Sobre la eutanasia, Francesca responde a Noelia: «Yo era igual que ella, pero ahora amo la vida»
Una joven italiana que tuvo los mismos sentimientos y actitudes que la española denuncia el permiso de matarse que ésta tuvo.

Francesca Leoncino, una joven que tuvo sufrimientos y sentimientos similares a los de Noelia Castillo.
Francesca, como Noelia Castillo, ha tenido una vida difícil. Ella también quería morir, ella también se quedó en silla de ruedas. Pero en su perfil de Instagram dice: "Por suerte, aquí no es legal, porque luego cambié de opinión".
Raffaella Frullone recoge su testimonio en Il Timone:
"Yo sigo aquí, pero Noelia no. Y eso me entristece mucho. Los 'derechos' deberían proteger, salvaguardar y favorecer los caminos adecuados para recuperar el equilibrio, además de alentarlos".
El pie de foto aparece en un perfil de Instagram que no te esperas: no es de ProVita e Famiglia [Provida y Familia], ni de Sentinelle in Piedi, [Centinelas en Pie, grupo provida], ni de algún católico provida, sino de Francesca Leoncino, 63.000 seguidores, educadora y pedagoga, que en su perfil habla de salud mental, de renacer tras el coma, de la alegría de vivir y de revivir. Sale junto a Leoncino, su perro labrador color chocolate, que a su vez vive una situación especial, ya que padece displasia.

Francy, con Leoncino, su perro enfermo, al que llama como su apellido, nombre de moto potente y también de significado 'leoncito'.
Pocos días después de la muerte de Noelia Castillo Ramos, fallecida mediante eutanasia -que solicitó y obtuvo debido a su grave depresión-, Francesca, de 34 años y natural de Milán, decidió publicar un reel titulado "El suicidio no es un derecho. Noelia debía ser protegida", un título acompañado de un emoticono, un corazón roto, para expresar la desolación ante una vida truncada de forma injusta, y que además se presenta como un derecho.
En el vídeo, Francesca habla con calma, sonríe, pero es una sonrisa amarga, dolorida.

Francy Leoncino, en una captura de su vídeo sobre Noelia.
Sus palabras salen directamente del corazón y son como una navaja:
- "A los 17 años decidí poner fin a mi vida y casi lo conseguí; acabé en coma y me desperté con una discapacidad. Noelia, la joven española de 25 años a la que se le concedió la eutanasia y que murió hace dos días, había intentado acabar con su vida exactamente de la misma manera que lo intenté yo, la más eficaz, y se quedó en silla de ruedas como yo. Y sufría dolor crónico, como yo".
- "Y antes había sufrido muchas cosas horribles que destruyeron su equilibrio, igual que a mí. Pero Noelia no tenía ninguna culpa de todo esto, porque quien padece un trastorno de la personalidad y problemas psiquiátricos no está en pleno uso de sus facultades y no puede ser considerada, ni por el Estado ni por el mundo de los adultos, como una persona que sufre de forma irreversible. Una joven discapacitada de 25 años con problemas psiquiátricos puede y debe ser protegida, no complacida. Cuando desperté del coma con una discapacidad, estaba muy feliz de seguir viva, pero luego me di cuenta de que mi cuerpo tenía una lesión permanente y ya no era para nada feliz. Como que hubiera querido poner fin a mi sufrimiento, incluso lo intenté".
- "Cuatro años después del intento de suicidio de Noelia, solo cuatro años después, se le ha concedido la eutanasia. Si a mí también me hubieran concedido esa posibilidad, ya no estaría aquí. El Estado español, tal y como yo lo veo, no es el defensor de los derechos, solo le interesa no pagar una pensión por invalidez permanente. Pero Noelia sí que habría enriquecido el mundo; solo hacía falta que pasaran unos años más, se habría hecho mayor, habría crecido, habría cambiado, habría tenido una vida interesante, aunque estuviera en silla de ruedas, como yo. Noelia no tiene la culpa, pero un Estado que decide no proteger a personas jóvenes y frágiles como Noelia la empujó desde el quinto piso otra vez, aunque esta vez para siempre".
Mientras el mundo ignora esta muerte y la mayoría de los medios de comunicación la pasan por alto, como si quisieran confirmar que la vida de Noelia no tiene nada que decir a nadie, Francesca es una de las pocas voces que se atreven a devolver la dignidad a una historia que pocos quieren contar y aún menos quieren escuchar. Mejor no darle muchas vueltas; al fin y al cabo, tenía que ser así, hasta que la vida que no cuenta se convierte en la de cada uno de nosotros...