajo del colchón de la cunita. Santa Hildegarda dice que los malos espíritus inquietan el sueño de los bebés para turbar la paz y hacer perder la paciencia a los padres. Con el jaspe, los niños duermen como ceporros.

En fin, que hay mucho que estudiar y experimentar, y por eso es tan alentador que médicos españoles se ocupen de medicina hildegardiana. Estamos de enhorabuena.

José María Sánchez de Toca
Rafael Renedo Hijarrubia


Más sobre el jaspe en "El Libro de las Piedras que Curan" de Santa Hildegarda de Binguen. Libros Libres, 2012; así com o en www.hildegardiana.es
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