Misa hermosísima en la Sagrada Familia: cruz, Cristo, conversión... León XIV fue a lo esencial

León XIV en la Sagrada Familia de Barcelona, a los cien años de la muerte de Gaudí
La misa en la Sagrada Familia iba a ser, y fue, el punto álgido de la visita de León XIV a Barcelona, empezando por su trayecto por las calles en papamóvil (acompañado del cardenal Omella) y la gente que se agolpaba para ovacionarle, con los habituales cánticos de "viva el Papa", "esta es la juventud del Papa", "sí, sí, sí, el Papa ya está aquí" y "Papa León, te queremos un montón".
Los que temían que Barcelona no pudiera reunir multitudes al paso del vehículo pontificio se equivocaron: las aceras del Ensanche barcelonés estaban a reventar. Junto a las vallas abundaban los padres que alzaban bebés (a menudo asustados, comprensiblemente), con la esperanza de que su niño fuera uno de los que se detenía a bendecir.
Las autoridades civiles "alzan la mirada"
Mientras tanto, llegaba a la Sagrada Familia el presidente Pedro Sánchez, con su esposa Begoña Gómez, saludaba a otras autoridades (como la socialista Francina Armengol, presidenta del Congreso)... y, como empujado por la magia divina de Gaudí, "alzó la mirada" para contemplar la impresionante fachada de la Pasión de la Sagrada Familia, austera, como de huesos, y la torre de Jesús, que convierten a esta iglesia en la más alta de la Cristiandad hoy.
Después llegaron el Rey Felipe VI y la Reina Letizia. También ellos tuvieron que "alzar la mirada" para contemplar el edificio, que la realización televisiva mostraba en un impresionante contrapicado.
Les recibía Esteve Camps, presidente de la Junta Constructora de la Sagrada Familia, y Jordi Faulí, el arquitecto principal. También estaban las autoridades civiles catalanas, el presidente autonómico Salvador Illa (del Partido Socialista, era ministro de Sanidad mientras se impulsaba la ley de eutanasia), Josep Rull (presidente del parlamento autonómico, de Junts; pasó 3 años encarcelado por los hechos del 1 de Octubre, fue indultado en 2021 por Pedro Sánchez), y el alcalde Jaume Collboni (socialista y activista gay, estos días llena la ciudad de propaganda del Orgullo Gay).
La niña ciega: palpar la Torre de Jesús en maqueta
Cuando llegó el Papa con el cardenal Omella, fue recibido por los Reyes y Pedro Sánchez. Luego, una niña llamada Valentina, ciega, les explicó la estructura de la Torre de Jesús palpándola. Detalló que Gaudí utilizó cristales de botellas de vino para decorar los escudos (símbolo eucarístico). Explicó que la torre tenía 8 lados y aristas, con una cruz de cuatro brazos, y un quinto apuntando al cielo. La cruz incluye unos miradores, cristales desde los que puede mirar la ciudad quien suba a lo más alto. La luz que puede salir desde dentro es un "paraguas de luz" símbolo de la protección de Dios. La maqueta, desarrollada por la ONCE, permite a los ciegos palpar su estructura. La niña se emocionó cuando el Papa le dio un rosario: "Gracias, lo guardaré para siempre". Es difícil no emocionarse con la escena y no pensar que si una niña ciega entiende la torre, todos podríamos dedicarle un rato a ello.
La tumba de Gaudí
Después el Papa entró a visitar la Capilla del Santísimo, quedando el séquito civil fuera. El párroco del templo, Josep Maria Turull, les guió hacia la cripta neogótica donde está la tumba del Venerable Antonio Gaudí: con virtudes heróicas reconocidas por la Iglesia, sólo falta un milagro atribuible a él para beatificarlo. El Papa saludó a los miembros del patronato de la Sagrada Familia. En la cripta es donde la parroquia suele celebrar sus misas habituales. En la capilla del Santísimo, el Pontífice se arrodilló para rezar brevemente. Después pasó a orar ante la tumba de Gaudí ("Antonius Gaudí Cornet", dice la lápida), bajo una imagen dulce de la Virgen del Carmen. Allí encendió una vela. Después el Papa y los clérigos pasaron a la sacristía a revestirse mientars las autoridades civiles entraban en la nave del templo. Los Reyes avanzaron hacia el altar entre aplausos, se inclinaron ante Él y se sentaron cerca del ambón.
