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El liturgista Nicola Bux augura que «ya está en marcha la "reforma de la reforma"» de Benedicto XVI

Consiste en redescubrir lo sagrado y la primacía de Dios. Pone un ejemplo: sacerdotes que aprenden la misa tradicional celebran mejor la nueva.

Benedicto XVI bendice con el Santísimo durante una celebración de Corpus Christi.

Benedicto XVI bendice con el Santísimo durante una celebración de Corpus Christi.

Helena Faccia
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El legado de Joseph Ratzinger sigue vivo cuando ya han transcurrido tres años desde su muerte. Es el caso de su propuesta de una "reforma de la reforma" basada en el redescubrimiento de lo sagrado en los corazones que reconocen la primacía de Dios.

Así lo entiende monseñor Nicola Bux, teólogo y consultor de la Congregación para el Culto Divino durante el pontificado de  Benedicto XVI, a quien entrevistó Stefano Chiappalone en La Nuova Bussola Quotidiana:

-Monseñor Bux, cuando se habla de Benedicto XVI es casi inevitable hablar de liturgia. ¿Por qué es tan importante en su obra y en su espiritualidad?

-Algunos liturgistas, indiferentes al fundamento dogmático de la sagrada liturgia, no reconocían la competencia de Ratzinger en la materia. Sin embargo, en sus escritos se puede observar cómo, bajo la crítica de la liturgia moderna, subyace una teología fundamental y dogmática meditada y coherente, que incluye la eclesiología y el ecumenismo. 

»La cuestión es que las críticas mencionadas se ven invalidadas por la convicción, no siempre declarada, de que la liturgia es competencia exclusiva del hombre. Una vez convertido en Papa, con el motu proprio Summorum Pontificum y con la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, mostró la necesidad de reinterpretar la liturgia como el acto que expresa la primacía que hay que dar a Dios

»Una de sus afirmaciones fundamentales ("en la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero ninguna ruptura; lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también sigue siendo sagrado y grande para nosotros") es una advertencia a unos y otros para que recuperen el equilibrio. Benedicto había observado que la forma extraordinaria del rito romano suscitaba fuerzas vivas y vocaciones, por lo que se esforzó en demostrar su valor histórico, teológico y pastoral para la paz y la unidad de la Iglesia. Este es el primer signo de la santidad de Joseph Ratzinger.

-¿En qué sentido podemos (al menos por ahora) entender esta santidad?

-Sanctus, en su etimología latina, significa "separado del mundo", no sometido a la mentalidad del siglo presente, como recuerda el Apóstol. Y Benedicto no temió, durante su vida, a quienes lo acusaban de haber sido progresista y luego restaurador: tuvo un pensamiento atento a la verdad e independiente de las modas, hasta el punto de denunciar la dictadura del relativismo

»Su muerte provocó un endurecimiento y una aceleración de una determinada "agenda" dentro de la Iglesia, que habría implicado la prohibición de la liturgia en Vetus Ordo. Pero los pensamientos de Dios no son los de los hombres: estos no pueden hacer nada si una obra viene de Dios. Está ocurriendo que muchos sacerdotes, en todo el mundo, a pesar de las restricciones, al celebrar la misa en Vetus Ordo, aprenden a celebrar con devoción y orden la Misa ordinaria. Por tanto, ya está en marcha la "reforma de la reforma", deseada por Joseph Ratzinger.

-Entonces ¿la propuesta de Ratzinger de una "reforma de la reforma" no se ha archivado?

-La renuncia de Benedicto XVI ha llevado a muchos a preguntarse si la "reforma de la reforma" no habría ya llegado a su fin. En realidad, la publicación del volumen 11 de su Opera omnia - Teología de la liturgia, no cierra, sino que amplía de manera irreversible el debate sobre la reforma litúrgica y su aplicación. Como teólogo y cardenal, se había referido a las liturgias actuales como "una danza vacía alrededor del becerro de oro que somos nosotros mismos". 

