Religión en Libertad

El padre Flanagan de la Ciudad de los Muchachos, la Madre Belén y Henri Caffarel: virtudes heroicas

Una religiosa andaluza, una misionera que vio a la Virgen de Niña y un alcalde honrado de origen humilde, entre los nuevos Venerables reconocidos por León XIV.

El padre Flanagan con los chicos de la Ciudad de los Muchachos, la Iglesia reconoce ya su virtud en grado heroico

El padre Flanagan con los chicos de la Ciudad de los Muchachos, la Iglesia reconoce ya su virtud en grado heroicoboys town

Pablo J. Ginés
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El Papa León XIV ha firmado, en reunión con el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, los decretos que reconocen las virtudes en grado heroico de un alcalde italiano, una religiosa andaluza, una misionera en Guatemala que vio a la Virgen de niña y dos sacerdotes muy conocidos, el padre Flanagan, fundador de la Ciudad de los Muchachos en Nebraska (que inspiró la famosa película con Spencer Tracy) y el padre Henri Caffarel, impulsor de los Equipos de Nuestra Señora, presentes en 90 países.

Además, por la vía de la entrega de vida, se reconoce la virtud del cardenal Ludovico Altieri, que murió cuidando enfermos en una epidemia de la que muchos huían.

La niña que vio a la Virgen en Polonia y fue misionera en Guatemala

Bárbara Stanislawa Samulowska, conocida en religión como Sor Stanislava Samulowska, nació en 1865 en Polonia. Con solo 12 años, en 1877, fue una de las dos niñas que afirmaron haber visto a la Virgen María en Gietrzwald, apariciones marianas oficialmente reconocidas por la Iglesia polaca.

Tras la muerte de su madre, y en medio de la persecución prusiana contra los católicos, Bárbara y su amiga Justina fueron acogidas por las Hijas de la Caridad. Con 19 años, ingresó formalmente en la congregación y fue enviada a la Casa Madre de París, donde vivió once años de formación y servicio. Rezó en los mismos lugares donde Santa Catalina Labouré había recibido las visiones de la Medalla Milagrosa. Allí creció su devoción mariana y su sentido de misión.

A finales del siglo XIX llegó a Guatemala, en una época de tensiones anticlericales en el país. Ella formaba a las nuevas novicias, y luego trabajó en el Hospital General de Guatemala con pobres, mujeres abandonadas y niños sin recursos. En la precariedad y las epidemias, muchos acudían a ella. Cuando otros sanitarios huían o cerraban, ella cuidaba a todos. A veces el Gobierno expulsaba a las Hijas de la Caridad, pero encontraban formas de demorarse y mantener el servicio a los pobres. Sor Stanislava Samulowska murió en 1950 en Guatemala, tras más de 50 años de servicio misionero.

Una religiosa andaluza cercana y serena

Madre Belén (1916-1977), conocida en Andalucía, Brasil y entre las religiosas Esclavas del Divino Corazón, nació en una familia acomodada de Sevilla en 1916, con el nombre de María Dolores Romero Algarín. Su madre murió siendo ella muy niña, y fue criada por su abuela, muy devota.

Dolores Romero Algarín, Madre Belén, de las Esclavas del Divino Corazón, ve reconocidas sus virtudes en grado heroico

Dolores Romero Algarín, Madre Belén, de las Esclavas del Divino Corazón, ve reconocidas sus virtudes en grado heroico

A los 21 años entró en las Esclavas del Divino Corazón, fundadas por el cardenal Spínola, que desde 1885 trabajan en la educación y promoción de las niñas y jóvenes, especialmente de las clases populares.

Trabajó con generosidad y disponibilidad en comunidades urbanas humildes (en Aracena, Linares, el Cerro del Águila, Valdezorras) y en las misiones brasileñas de Goia y Volta Redonda. Llegó a ser consejera general, y superiora regional de España-Norte. Se la veía como una líder humilde, capaz de escuchar, de fortaleza serena, trato cercano y alegría contagiosa. Su oración constante y entrega cercana la unían a los más necesitados.

Hoy las Esclavas del Divino Corazón son unas 300, y trabajan en 9 países, evangelizando según el carisma de sus fundadores, Marcelo Spínola y Celia Méndez.

El sacerdote que creó la Ciudad de los Muchachos

Edward Joseph Flanagan nació en 1886 en Irlanda y llegó a Estados Unidos con 18 años. Estudió en varios seminarios norteamericanos y terminó sus estudios en la Universidad Gregoriana de Roma y en la Universidad de Innsbruck, donde fue ordenado sacerdote en 1912. En Omaha, Nebraska, en 1917, con apenas 90 dólares prestados, fundó una casa para hombres desempleados y, poco después, una residencia para niños sin hogar. Aquella iniciativa creció hasta convertirse en la Ciudad de los Muchachos (Boys Town, en inglés), toda una comunidad autosuficiente dedicada a la educación y rehabilitación de menores.

