Cupón ONCE de la cofradía más antigua: «La Santa Caridad, actual porque Cristo sigue siendo actual»
El Mayordomo de Finados explica por qué Toledo necesita hoy la fe, la devoción y la acción de sus miembros.
Fernando Redondo Benito es el Mayordomo de Finados de la cofradía de la Santa Caridad de Toledo, la más antigua del mundo.
La Antigua, Ilustre y Real Cofradía de la Santa Caridad nació tras la reconquista de Toledo para dar sepultura cristiana a ajusticiados y pobres, aquellos de los que nadie se hacía cargo.
Nueve siglos después, y mientras la ONCE dedica el cupón del martes 31 de marzo a sus 940 años de historia, la Santa Caridad se prepara para salir en procesión este Martes Santo (31 de marzo de 2026), a las 21:30 horas, desde la iglesia de las Santas Justa y Rufina, recorriendo el casco histórico y pasando por la plaza de Zocodover.
El cupón de la ONCE que homenajea a la Cofradía de la Santa Caridad de Toledo.
Fernando Redondo Benito, Mayordomo de Finados, está convencido de que su vigencia no se apoya en la nostalgia, sino en el Evangelio vivo: "También el siglo XXI tiene sus ajusticiados, sus descartados y sus invisibles". Para él, la gran pregunta no es si la cofradía conserva una historia venerable, sino si deja que Cristo la atraviese hoy, bajando a las periferias donde esperan los pobres, los presos, los enfermos y los solos.
-Yo lo explicaría con una convicción muy sencilla, pero muy honda: la Santa Caridad sigue siendo actual porque Cristo sigue siendo actual. Y donde Cristo sigue siendo actual, también sigue siendo actual todo aquello que brota de su Evangelio: la misericordia, la compasión, la dignidad del pobre, la cercanía al herido, el cuidado del descartado y la decisión de no dejar a nadie fuera.
- Así salió el Martes Santo de 2025 la Cofradía de la Santa Caridad por las calles de Toledo.
»La cofradía nació para hacerse cargo de aquellos de quienes otros se desentendían, para ofrecer cristiana sepultura a ajusticiados y pobres, es decir, a quienes corrían el riesgo de morir sin recursos, sin amparo, sin nombre y sin memoria. Eso no pertenece a una página lejana del pasado. También el siglo XXI conoce sus ajusticiados, aunque a veces no lleven ese nombre: los descartados, los invisibles, los solos, los que cargan con una herida social, económica, afectiva o moral, los que viven a la intemperie por dentro o por fuera.
»Precisamente su antigüedad le da una autoridad singular para recordar una verdad que no envejece: una ciudad solo es verdaderamente humana cuando sabe arrodillarse ante el sufrimiento de sus hijos más débiles. La Santa Caridad sigue siendo necesaria porque Toledo sigue necesitando testigos de una fe que no se repliega ni se contenta con lo ceremonial, sino que baja al lugar donde Cristo nos espera en el pobre, en el preso, en el enfermo y en el que ha sido herido por la vida.
»Nosotros no conservamos solo una tradición venerable; custodiamos una llamada que tiene el rostro del Cristo del Evangelio, el Cristo que toca al leproso, que se deja rodear por quienes nadie quería cerca, que perdona, que busca, que levanta y que termina identificándose con el hambriento, el sediento, el desnudo, el enfermo y el encarcelado. Nuestra historia milenaria no se justifica por haber resistido nueve siglos largos, sino por seguir dejando que Cristo la atraviese y que su misericordia se haga visible, concreta y exigente en la Toledo de hoy.
-Lo primero que estamos afirmando es que la caridad no puede ser en una cofradía un apéndice decorativo, ni un gesto complementario. Para una cofradía nacida del Evangelio, la caridad es una consecuencia inevitable del encuentro con Cristo: quien contempla de verdad a Cristo y le acompaña en su Pasión no puede cerrar el corazón ante el sufrimiento del hermano.
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»Por eso hablamos de caridad cofrade, entendida como dejarnos configurar por el modo de amar de Cristo y construir una cofradía “en salida”, cuyos hermanos compartan una responsabilidad concreta ante el dolor del mundo. En este horizonte, tiene una importancia extraordinaria que este año volvamos a contar con 16 internos del Centro Penitenciario Ocaña I en nuestra estación de penitencia. No es una iniciativa periférica ni sentimental: es tomarnos muy en serio que el encarcelado es lugar de encuentro con el Señor y que también en la cárcel late una humanidad herida y una posibilidad real de esperanza.