»Lo volvió a proponer en la meditación del Vía Crucis de la Semana Santa de 2005. Tres semanas después fue elegido pontífice. ¡Una señal! Pero, al respecto, ya se había pronunciado: "Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy depende en gran parte del colapso de la liturgia, que a veces se concibe incluso etsi Deus non daretur: como si en ella ya no importara si Dios existe, si nos habla y nos escucha" (Mi vida). 

»Como Papa, no parece que haya podido o querido forzar los tiempos; por otra parte, nunca ocultó su convicción de que los continuos cambios, incluso los que suponen un retroceso hacia la forma tradicional de hacer las cosas, pueden resultar realmente destructivos.

-En la práctica, ¿un redescubrimiento paciente en lugar de la enésima revolución?

-Joseph Ratzinger participó en el movimiento litúrgico, tal y como lo entendían [Romano] Guardini y otras mentes de esa generación, pero, como experto en el Concilio, lamentó la retórica de la impaciencia y el descrédito que ponía más de relieve los problemas de la liturgia que sus logros. Por eso no pretendía un cambio fundamental, sino una restauración cuidadosa. En cambio, se encontró ante una revolución litúrgica que acabó con el latín y, con él, con mil años de música litúrgica

»Y se produjeron otros cambios que le parecieron un malentendido subyacente de la naturaleza de la liturgia: en particular, las fórmulas de oración improvisadas y la posición del sacerdote "de cara al pueblo" durante la misa, que distaba mucho de ser una introducción al Misterio.

-La liturgia [fue] también uno de los temas del orden del día en el consistorio extraordinario convocado por León XIV para los días 7 y 8 de enero. ¿Cuánto pesará la herencia de Joseph Ratzinger para volver a orientar el "debate" e ir más allá de las polarizaciones humanas?

-El legado de Benedicto XVI consiste en el hecho de que el cuarto punto del orden del día del consistorio ("La reflexión histórica, teológica y pastoral sobre la liturgia para conservar la sana tradición y abrir, aun así, el camino al progreso legítimo") no puede prescindir de la naturaleza de la liturgia, es decir, que se refiere a la relación con Dios o lo sagrado, que renace constantemente en los corazones, impulsando la "reforma en la continuidad del único sujeto Iglesia", como afirmó el 22 de diciembre de 2005 en su famoso discurso a la Curia Romana. Benedicto XVI, con Summorum Pontificum, no solo quería resolver la cuestión jurídica del antiguo misal romano, sino plantear la cuestión de la esencia misma de la liturgia y su lugar en la Iglesia. Lo que está en juego es la primacía de Dios, y por tanto la fe: de ello depende la verdadera renovación de la liturgia, que es a su vez la condición fundamental para la renovación de la Iglesia.

-Entonces ¿no hay auténtica reforma sin conversión?

-A la pregunta referida a por dónde empezar la "reforma de la reforma", Ratzinger respondió: por la presencia de lo sagrado en los corazones, por la liturgia y su misterio

»Porque siempre nos encontramos ante el exceso del misterio: 

  • "La liturgia que ha perdido su carácter de misterio y su dimensión cósmica acaba por operar no una reforma, sino una deformación de la liturgia". 

»Afirmaba que: 

  • "En el trasfondo de todas las controversias, ha surgido un profundo desacuerdo sobre la esencia de la celebración litúrgica (...). Los conceptos dominantes de la nueva visión de la liturgia pueden resumirse en las palabras clave 'creatividad', 'libertad', 'fiesta', 'comunidad'. Desde este punto de vista, 'rito', 'obligación', 'interioridad' y 'orden de la Iglesia universal' aparecen como conceptos negativos, que describen la situación de la 'antigua' liturgia que hay que superar". 

»Así, recuerda a San Cipriano, quien afirmaba: 

  • "Las palabras y la postura de la oración van acompañadas de una disciplina que incluye calma y profundo respeto. Debemos recordar que estamos bajo la mirada de Dios".
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