Martes, 20 de agosto de 2019

Religión en Libertad

Al Padre Doñoro, que fue capellán de la Guardia Civil, le dejaron moribundo, pero volvió a la carga

Se enfrentó a ETA, luego a mafias y traficantes en la selva: hoy rescata niños con su Hogar Nazaret

El padre Ignacio María Doñoro con niños del Hogar Nazaret tras recibir la capilla peregrina del Padre Pío llegada desde España
El padre Ignacio María Doñoro con niños del Hogar Nazaret tras recibir la capilla peregrina del Padre Pío llegada desde España

Javier Lozano / ReL

El padre Ignacio María Doñoro de los Ríos es un bilbaíno de 54 años, capellán castrense que decidió dejar su amada patria y su servicio en la Guardia Civil para irse a entre los más pobres y dar precisamente la vida por los más vulnerables entre ellos: los niños. Así es como creó el Hogar Nazaret, una casa situada en la selva peruana donde recoge a los niños abandonados y necesitados devolviéndoles los derechos que les han sido arrancados, donde Dios es un padre para estos pequeños y la Virgen una amorosa madre.

Galardonado recientemente con el Premio Religión en Libertad por su “Impulso Misionero” el padre Doñoro cuenta a este portal informativo por qué decidió dejarlo todo, crear el Hogar Nazaret y seguir adelante a pesar de haber estado a punto de morir asesinado por rescatar a muchos de estos niños de las mafias y la explotación.

Las víctimas del terrorismo y su soledad

Con la claridad y contundencia que le caracterizan explica que “Jesús se ha jugado la vida por mí, su muerte por amor no admite excusas ni titubeos”. Para él “compartir la suerte de los últimos es compartir la suerte de Jesús”. Son estos niños que viven en estas condiciones la gran misión a la que se ha sentido llamado por Dios.

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El padre Doñoro como capellán castrense en una misión internacional en los Balcanes

Ya como capellán castrense sentía esta sensibilidad especial ante los más pequeños. Primero en las distintas misiones internacionales en las que participó y después cuando pidió voluntariamente que le destinaran en la comandancia de la Guardia Civil de Inchaurrondo, en el País Vasco, en los años en los que ETA seguía matando y teniendo como principal objetivo a los guardias civiles y a sus familias.

Allí vio en primera persona el sufrimiento y el miedo de los niños. “Fueron años difíciles”, reconoce. Entonces creó allí una asociación que pedía ayudas para niños salvadoreños. “Cuando veía al otro retorcerse en la soledad y ponía sobre la tragedia de los niños salvadoreños, nos olvidábamos unos momentos por lo que estábamos pasando. En esa soledad de las víctimas del terrorismo empezó el Hogar Nazaret” que años más tarde vería materializarse.

El horror que habían visto sus ojos

Fue precisamente en El Salvador donde su vida cambió para siempre. Hace más de 20 años –recuerda- “vi morir niños por desnutrición en las montañas de Pachimalco en San Salvador. No me lo habían contado, o era tan sólo un programa de televisión, algunos murieron en mis brazos. Desde entonces oigo el pitido de su débil voz agonizando, el grito de los niños crucificados, el grito de Cristo en la Cruz”.

El punto de inflexión se produjo cuando de forma casual se enteró de que habían vendido a un niño para el tráfico de órganos. Haciéndose pasar por un traficante y jugándose la vida logró comprar al niño por apenas 25 dólares. Ahí decidió que quería dedicar su vida a los más pequeños.

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Mientras seguía siendo capellán abrió varias casas para niños en El Salvador, Colombia, Marruecos y Mozambique. “Mientras siguen muriendo en la cruz, mientras ellos son explotados, tú y yo dormimos tranquilos, comemos, rezamos al mismo Dios e incluso nos consideramos buenas personas”, cuenta.

El día que decidió dejar definitivamente todo

En 2011 decidió finalmente pedir una excedencia como capellán en la Guardia Civil para irse a vivir definitivamente entre los más pobres y crear casas de rescate para niños, pero para esta vez dirigirlas él y no entregarlas una vez constituidas a órdenes religiosas o asociaciones.

Así fue como nació Hogar Nazaret, primero en Puerto Maldonado, en la selva peruana. En esta zona de minería ilegal había muchos niños abandonados, desamparados, y también explotados. El padre Ignacio Doñoro cuenta que “no pude decir que no al Amor. Aquellos que estáis enamorados sabéis que el amor te atrapa y acorrala. No deja opción. Hacer locuras por amor es lo que da sentido a una vida, y veo al Amor en los más pobres. Reconozco su rostro en medio del sufrimiento, en las puertas del infierno, rescatando niños abandonados”.

