Lunes, 15 de abril de 2024

Religión en Libertad

Murió Jorge Ferro, gran especialista argentino en Tolkien: «En su visión del mundo primaba la Fe»

Jorge Ferro, durante una conferencia, con la bandera argentina de fondo.
Jorge Ferro, durante una conferencia de 2019 en el Forum Espacio de Cultura y Ciencia.

Germán Masserdotti

“El lenguaje –afirmó Jorge Ferro– es un inapreciable instrumento de penetración y de dominio. Es la savia misma de la vida social y cultural. Quien imponga un determinado lenguaje impondrá junto con éste un modo de entender la realidad, una cosmovisión subyacente, valores morales, culturales y políticos, pautas de conducta”.

Este gran católico y patriota argentino que fue Jorge Ferro falleció el pasado domingo 10 de marzo. Padre, abuelo, amigo, investigador y docente, a lo largo de su vida ejerció su misión magisterial con solvencia, alegría, desinterés y esperanza. Sabía que había que pasar la posta por lo que se empeñó en formar a los más jóvenes. De sus obras publicadas, podrían mencionarse dos: Leyendo a Tolkien y De maestros y batallas culturales, ambas publicadas por Vórtice.

Religión en Libertad entrevistó a dos de sus discípulos. Padre e hija, Franco y María Ricoveri estudiaron Letras en la Universidad Católica Argentina. Él es licenciado y ella profesora. En estas lides culturales se formaron con Jorge Ferro.  

Franco y María Ricoveri, padre e hija, ambos discípulos de Jorge Ferro.

Franco y María Ricoveri, padre e hija, ambos discípulos de Jorge Ferro.

-La formación original de Jorge Ferro proviene de las Letras. ¿Cuál es el lugar que ellas ocupaban en su labor de investigación y magisterial?

-Franco: En verdad, Jorge Ferro fue un verdadero humanista cristiano, en el que su amor por las Letras ocupó un lugar dentro de esa “sinfonía” que es nuestra cultura. Restringir su pensamiento al de simple “literato” sería empobrecerlo, ya que naturalmente, en su obra, surgían lo histórico, lo filosófico y lo teológico, que enriquecían la visión de la realidad. Es cierto que los “bárbaros de la especialización”, al decir de Ortega, esta visión no la entienden. Allá ellos, la sabiduría corre por otro camino y Ferro supo entenderlo desde su juventud.

-María: Jorge tuvo una larga y fructífera carrera de Letras, como profesor,  académico e investigador. Su campo de interés abarcaba la literatura medieval, las crónicas históricas medievales, la literatura latina y patrística, y por supuesto a Newman y al movimiento de los Inklings.

Jorge Ferro, dedicando su libro 'Leyendo a Tolkien'.

Jorge Ferro, dedicando su libro 'Leyendo a Tolkien'.

»Pero lo que lo hacía grande en este sentido es que no se limitaba a leer y a estudiar las minucias gramaticales, lingüísticas o estilísticas de las obras (como suelen hacer la mayoría de los académicos en este ámbito), sino que veía en las Letras un reflejo del Bien, la Verdad y la Belleza, entonces su lectura era "humanística", y podía establecer grandes relaciones entre la Literatura, la Filosofía, la Historia, la Teología. Escuchar sus clases y conferencias era empaparse de citas y conexiones entre diversos autores cristianos, que nos hacían leer con profundidad aquello que estuviésemos leyendo. Era un hombre muy sabio, en el verdadero sentido de la palabra, y que se esforzaba en transmitir la llama de la cultura cristiana, en todo su esplendor.

-Las Letras, en su pensamiento, están íntimamente relacionadas con la Fe. ¿De qué manera se manifiesta esto en su obra?

-María: Jorge encarna aquella frase de Chesterton: “No soy un escritor católico, soy católico, y cuando escribo se me nota”. La Fe era lo primero, y a través de la Fe estudiaba y enseñaba. Pero no de una manera explícita y forzada, sino porque ¡era lo primero en su vida! Era inevitable entonces que, como en su visión del mundo primaba la Fe, en todas sus clases y escritos se viera está búsqueda constante de la Verdad. Era un verdadero mensajero del Evangelio, pero a través de las Letras. Tuve la dicha de ser su alumna en la facultad, y conocer un par de antiguos alumnos que se convirtieron gracias a sus clases. Seguramente haya también muchos  lectores de su obra escrita que han encontrado esa profunda relación entre la Fe y las Letras.