La misa que se celebró marca el inicio de los festejos por el centenario de la muerte de Gaudí.
La ciudad santa es la que baja del Cielo
El Kyrie se cantó en griego. El Gloria, en latín. La primera lectura era la visión de Juan en Apocalipsis de la ciudad santa que bajaba del cielo, lugar para encontrar a Dios. "Ya no habrá muerte ni duelo, las cosas antiguas han pasado", proclama la profecía. Y la proclamación: "Yo soy el Alfa y el Omega". La antífona del aleluya, cantada por una niña, insistió: "Yo soy la luz del mundo". Los coros, la música instrumental (mucho viento madera y metal) y el órgano lo acompañaban todo.
El Evangelio lo leyó en castellano un diácono de acento catalán. La lectura era fuerte, dura. "Si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados", advierte Jesús.
Homilía de equilibrio meditado: ir a lo esencial
La homilía fue un encaje de orfebrería exquisito en su equilibrio en el eje identitario: dos veces mencionó Cataluña y otras dos España o el pueblo español. "En esta tarde de fiesta para toda la ciudad de Barcelona y el pueblo español, particularmente el catalán, extiendo mi saludo agradecido a las autoridades públicas", empezó el Papa, con una frase que gustará a los que consideran al pueblo catalán como una parte particular del español (y molestará a los que piensen que es un pueblo distinto).
"La ciudad condal [Barcelona] y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y concordia para toda España, y alzan su mirada para encontrarse en el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo", prosiguió el Papa. Pasaba así de los temas genéricos de unidad al gran tema de su homilía, Jesucristo y la Cruz.
Dejó Gaudí para una mención al final: el Papa quería una homilía cristocéntrica, incluso kerigmática, como pensando en alejados de la fe (como eran tantas autoridades presentes).
Primero, citó a Benedicto XVI que al inaugurar el templo en 2010 dijo que "es signo visible del Dios invisible, por cuya gloria se alzan las torres". En vez de hablar de torres, quería hablar de Dios.
Después recordó que los cristianos "somos templo del espíritu Santo" (1 Corintios 6), esta obra coincide con nuestra vida, que Dios coincide como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a colaborar con Él". Dejaba la arquitectura, pasaba a hablar de trabajar vidas y almas.
Citó la escena de 2 Samuel 7,5, sobre la construcción del primer templo de Jerusalén: "¡es Dios que nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón", dijo, en el mes del Sagrado Corazón.

La Sagrada Familia de Barcelona en la misa con León XIV
Después, invitó a la conversión sabiendo que escuchaban muchos poco o nada cristianos. "Si no creéis que ¡Yo Soy' moriréis en vuestros pecados'", citó, de Juan 8,24. "Palabras fuertes que no son en absoluto amenazas ni un chantaje. son una invitación a la salvación, es decir, un llamamiento a la libertad por parte de Cristo que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno".
Después habló para los que se consideran cristianos pidiendo que eso transforme vidas y sociedades. "No podemos creer en Jesús en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria", exhortó.
A continuación predicó sobre la cruz cristiana y sus paradojas: "Es la cruz de los últimos que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán". Las tres fachadas de la iglesia (Navidad, Pasión, Resurrección) muestran el camino cristiano. "Dios nos ama así, transformando un instrumentos de muerte en signo de esperanza. En la cruz de Jesús, nuestra fe alcanza su cima", dijo en catalán. "Es necesario pasar por la pasión del Crucificado para ser iluminados por la gloria del Resucitado", insistió en castellano.
Sólo al final de su homilía, centrada en Cristo, la conversión y la cruz, pasó a hablar de Gaudí, "arquitecto de ardiente fe" que "nos ha propuesto una peregrinación espiritual" al narrar los misterios de Cristo en piedra.
"La belleza de este templo nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor el arte de vivir según su Evangelio", dijo. "Demostremos así que la Basílica de la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no por destacar en clasificaciones mundanas, sino por guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina por esta tierra de Cataluña, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en espera del retorno del Esposo".
Apostòlica... i romana!
El Credo se cantó en catalán aprovechando el permiso especial a la misa en catalán que proclama a la Iglesia "catòlica, apostòlica i romana" (desde el Concilio Vaticano II, la liturgia en castellano no puede usar el "y romana").
