El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, afirmó este viernes que en ocasiones se ejercen presiones para que “los padres no lleven a sus hijos a clases de religión”, "cuando el derecho (de los progenitores) a elegir una formación intelectual y espiritual acorde a las convicciones morales está recogido en la Constitución” y acusó a algunos medios de comunicación de llevar a cabo campañas contra esta asignatura.

Camino realizó estas declaraciones en una rueda de prensa tras la Asamblea Plenaria de la CEE, donde fue preguntado por la sentencia que obliga al Ministerio de Educación a que en cinco días restituya en su puesto a la profesora Resurrección Galera, que el obispado de Almería despidió por casarse con un divorciado.

A su juicio, “si hay un profesor que no tiene la cualificación para enseñar religión católica” no debería ocupar dicho cargo, puesto que “se está vulnerando” este derecho constitucional.

“Este es el fondo del debate”, señaló Martínez Camino, aunque “dudo de que los medios” lo transmitan, agregó.
El portavoz de la CEE lamentó el hecho que los medios interesados en difundir una campaña en contra de la asignatura de religión “son tan potentes”, y “luego hablan del poder de la Iglesia” y sobre “los poderes fácticos”, ironizó.

Según recordó, en los centros estatales el 70% de los padres eligen llevar a sus hijos a religión, y tienen que “repetir todos los años” esta intención.

El problema es cuando se les presiona para que no escojan dicha opción, “y ello es lo que nos tenía que preocupar”, declaró el portavoz.

En su opinión, hay determinadas fuerzas políticas y sociales que no quieren que los padres ejerzan su derecho, porque quieren imponer su ideología” a los más jóvenes.

“Estos son los que magnifican tres, cuatro o 20 casos de profesores conflictivos que pueden existir, entre los miles de profesores de religión” que hay en España, subrayó.
Con todo, señaló que el caso de Resurrección Galera deberá regirse por el derecho, y admitió no "estar contento" con el estatuto actual de las clases de religión y de su profesorado.