Sábado, 21 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

Copa las marquesinas de País Vasco y Navarra y ha sido pagada por un millonario de EEUU

Una campaña publicitaria fomenta la transexualidad en los niños: estos son los datos que la refutan

Uno de los anuncios colocados en las marquesinas de las paradas de autobúss
Uno de los anuncios colocados en las marquesinas de las paradas de autobúss

Javier Lozano / ReL

“Hay niñas con pene y niños con vulva” es el nuevo mantra del lobby transexual. Lo utiliza en los colegios donde sus ideólogos dan charlas a los niños en las que niegan la biología afirmando que ninguna prueba científica puede determinar si una persona es hombre o mujer.

Y de la escuela han pasado a la publicidad directa y explícita. La Asociación de Familias de Menores Transexuales del País Vasco (Chrysallis) ha lanzado una campaña publicitaria copando las marquesinas de las paradas de autobús de esta comunidad así como de Navarra y en el metro de Bilbao con cárteles en los que aparecen dibujados cuatro niños desnudos (una niña con vulva y otra con pene y un niño con pene y otro con vulva) y en los que se puede leer “hay niñas con pena y niños con vulva, así de sencillo”. Y añade que “la mayoría sufre cada día porque la sociedad desconoce esta realidad”.

La misteriosa donación de un rico de Nueva York
En el comunicado con el que han presentado esta polémica campaña la asociación afirma que un “alto cargo del mundo de las finanzas” de Nueva York conoció la existencia de Chrysallis y decidió donarles 30.000 dólares para que realizaran una campaña publicitaria sobre los menores transexuales. El nombre del benefactor no lo han querido facilitar.

Para justificar su campaña afirman que “recientes estudios han demostrado que la tasa de intento de suicidio de los adultos transexuales a quienes en su infancia se les negó su identidad es considerable superior a la media” mientras que “en los que sí son apoyados los indicadores de calidad de vida y felicidad son similares a los del resto de la población”.

Su objetivo pasa según explica su presidente, Aingeru Mayor, es normalizar esta situación y que las familias acepten esta realidad y colaboren en el “tránsito social”. Y la conclusión a la que se puede llegar es o bien aceptas lo que dice este lobby o cuando sean adultos muchos de estos niños se suicidarán.


Esto es lo que adultos y niños podrán ver cuando paseen por las calles del País Vasco o Navarra o mientras esperan a coger el metro o autobús

La ciencia refuta la ideología de género
Sin embargo, son bastante más numerosas las evidencias científicas y las encuestas que cuestionan esta teoría que promueve dicha asociación.

The New Atlantis publicó este pasado año un “informe especial” que revisaba más de 500 investigaciones científicas sobre orientación sexual y en el que uno de sus dos autores, el prestigioso psiquiatra Lawrence S. Mayer, afirmaba en el prefacio:

“Queda claro que la idea de que un niño de dos años que haya manifestado pensamientos o conductas que se identifican con el sexo opuesto pueda ser catalogado de por vida como transgénero no cuenta con ningún respaldo científico. De hecho, es perverso creer que a todos los niños con pensamientos o conductas atípicas de género en algún momento de su desarrollo, especialmente antes de la pubertad, hay que animarles a convertirse en transgénero”.

No hay que animar a los niños a convertirse en transgénero
El estudio de The New Atlantis, del que se hizo eco Religión en Libertad, llegaba a dos importantes conclusiones con respecto a los niños y la transexualidad que se deberían tener muy en cuenta antes de querer animar todo aquel niño que muestre algún tipo de “tendencia” a propiciarle un cambio de sexo.

De este modo, el estudio afirmaba que “sólo una minoría de niños que experimentan identificación con el género contrario seguirán haciéndolo en la adolescencia o en la edad adulta”.

En segundo lugar, concluía que “hay pocas pruebas científicas sobre el valor terapéutico de las intervenciones para retrasar la pubertad o modificar las características sexuales secundarias de los adolescentes” y añade que “no hay pruebas de que se deba animar a todos los niños que expresan ideas o comportamientos atípicos sobre el género a convertirse en transgénero”.


Avery Jackson, niño que dice ser niña, ha sido la portada de National Geographic este mes de enero en el que publica un especial sobre la "revolución de género"

La inmensa mayoría de los posibles casos aceptan su sexo biológico en la adolescencia
Por otro lado, en una declaración del Colegio Americano de Pediatras apoyada con datos científicos se indicaba que “hasta un 98% de niños con género confuso y hasta un 88% de niñas con género confuso aceptan finalmente su sexo biológico tras pasar la pubertad de forma natural”.