»A esto se suma el proyecto Luz entre muros, que desarrollamos en Ocaña I. Nace de la convicción de que el arte puede ser lugar de encuentro, interioridad, diálogo, reconciliación y apertura a la esperanza, especialmente en un contexto penitenciario. La futura visita al Museo del Prado expresa que la belleza y la contemplación no son patrimonio de unos pocos, sino cauces para que cualquier persona pueda reencontrarse con su propia dignidad.
»Junto a ello, fortalecemos la colaboración con Cáritas Diocesana de Toledo, porque creemos en una caridad organizada, perseverante y eclesialmente articulada, sin olvidar nunca que la organización no puede devorar el rostro. Queremos una Santa Caridad que rece más, que sirva más, que escuche más y que se comprometa más: menos autorreferencial y más evangélica, menos preocupada por ser admirada y más decidida a ser fecunda.
-Para mí significa, ante todo, una ocasión de gracia y una llamada a la responsabilidad. Que la ONCE lleve por toda España los 940 años de la Santa Caridad no es solo una difusión amplia de una efeméride relevante. Es una oportunidad para que muchos se pregunten qué hay detrás de este nombre, qué historia de misericordia lo sostiene y qué misión sigue cumpliendo hoy una cofradía nacida en Toledo en 1085.
»Hay una sintonía profunda entre lo que la ONCE representa y lo que la Santa Caridad está llamada a encarnar. La ONCE habla de inclusión, dignidad y participación, y la Santa Caridad lleva dentro, desde su origen, la intuición evangélica de que nadie debe quedar al margen de la compasión de Cristo. Esta visibilidad nos sitúa ante España no solo como una cofradía antigua, sino como una hermandad que quiere decir algo esencial sobre la dignidad humana desde el Evangelio.
»Cuando el nombre de la Santa Caridad aparece multiplicado en millones de cupones, deja de pertenecernos solo a nosotros y se convierte en una palabra ofrecida al conjunto de la sociedad. Eso nos obliga a evitar toda complacencia: detrás de ese nombre tiene que haber vida cristiana real, obras, espiritualidad encarnada y una caridad verificable en el servicio. Evangelizar desde la tradición cofrade significa mostrar que detrás de una estación de penitencia hay una antropología y una teología, que detrás de una imagen hay una llamada y que detrás de una túnica hay un compromiso concreto de seguimiento de Cristo y de servicio a los más vulnerables.
-Creo que una cofradía verdaderamente evangelizadora tiene que empezar por una conversión interior: dejar de hablar tanto de sí misma para hablar más de Cristo, dejar de preocuparse solo por su continuidad para entregarse de verdad a su misión, y dejar de medir su salud por la brillantez de sus actos para medirla por su capacidad de transparentar el Evangelio. Si Cristo no está en el centro, puede haber actividad y prestigio, pero no habrá verdadera fecundidad cristiana.
»Tiene que ser cristocéntrica de manera radical, rezar desde Cristo, formarse desde Cristo y mirar la ciudad y a los pobres desde Cristo. El culto ha de ser escuela de adoración que desemboca en caridad, la fraternidad, comunión nacida del Señor, y la misión, consecuencia natural del Evangelio. De ahí la importancia de una caridad organizada en comunión con Cáritas, capaz de responder con continuidad a las heridas del presente sin volverse impersonal ni fría.
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»Además, una cofradía evangelizadora debe ser inclusiva en el sentido más exigente: capaz de abrir espacio a quienes llegan con preguntas, fragilidades e historias rotas. Y, muy especialmente, debe tomar en serio a los jóvenes. A los jóvenes toledanos no hay que ofrecerles una cofradía cómoda o rutinaria, sino una misión grande, con responsabilidades reales, vida sacramental sólida, caridad concreta, fraternidad exigente y una experiencia litúrgica con densidad.
»Sueño con una Santa Caridad en la que los jóvenes sean protagonistas presentes, corresponsables y fuerza evangelizadora, y en la que no rebajemos nunca la medida de Cristo. Una fraternidad de altar y de calle, de contemplación y compromiso, de tradición y anuncio. Solo así la Santa Caridad seguirá siendo en Toledo lo que está llamada a ser: una forma visible de la misericordia de Cristo y una casa abierta para los heridos del mundo.