Las peticiones alternaron el castellano y el catalán y se respondían en latín. También el Sanctus se cantó en latín, solemne y con muchos melismas (muchas notas en cada sílaba).
Las ofrendas fueron acompañadas por órgano y coros en catalán, muy solemnes y pausadas. Las entregaron fieles de distintas edades.
La liturgia de la consagración y el resto del canon de la misa pronunciada por el Papa fue en castellano, con participación del cardenal Omella, de Barcelona, y el arzobispo Planellas de Tarragona. Tras el Papa, en letras latinas, los nombres de los obispos santos de Barcelona de los primeros siglos: Paciano, Oleguer (Olegario) y Severo.
El Padrenuestro se cantó en catalán en una melodía poco o nada conocida. El gesto de la paz lo dio todo el mundo, incluyendo Pedro Sánchez, los políticos, socialistas, invitados civiles, etc... El Agnus Dei (Cordero de Dios) se cantó en latín, de nuevo en una composición coral nueva o poco conocida. En la comunión el coro cantó en latín y catalán temas corales.
Agradecimientos finales de Omella
Tras la comunión, el cardenal Omella, alternado castellano y catalán, animó a ser "sembradores de esperanza". Agradeció a su predecesor, el cardenal Martínez-Sistach (allí presente) por haber cerrado el techo de la basílica permitiendo a Benedicto XVI acudir a inaugurar el templo. Habló del modelo del Venerable Gaudí como evangelizador, a través del arte. Pidió a Dios que bendiga al Papa en su viaje "por las tierras hermanas de las Islas Canarias". Después, el Papa entregó un cáliz precioso al cardenal Omella y la diócesis de Barcelona.
Tras el "ite misa est", todos cantaron el Virolai, el himno a la Virgen de Montserrat mientras los celebrantes salían en procesión. Después del Papa y los principales celebrantes, los Reyes salieron a saludar al altar y marcharon por el pasillo central.
Una ceremonia por sorpresa e inolvidable
Fuera del templo seguían por pantallas el acontecimiento unas 4.000 personas (dentro había otras 4.000). Vieron la procesión de obispos salir por la fachada del Nacimiento (incluyendo varios de ritos orientales) y tomar espacio mientras les entregaban una vela de diseño "trencadís" (en triángulos de evocación gaudiniana) que miraban con curiosidad divertida. Eran las 21.35 pasadas cuando por fin los obispos se sentaron en las gradas dispuestas para ellos. Había ya poca luz en el exterior.
El Papa recorrió el pasillo de la basílica saludando a sacerdotes, religiosos y más fieles que le tomaban de las manos. Después salió al exterior de la fachada del Nacimiento. Contempló la torre de Jesús y con un libreto bendicional leyó en catalán la primera parte de la bendición a la torre.
"Anhelemos las realidades del cielo que el banquete eucarístico nos ha dado", exhortó. La oración recordaba a los que trabajaron en la construcción de la torre, y hablaba de "edificar la nueva Jerusalén" del reino de Dios. Con el hisopo y el agua bendita asperjó el edificio y también al pueblo, estando los Reyes a su lado. El coro cantó un cántico gregoriano, distinto a toda la polifonía escuchada esa tarde, mientras el Papa se ubicaba en un sitial blanco junto a Omella y los Reyes. Pedro Sánchez y Salvador Illa estaban apenas unos pasos por detrás.
Tres escolanes con las peculiares velas salieron a cantar un "Sanctus" en latín... y después procesionó el resto de la escolanía infantil con las luces, sumándose a los primeros. La luz naranja se hizo blanca, con un coro de voces blancas... y la cruz en lo más alto se iluminó cambiando de colores, y las velas parpadearon al unísono como un latido. Cantaban "Gloria in excelsis Deo".
Y luego entró un órgano majestuoso. La Iglesia brilló por dentro con colores. También dentro elevaron las velas parpadeantes, ahora compañados de violines en crescendo. Y en las notas finales apareció una silueta de Gaudí dibujada con drones mientras se iluminaba la estrella de la Torre de María. Y una frase del arquitecto en el cielo: "Primero el amor, después la técnica". Un gran castillo de fuegos artificiales llenó de luz y humo la iglesia.
El Papa, sonriente, procedió a descubrir una placa en la fachada que recordará su visita e inauguración. Pero nadie que haya estado allí, e incluso nadie que haya visto esta ceremonia en pantallas, lo olvidará jamás.