Sábado, 25 de mayo de 2019

Religión en Libertad

Santa Águeda, virgen y mártir.

Ni halagos ni amenazas, nada puede contra una Esposa de Cristo.

Ramón Rabre

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Busto relicario de Santa Águeda. Catania.
Busto relicario de Santa Águeda. Catania.

Santa Águeda de Catania, virgen y mártir. 5 de febrero.

Es esta una de las mártires más famosas y veneradas de la cristiandad, no tanto porque se sepa en realidad quien fue, sino por su sensible patronato sobre los males de pechos de las mujeres. Su culto traspasa fronteras geográficas y temporales y se puede decir que tiene excelente salud y la tendrá por mucho tiempo. Donde su devoción está establecida permanece y se consolida.

Lamentablemente, poco podemos decir certeramente de Águeda, salvo que fue martirizada en el siglo III, bajo Decio. La "passio" más antigua es del siglo V, y ha otras igualmente de antiguas en latín o griego, aunque difieren en detalles y concurren en aparecer escritas por testigos oculares, un mal endémico de la literatura hagiográfica. La primera versión que se hace famosa y que aún es la que hoy se conoce, es la de San Simeón Metafastre (27 de noviembre). Los escritores sagrados tampoco coinciden todos en algunos aspectos, por ejemplo el martiologio de San Beda (25 de mayo) la pone padeciendo bajo Diocleciano. Por suerte, en lo que coinciden tanto autores como testimonios del culto y, el más importante, el del sepulcro, es en hacerla oriunda de Catania, Sicilia.

Estas "vitae", dicen que Águeda era una joven que pertenecía a una noble familia siciliana, y era conocida de todos por su belleza y caridad. Había hecho un voto de virginidad, cosa que no sabía el gobernador Quinciano para requerirla en matrimonio. Para evitarle, Águeda se trasladó a Palermo donde estuvo un tiempo en paz. Esta estancia palermitana, narrada por el Metafrastres es probable que solo haya sido añadida por este para explicar la lejana reivindicación de Palermo por ser la patria de Águeda. Pero no le valió de mucho, enterado Quinciano que Águeda era cristiana, todo su amor se convirtió en odio, la mandó apresar, y que fuera trasladada a Catania. En este ínterín, Quinciano la lleva al lupanar de Afrodisia y sus siete hijas, para prostituirla como castigo a su voto de virginidad. No logró su objetivo, Águeda se mantuvo firme. al cabo de 33 días, la mandó llamar y ocurrió este interrogatorio, legendario, por supuesto:

Quinciano: "Pero tú, ¿de qué casta eres?"
Águeda: "Aunque soy de familia noble, mi alegría es ser sierva y esclava de Jesucristo".
Q: "¿Cómo puedes llamarte libre cuando eres una sierva?"
A: "Yo soy sierva de Cristo, y su servicio es la perfecta libertad".
Q: "Muda de actitud y jura a nuestros dioses, si no, vas a ser torturada. ¿No entiendes cuán ventajoso sería para ti el librarte de los suplicios?"
A: "Tú eres quien tienes que mudar de vida si quieres librarte de los tormentos eternos".

Tal resolución le encaminó a torturas diversas, como el potro, las antorchas en los costados, la flagelación, y el más conocido de todos: la amputación del seno. En el arte nos suelen presentar un pecho o dos cortados como quien corta la mortadella, pero el suplicio consistía en apretar el seno con una tenaza ardiente que, a la par de arrancar, cauterizaba la herida: la reo no tenía que morir, solo padecer hasta que se retractara. Del dolor causado, ya podéis imaginar, especialmente las mujeres. Luego de esta amputación, fue arrojada a una cárcel, donde se le apareció San Pedro (29 de junio, martirio; 18 de enero, cátedra de Roma; 22 de febrero, cátedra de Antioquía; 1 de agosto, "ad víncula", 16 de enero, "ad víncula" en la Iglesia oriental; 18 de noviembre, dedicación de su basílica) con un unguento celestial y la sanó.

Al ver semejante protento, Quinciano mandó hacer una hoguera y arrojarla atada de manos y pies. En eso estaban cuando un terremoto asoló la ciudad, matando a sus principales verdugos, algo que leíamos hace poco de San Telesforo, papa y mártir (5 y 30 de enero). Muchos corrieron al palacio de Quinciano culpándole del terremoro, por torturar a la cristiana. Entonces mandó sacarla del fuego, la devolvieron a la celda, desnudaron y arrastraron sobre cristales rotos y brasas, extendidos por el suelo de la celda. A causas de estas heridas, falleció en la cárcel.

Culto, reliquias y patronatos.
Sus reliquias han sido veneradas desde muy antiguo y podrían tenerse por auténticas, las de Catania, claro, no todas las que por el mundo andan dispersas, pero... en 1126 fueron trasladadas a Constantinopla por miedo a las invasiones sarracenas, de donde regresaron a Catania tiempo después, y a saber... Lamentablemente aún en la misma Catania el cuerpo está desmembrado en varios relicarios, el principal en un busto bellamente decorado y muy venerado. Otras reliquias de dudosa procedencia hay en Kamp, Alemania, o en el monte Athos, donde dicen tener la cabeza. La reliquia más conocida no es del cuerpo, sino un supuesto velo con el cual, al año justo de su muerte, según San Gregorio Magno (3 de septiembre y 12 de marzo), los habitantes de Catania detuvieron una erupción del Etna, lo cual le ha valido a Santa Águeda el patronato sobre los terremotos, volcanes y demás catástrofes.

Además, es patrona de reinos, ciudades y pueblos, como San Marino, Malta. en Holanda, lo es de Zeeland, Amersfoort, Lisse y otros. Bélgica y Alemania la veneran muchísimo, y tienen un pan especial para comer en su día. En España es patrona de muchos pueblos. En Curgy, Francia, se le invoca para que las embarazadas tengan abundante leche materna, mientras que en Lorena, es patrona de solteronas y tías. También en Francia, en Arry-sur-Moselle, Vecoux y Thillot se bendicen unos lienzos en su día, que se aplican a los pechos de las mujeres enfermas de ellos. Es patrona de enfermeras, y ya que en sus imágenes, los pechos a veces parecen panes, espatrona de panaderos. Protectora de las fundiciones (semejanza con los volcanes), fundidores, metalúrgicos, mineros, orfebres, vidrieros, bomberos... en fin, de todo oficio relacionado con el fuego. Se le invoca contra los males de senos, úlceras, peste, cáncer, heridas de arma blanca, y contra las malas pasiones.

Su iconografía depende muchas veces de los sitios. Mientras que el norte prefiere ponerla con las tenazas y el fuego, en España y America, abunda la imagen con los pechos en una bandeja y la palma del martirio. La pintura se ha recreado sobre todo en su desnudez, en la curación por medio de San Pedro. Curiosamente, lo que no hizo el medioevo, lo hizo el puritano siglo XIX en ocasiones: sustituir los pechos de la bandeja por panes o puddings, como si un seno fuera algo más que eso: un seno.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Nuevo Año Cristiano". Tomo 8. Editorial Edibesa, 2001.
-"El Santo de cada día". EDELVIVES. Huesca, 1946.

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