Lo que decía el padre Flanagan sonaba cándido e inocentón en su época: decía que “no hay chicos malos”, que los jóvenes sólo necesitaban oportunidades, afecto, un entorno justo y gente que apostara por ellos, con confianza, responsabilidad y autogestión. En una época en que el maltrato era habitual en los correccionales e incluso en las escuelas de élite anglosajonas, él evitaba los castigos físicos.

En 1938 alcanzó una difusión enorme la película “Boys Town” (en español Forja de hombres), inspirada en su vida, protagonizada de manera memorable por Spencer Tracy y Mickey Rooney. La Ciudad de los Muchachos llegó a acoger a cientos de niños y su modelo se replicó en otros países. Aún funciona Boys Town en Nebraska. 

(Bajo estas líneas, el tráiler original de 1938 de Forja de Hombres o La Ciudad de los Muchachos).

Flanagan falleció en 1948 en Berlín, ciudad destrozada por la guerra mundial, donde había acudido para asesorar el trabajo con huérfanos de guerra. Su figura sigue siendo estudiada y reconocida, en la Iglesia y fuera de ella.

El cura fundador de Equipos de Nuestra Señora: espiritualidad matrimonial

Henri Auguste Caffarel (1903-1996) nació en una familia devota de Lyon, estudió con los maristas y sintió su llamada al sacerdocio tras una intensa experiencia espiritual en 1923, que él describió como "un descubrimiento personal de Cristo". Fue ordenado sacerdote en París en 1930. Empezó trabajando con la Juventud Obrera Católica y Acción Católica en los medios de comunicación. Entre 1936 y 1939, se centró en dirigir retiros espirituales para estudiantes, y empezó a explorar la espiritualidad del matrimonio cristiano, tema que en esa época se trataba poco.

En 1939, junto con cuatro matrimonios, fundó los Equipos de Nuestra Señora (Équipes de Notre Dame) para acompañar a los matrimonios cristianos. Lo novedoso de su propuesta era que insistía en que la pareja era un núcleo espiritual: oración conyugal, diálogo profundo y matrimonios que se apoyaran unos a otros. Como director espiritual y escritor, animaba a la oración contemplativa entre laicos. Creó una casa de retiros que se convirtió en un centro de referencia, en Troussures, donde moriría con 93 años. Equipos de Nuestra Señora sigue activo con miles de matrimonios en 90 países.

Un alcalde humilde, de Acción Católica, que admiró a todos

Giuseppe Castagnetti (1909-1965) nació en una familia humilde de queseros y casi no fue a la escuela. A los 30 años se casó con Giovannina Sghedoni: tuvieron 12 hijos, dos murieron poco después de nacer. Fue laico terciario franciscano, con una espiritualidad de austeridad, fraternidad y acogida, de misa diaria.

También participó activamente en la Acción Católica, en iniciativas parroquiales y en obras de caridad locales. En la pobreza de la Italia de posguerra, fue elegido alcalde de su pueblo durante 14 años. Impulsó caminos rurales, servicios básicos, mejoras agrícolas y estructuras comunitarias en una zona montañosa aislada. Todos lo describen como un hombre “sin estudios, pero con un enorme sentido común, honestidad y sensibilidad”. Como político local, padre de familia y laico comprometido en el mundo, la Iglesia lo puede ofrecer como ejemplo.

Un cardenal que murió cuidando enfermos en pandemia

Ludovico Altieri nació en 1805 en Roma en una familia noble al servicio de la Santa Sede. Fue nuncio en Austria y cardenal desde 1840, Prefecto de la Congregación del Índice, Camarlengo de la Iglesia y desde 1860 obispo de Albano, cerca de Roma, zona pobre donde abundaban los brotes epidémicos. En 1867, una epidemia (fiebre tifoidea dicen los cronistas) hizo huir a muchos sanitarios y autoridades, pero Altieri se quedó a atender personalmente a los enfermos, organizar la ayuda y visitar casas y hospitales.

Asumía el riesgo de contagiarse... y de hecho se contagió y murió, con 62 años. Todos entendieron que murió por su generosidad al arriesgarse con los enfermos. La Iglesia trabaja su posible beatificación por la vía del "ofrecimiento de vida", al entregarse asumiendo un riesgo mortal que finalmente le quitó la vida.

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