Este sacerdote ordenado en 1989 asegura que “sólo Dios me hace feliz, sólo a Él busco agradar  y sólo su opinión me importa. Cómo explicar el gozo de dar el biberón a María, mi princesa, o limpiar el trasero de Iván, o llorar con Wilfredo… ¡Tengo la suerte de besar cada día, cientos de veces, el mismo rostro del Señor! Coger en brazos, arropar a mi Niño Dios cada noche. Defender los derechos que le fueron arrancados compartiendo la suerte de los más pobres”.

"Así es como me quería Dios"

Ignacio Doñoro está convencido que esta es la misión a la que ha sido llamado: ¡Enamorado! Lejos de la Patria, familia, amigos, la Guardia Civil… así es como me quería Dios, sólo para Él, así soy feliz”.

Esta radicalidad a la hora de vivir el Evangelio le granjeó numerosos enemigos. Ha rescatado a muchos niños y enfadado a grupos armados y mafias. Por ello, nunca olvidará el 14 de marzo de 201, día en el que estuvo a punto de morir, y tras el que tardó muchos meses en poder recuperarse. Sólo sobrevivió porque los hombres armados que entraron en el hogar le habían dado ya por muerto.

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El día que acabó moribundo

"Vas a morir cura, vas a morir”, le dijeron los tres hombres armados que entraron por la terraza. Iban claramente a por él, pues debían acabar con aquel español molesto.

El padre Doñoro relata que su primera reacción fue desafortunada pues de manera instintiva propinó una patada a uno de ellos provocando que los tres a la vez le golpeasen con las culatas de sus pistolas. Le tiraron al suelo, le ataron de pies y manos, y le dieron patadas hasta que perdió el conocimiento.

Cuando volvió en sí, empezaron a saltar sobre él. “Advertía como se movía el cuerpo, ya no sentía dolor, quizás me habían dejado parapléjico. Me tiraron del brazo izquierdo y parecía que lo iban a arrancar, hasta aprecié el chasquear de los tendones, por lo que el dolor se hacía inaguantable”, recuerda.

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El padre Doñoro y el Hogar Nazaret han recibido recientemente la 82 capilla peregrina del Padre Pío, que ahora protege esta casa para niños

La paliza que le abriría las puertas del Cielo

“La idea de entrar por la sala de urgencias en el cielo me hizo sonreír, si no es así, tendría que esperar muchos siglos en el purgatorio”. Esto es lo que pensaba en aquel momento, pues “en tan sólo cuatro años había enfurecido sobremanera a estos pobres desgraciados sacando a muchos niños del infierno de la minería”.

Preparado ya para morir, Ignacio Doñoro veía que “era el momento de la verdad. En unos minutos empezaría una vida plena con Dios. Repetí durante casi una hora: ‘ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte” y “te amo Jesús, te amo”.

Sin embargo, en unas décimas de segundo se dio cuenta de que si no reaccionaba los asaltantes pensarían que ya estaba muerto, y así podrían escapar en silencio sin el ruido de las detonaciones. Esto fue lo que le salvó la vida, aunque las secuelas físicas le duraron muchos meses.

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La primera niña nacida en el Hogar Nazaret de niños por nacer

“No fue una desgracia sino un regalo”, afirma el padre Doñoro, que vio que “si Dios me ha dado otra oportunidad es para seguir haciendo el Hogar Nazaret”. Y entonces trasladó esta gran obra a la zona de Moyobamba, donde este lugar de rescate y acogida de los niños más pobres y vulnerables no para de crecer. Ni la falta de dinero, ni los miedos ni el peligro han logrado disuadir a este sacerdote. Su última obra es el Hogar Nazaret para niños por nacer, y son ya varios los bebés que han nacido en esta casa.

La protección de la Virgen María

Un pilar fundamental del Hogar Nazaret es precisamente es la protección de la Virgen María. “Su devoción e imitación reviste una importancia fundamental para nuestra vida ordinaria y la sanación de las heridas que traen nuestros niños”, explica el sacerdote.

Los niños y adolescentes del Hogar –añade- “veneran a la Madre de Dios bajo la advocación del Corazón Inmaculado de María. No tendría razón de ser esta obra si no es para crecer en el amor a la Santísima Virgen, difundir, promover, animar su culto y sobre todo imitar”.

“¿Qué haría María en este momento, en esta situación?”, se pregunta el padre Doñoro. Por ello, concluye asegurando que “el Rosario, oración de los pobres y afligidos, nos identifica. Es uno de los momentos más importantes del día”.

Si quiere colaborar con Hogar Nazaret puede hacerlo pinchando AQUÍ o a través de la cuenta del hogar: La Caixa ES32 2100 5450 6102 0009 4211

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