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«El abrazo del siglo»: Olegario, el sacerdote de 99 años que conmovió a León XIV en Canarias

Sus sobrinas prepararon con esmero su atuendo, y el personal del hogar sacerdotal se encargó de que todo estuviera listo.

Al finalizar el acto, un miembro de la seguridad papal indicó que podían acercarse a saludar al Pontífice.

Al finalizar el acto, un miembro de la seguridad papal indicó que podían acercarse a saludar al Pontífice.LP

Redacción REL
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Canarias continúa viviendo días de gratitud y emoción tras la reciente visita de León XIV. Entre los miles de fieles que participaron en los distintos actos, una historia ha brillado con especial intensidad: la del sacerdote más anciano de la diócesis, D. Olegario, de 99 años y con 75 de ministerio sacerdotal, cuyo encuentro con el Papa se ha convertido en uno de los momentos más conmovedores de la visita. La Provincia cuenta su historia.

Durante meses, D. Olegario —o "D. Ole", como cariñosamente lo llaman— repetía cada mañana, al abrir sus ojos azules, un deseo sencillo y profundo: "Que estos días venga el Papa". A sus casi cien años, vive una etapa marcada por la oración, la fidelidad a la Liturgia de las Horas —que reza desde su tablet— y un amor entrañable por sus hermanos sacerdotes, por quienes pregunta y reza cada día. Su memoria para recordar a los enfermos y a los difuntos de la diócesis sigue sorprendiendo a quienes lo rodean.

No apartó la mirada

El día del encuentro llegó con una mezcla de ilusión y ternura. Sus sobrinas prepararon con esmero su atuendo, y el personal del hogar sacerdotal se encargó de que todo estuviera listo para que pudiera acudir a la catedral. La emoción era palpable: D. Ole no cabía en sí de alegría mientras se dirigía, junto a otros sacerdotes del hogar, hacia el templo donde tendría lugar el encuentro con el Papa.

La Providencia quiso que pudiera situarse en primera fila. A su lado, un sacerdote que lo acompaña habitualmente agradeció el gesto de quienes facilitaron una silla para permanecer junto a él durante toda la celebración. Desde ese momento, D. Olegario no apartó la mirada del Santo Padre.

Al finalizar el acto, un miembro de la seguridad papal indicó que podían acercarse a saludar al Pontífice, ya que D. Olegario contaba con un pase especial. Sin embargo, antes de que llegara su turno, otro sacerdote, D. Eugenio Peñate, se adelantó y comenzó a hablar con el Papa con su característica voz potente, fruto de sus dificultades auditivas.

Finalmente, llegó el momento. El Papa León XIV se acercó a D. Olegario mientras el obispo de la diócesis le explicaba quién era. El sacerdote que acompañaba a D. Ole aprovechó un instante en que el Pontífice lo miró para añadir en voz alta: "Es D. Olegario, el sacerdote más anciano, con 99 años y 75 de ordenación".

El Papa tomó entonces las manos del anciano sacerdote con fuerza y cercanía. Fue entonces cuando el acompañante añadió: "Su Santidad, él lleva mucho tiempo esperándole ilusionado y le gustaría poder abrazarle". Sin dudarlo, el Papa se inclinó y le dio un abrazo largo, cálido y profundamente humano. Después, le permitió besar el anillo.

De regreso al hogar sacerdotal, ya en su cama, D. Olegario miró a su acompañante con una emoción difícil de describir y le dio las gracias. La respuesta fue inmediata: "Va, D. Ole, si le tengo que dar las gracias yo a usted por haberme dado la oportunidad de saludar al Papa". Ambos rompieron a llorar.

La jornada no terminó ahí. Por la tarde, en el estadio donde se celebraría la Misa, el papa saludó uno a uno a los sacerdotes y voluntarios que servirían en la liturgia. Entre ellos se encontraba el mismo sacerdote que había acompañado a D. Olegario por la mañana. Al tener al Pontífice delante, le dijo: "Su Santidad, muchísimas gracias por el abrazo de padre y hermano con D. Olegario esta mañana en la catedral". El Papa lo miró con emoción, asintió y le apretó las manos con afecto.

Al finalizar la Misa, mientras el Papa se dirigía hacia la salida, los presentes en la zona reservada lo saludaron a través del cristal. El Santo Padre se volvió y les devolvió el gesto con la mano. Pero el momento más inesperado llegó cuando, ya sobre el césped y con medio cuerpo fuera del coche, un grupo comenzó a cantar: "¡Papa León, le queremos un montón!". El Pontífice se detuvo, miró directamente hacia ellos y regaló una sonrisa y una mirada de padre complaciente que muchos describen como inolvidable.

Para la Diócesis de Canarias, la visita del Papa León XIV ha dejado una huella profunda. Pero para quienes vivieron de cerca el encuentro entre el Santo Padre y D. Olegario, la jornada ha sido un testimonio vivo de ternura, cercanía y paternidad espiritual.

"Este encuentro nos ha dejado el recuerdo sonoro de una paternidad afectiva fuerte, natural y reconciliador"”, explican desde la diócesis. "Acercarse al Papa sin miedo, con naturalidad, ha sido una gracia inmensa".

La comunidad canaria sigue dando gracias por estos días de bendición, convencida de que la mirada del Papa, su abrazo y su presencia han renovado la esperanza de muchos. Y, sobre todo, han regalado a un sacerdote de casi cien años la alegría de un sueño cumplido.

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