[Lee también en ReL: Sin Tolkien, la fantasía sería lovecraftiana; sin Cristo, el mundo más cruel: un what if provocador]

-Si bien no fueron los únicos autores que estudió, podría decirse que prefirió a anglosajones como Tolkien, Lewis y Chesterton. ¿Cómo se explicaría esa elección?

-Franco: Probablemente y por razones atendibles, sea lo que más trascendió, pero sería muy injusto creer que esa preferencia pasaba por el habla o la región. Ciertamente que fue un “pionero” en nuestra tierra como estudioso de Tolkien y Lewis, pero su vida de investigador estuvo dedicada sobre todo a la Edad Media española. Y al mismo tiempo fue un finísimo lector y expositor de nuestras letras criollas. El Martín Fierro era uno de sus grandes amores… y ¡el padre Leonardo Castellani! Su horizonte cultural de 360° podría asociarse a este último: “Nada humano le era ajeno”.  Pero no como acumulador de lecturas, sino con una brújula infalible de viajero que sabe adónde debe llegar. De hecho, una de las últimas cosas que quería escribir era sobre la necesidad de leer hoy a Giovannino Guareschi, el autor de Don Camilo. “Leerlo hace bien al alma” decía, y quería ayudar a que los jóvenes lo descubran. Volviendo a la pregunta, en aquellos autores anglosajones como Tolkien, Lewis y Chesterton descubrió las raíces profundas de la verdadera cultura y supo transmitirlo magníficamente. Pero hay más, mucho más.

Jorge Ferro (izquierda) y J.R.R. Tolkien, imaginados por Sr Bombadil.

Jorge Ferro (izquierda) y J.R.R. Tolkien, imaginados por Sr Bombadil en un encuentro que, si Dios quiere, ya ha tenido o tendrá lugar muy pronto.

-María: Siempre contaba Jorge la anécdota de cómo se encontró con Tolkien. Él en ese momento (años 70) era investigador del Conicet, y se encontraba estudiando crónicas medievales. Inmerso en ese mundo durante el día, cuando acababa su jornada laboral y volvía en tren a su casa, elegía leer algún librito “para distraerse”... Y así se topó en una librería con El Señor de los Anillos. Y contaba que vio que era el mismo mundo que él estaba estudiando, la forma mentis de la Tierra Media era muy parecida a la de las crónicas. Ahí comenzó su camino, que siguió con varias obras escritas sobre Tolkien, Chesterton, Lewis, Newman.

-A propósito de Tolkien, Lewis y Chesterton, Jorge Ferro fue un activo participante de los Congresos Fe, Arte y Mito organizados por Sr. Bombadil. ¿Qué aportó su presencia en ellos?

-María: No solo fue un activo participante, sino que todo este movimiento de la Asociación Fe, Arte y Mito surgió en gran medida gracias a él. En primer lugar porque su libro Leyendo a Tolkien fue el motor del I Congreso, y su lectura fue la que nos unió a los distintos organizadores. Y en segundo lugar, porque siempre nos insistía en que los de su generación (hay muchos otros maestros a quienes deberíamos nombrar) ya habían hecho mucho, y que ahora nos tocaba a nosotros. Nos daba mucho coraje y esperanza, y con su enorme humildad nos hacía sentir “portadores” de esa llama que no se debe apagar nunca, la de la transmisión de la cultura cristiana.

-En pocas palabras ¿cómo definiría a Jorge Ferro?

-María: Jorge Ferro fue para todos nosotros un Maestro, en el auténtico sentido de la palabra. Porque nos mostró con mucha lucidez y claridad grandes verdades, nos enseñó (a los más jóvenes) a buscar en lo profundo. Compartió con sus (numerosos) amigos una verdadera militancia católica. Fue un gran esposo (le encantaba contar a todo el mundo cómo se habían conocido con Celia, su esposa),  un gran padre y abuelo. Recuerdo cómo contaba con mucho amor anécdotas de sus hijos y nietos en clase.

»Y todo ese gran legado intelectual que nos dejó fue con gran sencillez (podía conversar y enseñar en una escuela, en una Universidad o en una parroquia y con la misma pasión y compromiso), humildad, fortaleza (luchó durante muchos años con una dolorosa enfermedad sin quejarse), alegría (todavía nos llegan el eco de sus risas afables, y de sus simpáticas anécdotas que regaban todas sus conversaciones).

Una entrevista a fondo que Sebastián Randle le hizo a Jorge Ferro en 2011

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