Domingo, 18 de agosto de 2019

Religión en Libertad

Cuando un intelectual dominico y carismático pasa cuatro días horribles en un box de urgencias...

P.J.Ginés/ReL

Chus Villarroel, popular predicador de la Renovación Carismática... y enfermo de cáncer que aprende y toma notas
Chus Villarroel, popular predicador de la Renovación Carismática... y enfermo de cáncer que aprende y toma notas
¿Qué pasa cuando un intelectual dominico, doctor en filosofía y veterano predicador de la Renovación Carismática se encuentra, con cáncer y tras unas duras operaciones, en un box o espacio de urgencias de un hospital de Madrid? ¿Qué pasa cuando sospecha que puede morir pronto, y rodeado de enfermos, ruidos, ajetreo de enfermeras y mucha soledad? 

Esta es la experiencia de la que escribe (y con la que hace teología) Chus Villarroel, nacido en 1935 y autor del blog Contemplata aliis tradere. El popular predicador carismático, que siempre hablaba de predicar desde la pobreza, la experiencia, la gratuidad y a veces desde la unción, se encontró "muy pobre y muy solo" en el box de urgencias, con mucha "experiencia" para predicar y no con mucha unción, al menos al principio

El espectáculo dantesco de Urgencias
Llegó a urgencias y durante bastantes horas nadie le dirigió la palabra. "Luego me dieron una cama a altas horas de la noche. Más tarde me hablaron de fracaso renal y de insuficiencia aguda con la creatinina muy alta. La bolsa de colostomía me la habían colocado demasiado arriba y por más que bebía no llegaba líquido al riñón y se iba paralizando".

Después está la descripción del box, que reconocerán muchos que hayan pasado por estos espacios de urgencias por la noche. "El espectáculo, en algunos momentos, es dantesco. Me dio tiempo a disfrutarlo porque esperando una cama en planta, tuve que estar cuatro días con sus cuatro noches en urgencias. [...] El Hospital entero de la Paz estaba bloqueado y daba la impresión de que no había altas y no se moría nadie. [...] Inimaginables los ruidos, los gritos y los ayes de las personas enfermas allí alojadas, unas veintitrés de media". 



"Oía los estertores de la moribunda a pocos centímetros"
"Gentes de toda ralea, en especial ancianos, la mayoría mujeres, muchas veces con grave deficiencias mentales, que se hacían sus necesidades a tu lado. [...] Todo era público, todo a carreras, todo a gritos, de día y de noche. Raros eran los momentos de sosiego. La camilla de una moribunda, encajada a la fuerza, empujó mi cortina de modo que yo oía sus estertores a pocos centímetros. Me sentía morir".

"La familia de la moribunda pidió la unción de los enfermos. El cura que se la dio tampoco tenía complejos en la voz. Lo hizo suficientemente fuerte para que la sala enmudeciera por unos momntos. Me conocía pero no me saludó, cosa que le agredecí. En mi alma sólo había cabida para retazos de angustia"
 

Reflexiones desde el cáncer (VozdePapel),
un libro de luz contra el temor


¿Y la fe en estos momentos?
¿Y la fe? "El Espíritu Santo se había quedado a la puerta de Urgencias. Yo estaba en medio de la humanidad doliente y dolorosa, la pobreza humana, recién brotada del pecado original, estaba allí sufriendo su castigo y, lo que es más grave, sin culpa personal alguna. [...] Durante un tiempo me vi desasistido y lo pasé mal: toda la vida viviendo de la fe y confiando en ella y no sentir su auxilio en momentos tan lacerantes suscita en uno frustración y asfixia". 

¿Cómo cambió esa situación? "Pronto comencé a poder orar lo cual significó mi salvación. Podía verlo todo desde otro plano, podía salir de mí, de mi angustia y soledad. Era una oración sencilla, contemplativa, interior, en la que se me revelaba que todo estaba en manos de Dios. La fuerza interior que me habitaba tenía rostro y presencia de Cristo y de María. Me sentía acompañado por ellos. Cerraba los ojos y los sentía dentro y con ellos pasaba algunos ratos".

Apreciar y reflexionar la acción que salva
En esos días, en su dolor, el padre Chus pudo "vivir" teología. Para empezar, agradecimiento a los médicos, pacientes, alegres, incansables, animosos: "Yo me decía, esta gente tiene un don. Cuando pude contárselo a alguien le dije que se me había aumentado la fe en la raza española". 

Después, reflexión sobre la Cruz y la humanidad salvadora de Cristo. "La situación del box me hacía penetrar por los sentidos la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que escandalizaba a mi hombre viejo y burgués, haciéndole morir a sí mismo". Los olores, los ruidos, el tacto de las heridas... 

Reflexionó sobre la pobreza: "en esa pobreza estaba incluido yo como el más pobre y necesitado de todos, con mi bolsa y mi incapacidad para moverme. Nadie me conoció en los cuatro días, nadie me saludó, nadie me individualizó; era una soledad sufrida y disfrutada, parte de mi bien espiritual. El Papa habla de encontrarse con los pobres en la calle, en las periferias. Nunca estuve más en la calle que esos cuatro días, expuesto a todo y a las miradas y a la indiferencia de todos. Me di cuenta de cómo viven los pobres en la calle".

El racionalista no puede hacer nada; Cristo, sí
"Urgencias es un lugar en el que cualquier racionalista pierde fácilmente la fe y la esperanza. Ninguna racionalidad encuentra tampoco consistencia. En apariencia es un lugar ajeno a toda salvación y bondad. Sin embargo, yo me salvé allí, se me dio un Espíritu de Salvación. Desde el cariño que había cogido yo a aquella gente, vi a Jesucristo salvando y amándoles. Era el Cristo del Calvario, el de la impotencia y el sufrimiento, pero ya resucitado". 

A partir de esta experiencia cumbre, el padre Chus Villarroel, suficientemente recuperado, siguió escribiendo y reflexionando, con su estilo sencillo pero profundo, alternando vivencia y teología, el enfado humano ("¿pero, bueno, cómo me pasa esto?") con la asombrosa comprensión -a veces mera aceptación- desde el Espíritu.

A ese nivel, "lo que dice el periódico o nos cuenta el telediario han perdido interés para mí, pero tengo mi corazón sensibilísimo a los temas de la esperanza y a los que nos promete la fe para el futuro. En estos pensamientos me siento feliz y con muchas ganas de profundizar". 

Un libro, en realidad, feliz y animoso
A esa profundización que es feliz y animosa dedica todo el libro, Reflexiones desde el cáncer (VozdePapel), subtitulado adecuadamente "Oportunidad para crecer en la fe". Son 240 páginas que se leen a buen ritmo, por la pluma ágil, de estilo oral, del predicador dominico, pero en las que sale a cuenta detenerse a meditar y saborear.

La teología de fondo es la de siempre en este autor: la Salvación gratuita por Cristo, y en el Cristo humano, que tiene poder divino para salvar, pero salva a los hombres desde su humanidad, que requiere la humildad y pequeñez del enfermo, del pobre que acude al portal de Belén.

Y después de muchos años y de ver muchas cosas, después de rozarse con la muerte, escribe: "No tengas miedo. Yo, al menos, no tengo ninguno. Jesús dice: Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo"

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