Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

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Mañana del 11 de octubre, en las costas de Garraf

por Jorge López Teulón

Asesinatos en las Costas de Garraf
Los asesinatos por las patrullas de la FAI durante los primeros meses de la guerra civil española en las costas de Garraf se realizaban en el “Pas de la Mala Dona”, que tiene un desnivel de 110 metros, en el acantilado sobre el mar. Unas veces los fusilaban allí y otras, para ahorrar munición, los despeñaban desde lo alto, muriendo ahogados en el mar.

Siervos de Dios y beatos... 
Siervos de Dios Hermano Atanasio (Luciano Aguado Martínez) y Hermano Sebastián (Simeón Arnáez Dueñas), ambos de la Congregación de los Hermanos Gabrielistas o Montfortianos. Pertenecían al Colegio de Valls (Tarragona). En los primeros días de la guerra tomaron un tren en dirección a Sant Viçens de Montalt (Barcelona), pero un miliciano los denunció, siendo detenido al llegar a la estación de Francia en Barcelona. El 14 de septiembre aparecían sus cadáveres en las costas de Garraf.
 
El Beato Eliseo García y García, religioso profeso de la Sociedad Don Bosco, había nacido el 25 de agosto de 1907, en El Manzano (Salamanca). Detenido junto al seglar Beato Alexandre Planas Saurí, salesiano cooperador, el Comité de Sant Vicenç dels Horts (Bacelona) les condujo “a las costas del Garraf, no muy lejos de la ciudad de Barcelona, donde los ejecutan”. Era la noche del 19 al 20 de noviembre de 1936. Sus nombres están incluidos en la Causa José Calasanz Marqués y 31 compañeros mártires. Fueron beatificados en Roma el 11 de marzo de 2001.


Otros muchos fueron asesinados en las costas de Garraf. La foto muestra el lugar exacto por donde eran arrojados al mar. Pero, ahora, hablemos del padre carmelita martirizado en el día de ayer.
 
Beato Pedro Tomás de la Virgen del Pilar
Pedro Tomás Fortón nació en Zaragoza el 26 de abril de 1888. Fueron sus padres don Joaquín María de Fortón Zazurca y doña Justa de Cascajares y Santa Pau; padres ejemplares que supieron educar a sus hijos en los principios de la vida cristiana y humana. A los 15 años sintió vocación a la vida consagrada. Pidió el ingreso en la Cartuja pero le fue denegado por falta de edad. Lo solicitó en el Carmelo donde fue admitido. Tomó el hábito de Carmelita en el Monasterio del Desierto de las Palmas el 12 de octubre de 1904. Un año más tarde ofrecía sus primeros votos. Fue el día de Santa Teresa, 15 de octubre de 1905.
Desde los principios de su vida religiosa quiso vivir la abnegación evangélica con toda la perfección. Se entregó a este quehacer, según el dicho de Santa Teresa, con determinada determinación. Así se lo propuso y ciertamente Dios lo probó concediéndole esta gracia aún en aquellos acontecimientos de su vida que hubieran supuesto una gloria triunfal. Hasta en su misma muerte quiso Dios probarlo en la más dura soledad. Tuvo cargos importantes en su vida. Fue superior, entre otros, de los conventos de Valencia y Zaragoza. En la dirección de almas fue también experto y delicado; exigente para él pero comprensivo para con los demás.
Al final de sus días, julio de 1936, predicó el novenario a la Santísima Virgen del Carmen en las Carmelitas Misioneras de Gracia, Barcelona. Terminado el novenario, accediendo a los deseos de su compañero de martirio P. Lucas de San José, Provincial de Cataluña, permaneció unos días más en Barcelona. Ocurrieron entonces allí los sucesos sangrientos que todos conocemos. Su suerte se unió a la de aquella comunidad mártir. Ya no pudo salir de allí y allí consiguió el martirio con el que Dios quería obsequiarle. Lo presentía.
Los primeros pasos del martirio los sufrió el 20 de julio de 1936.
Mientras era golpeado cruelmente, según relata un testigo presencial, exclamó:
-“Hijos míos; ¿qué os he hecho para que así me maltratéis?".
Es la misma queja que se escuchó a Jesús al ser maltratado en su pasión. Malherido fue trasladado al hospital de San Pablo donde consiguió recuperase algo de sus dolencias. El 10 de octubre, la víspera de ser dado de alta en el hospital, traicionado por un enfermero, fue detenido y llevado a las Costas de Garraf (Barcelona) y en el paso de la “Mala dona” lo arrojaron al mar. Allí entregó su sangre y su alma al Señor.

Su cuerpo, al igual que el de otros que fueron echados también al mar en el mismo lugar y en esos días, fue recogido por el salvamento de la Cruz Roja y enterrado en el cementerio de Sitges. Tenía 48 años. Luego su cuerpo fue trasladado al Panteón de los mártires en el Desierto de Las Palmas (Castellón). En la foto, su lápida sepulcral.

Fue Beatificado en Roma el 28 de octubre de 2007 junto a 497 mártires de la persecución religiosa española.
 
Para conocer la vida del Beato Pedro de la Virgen del Pilar podéis descargaros el nº 63 (noviembre-diciembre 2007) de la revista El Carmelo que editan los Carmelitas Descalzos de Aragón-Valencia.
Ante las soledades
 Dime Señor de las eternidades,
¿cómo podéis, en estas soledades,
estar tan escondido?
y presenciar ¡oh Sol de mis amores!,
la ingratitud de tantos pecadores
que huyen de este tu nido
 
Qué hacéis aquí, ¡Oh vida de mi vida!,
amando al hombre que de Vos se olvida
¡Cuánta es vuestra bondad!
pues que sufrir podéis de los mortales
injurias tantas, e impiedades tales.
¡Oh inmensa Caridad!
 
Cuando por adorarte Dios del alma,
en medio del silencio y de la calma
de una noche serena,
he querido acercarme a tus altares...
¡Oh cuán pronto se alivian los pesares
de que el alma está llena!
 
 
Al verme de los hombres olvidado
y de este mundo ya desengañado,
¡oh Fuente de mi vida!,
dirijo a tu sagrario la mirada
y mi vida se siente consolada
y en amores fundida.
 
Pero a pesar de ser vuestras bondades
para quien corresponde con maldades,
¿aún hay quien no te quiera?
así pagan ¡Dios mío! tus amores;
pues en lugar de amor te dan dolores
y ofensas por doquiera.
 
¡Qué solitario vives en tu templo
y ¡qué pobre y humilde te contemplo!
¿Eres tú el Dios del cielo?...
¿porqué pues te has escondido tanto,
que has cubierto tu gloria con un manto
y estás en nuestro suelo?
 
¡Oh dichosa madera que han formado
contigo el sagrario de mi Amado!
¡Qué envidia me das!,
pues llevas siempre en tu escondido seno
al Dios Omnipotente, al Dios pleno:
¿se puede pedir más?
 


Fray Pedro Tomás del Pilar, o.c.
21 de julio de 1914
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