Y llegando al punto del suicidio, con el que se ha justificado esta campaña publicitaria, esta agrupación de pediatras recuerda que las tasas de suicidio son veinte veces mayores entre los adultos que utilizan hormonas cruzadas y sufren cirugía de reasignación de sexo, incluso en Suecia, que se encuentra entre los países con mayor respaldo LGTB y más favorable a este colectivo por lo que la presión social no es un indicativo.

Altas tasas de suicidio, malestar psicológico...
Este pasado mes de diciembre también se conocía el US Transgender Survey 2015, una megaencuesta a 27.715 transexuales de Estados Unidos publicada recientemente por el National Center for Transgender Equality [Centro Nacional por la Igualdad Transgénero].

La encuesta dibuja un panorama desolador de unas personas que en un 29% declaran vivir en la pobreza y en un 30% afirman haber estado sin hogar en algún momento de su vida. El 39% confesó haber experimentado malestar psicológico en el mes anterior a la encuesta (frente a un 5% del conjunto de la población) y el 40% ha intentado suicidarse alguna vez (frente a un 4,6% del total de estadounidenses). El 1,4% convive con el VIH (virus del sida), cinco veces más que el índice general de los norteamericanos.

La experiencia de un extransexual
Una de las voces más autorizadas en este ámbito es la de Walter Hayer, que se realizó una operación de reasignación de sexo y durante ocho años intentó vivir siendo Laura hasta que pudo comprobar que esta intervención no era la respuesta a sus problemas y que lejos de traerle la paz que tenía le generaba más frustración.

De este modo, él interpreta estas estadísticas de una manera diferente a cómo lo hace Chrysallis, que afirma que los adultos transexuales que no fueron apoyados de niños eran más propensos a intentar quitarse la vid.

Heyer, desde su experiencia, tiene claro que el “cambio de sexo” no es la respuesta adecuada para muchos transexuales, que ya arrastran otro tipo de problemas que necesitan otros tratamientos.

“En mi caso, la transición me prometía una buena vida, pero después de que la euforia inicial desapareciera, sólo quedó la desesperación. Hasta que tomé la decisión de dejar de vivir como Laura y hacer todo lo posible para volver a ser Walt no hallé la paz. Estar abierto a la posibilidad de volver a ser un hombre cambió todo. Cuando me hicieron un diagnóstico adecuado de mi trastorno disociativo, pude empezar el primer tratamiento efectivo. Tardé varios años, pero a medida que seguía el tratamiento para mi trastorno disociativo, mis deseos de ser una mujer se fueron debilitando hasta que desaparecieron por completo. Supe entonces que la cirugía de reasignación de sexo no hubiera sido necesaria, pero era demasiado tarde. Mi cuerpo estaba mutilado irremediablemente”, contaba Heyer.

¿Es liberador cambiar de sexo? Una víctima cuenta lo que el movimiento transgénero procura esconder
Walt Heyer en 1977, en 1984 y en la actualidad

Tras la disforía de género suele haber otros trastornos
El diagnóstico habitual para pacientes que se identifican como transgénero es "disforia de género" y Hayer agregaba que “a pesar de que no se habla mucho de esto, los estudios demuestran que la mayoría de los pacientes transgénero sufren de otros trastornos comórbidos (y que coexisten)”.

“Más de un 60% de los pacientes con disforia de género sufren por la existencia de trastornos comórbidos (varios trastornos diferentes), entre los que se incluyen disociación, fetichismo sexual como la autoginofilia y trastornos del comportamiento como la depresión”, relata.

Con un tratamiento adecuado no haría falta intervención quirúrgica
De manera clara, Walter Heyer añade además que “casi todos los casos podrían resolverse sin intervención quirúrgica si los pacientes recibieran el tratamiento adecuado, que incluye psicoterapia y medicación”.

Con campañas como esta se evita que mucbhos reciban la ayuda necesaria
Por ello, considera que “aunque sus intenciones sean buenas, muchos activistas en favor de la aceptación del transgénero están evitando, en realidad, que las personas transgénero reciban la ayuda que necesitan”. Y acaba asegurando que “debido a la falta de tratamiento adecuado de los trastornos mentales, es muy probable que los altos índices de suicidio entre las personas transgénero continúen”.
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