El padre Freddy Arigo: esperanza, servicio y una vocación fortalecida gracias a la Fundación CARF
La Fundación CARF impulsa una campaña para sostener la formación integral
de las futuras vocaciones.

Freddy es uno de los muchos sacerdotes que han recibido una formación sólida e integral con la ayuda de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF.
Freddy Arigo Llerena Guerrero es un sacerdote de 36 años de la diócesis de Ibarra, en Ecuador. Fue ordenado el 25 de junio de 2016 y su historia representa hoy el impacto real que puede tener una formación sólida en la vida de un sacerdote y en toda una comunidad.
El año pasado regresó a Pamplona para concluir su Licenciatura en Teología Bíblica en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Hoy, de nuevo en Ecuador, se entrega cada día a vivir una auténtica vocación de servicio a los demás y a la Iglesia.
Esperanza viva
Su testimonio cobra especial relevancia en un país marcado por enormes contrastes. Ecuador, una nación diversa, rica en cultura y recursos, vive la mala gestión política de las últimas décadas que ha favorecido la expansión del narcotráfico, la delincuencia organizada, la extorsión y los secuestros, provocando un grave aumento de la inseguridad.
A esto se une que, al igual que en muchas regiones de Europa, América central y América meridional, también han disminuido el número de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en su país. «A pesar de todo, nuestro pueblo mantiene viva la esperanza». Sin embargo, ni el pueblo ecuatoriano ni sus sacerdotes han perdido la esperanza.
Freddy lo resume así: «a pesar de todo, nuestro pueblo mantiene viva la esperanza. Existe una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús y un amor entrañable a la Virgen María, expresado en múltiples manifestaciones de religiosidad popular. Esta fe sencilla hace que muchas personas sigan mirando a la Iglesia con confianza, incluso en medio de sus debilidades, reconociéndola como madre y guía en tiempos difíciles».
Freddy es uno de los muchos sacerdotes que han recibido una formación sólida e integral con la ayuda de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF. Gracias a esa preparación, hoy puede responder mejor a los desafíos pastorales de su tierra natal, acompañar a los fieles en tiempos difíciles y fortalecer la vida cristiana allí donde más se necesita.
Por otra parte, Freddy destaca también la esperanza que le ha transmitido ver el despertar espiritual de muchos jóvenes en España durante su etapa formativa en Pamplona, una señal de que la fe sigue dando frutos en distintos lugares del mundo. Una campaña para transformar países Como Freddy, miles de vocaciones necesitan apoyo para poder formarse.
Por eso la Fundación CARF ha lanzado la campaña «Haz que el sueño del Papa se cumpla», con un objetivo claro: que una formación sólida e integral llegue a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo. El papa León XIV lo ha recordado recientemente con sencillez y profundidad en su carta apostólica. Una fidelidad que genera futuro: «la identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ser para y es inseparable de su misión».
La campaña recuerda que muchos jóvenes han escuchado la llamada al sacerdocio y desean servir, acompañar, administrar los sacramentos y acercar a Dios a sus pueblos, pero no siempre cuentan con los medios económicos necesarios para prepararse adecuadamente.
Desde su creación, la Fundación CARF ha acompañado a seminaristas y sacerdotes de 130 países, haciendo posible que regresen mejor preparados a sus diócesis para servir y, a su vez, formar a otros. Por eso la Iglesia cuida especialmente la formación de los futuros sacerdotes para que sean hombres, preparados humana, espiritual y pastoralmente, capaces de acompañar a sus comunidades y servir a las personas allí donde más se les necesita. Esto mismo viene haciendo la Fundación CARF desde 1989. En muchos países del planeta hay personas con vocación al sacerdocio donde la fe es fuerte, pero los recursos son escasos. Allí es donde tu ayuda marca la diferencia.
Detrás de cada vocación apoyada hay una historia, una familia, una comunidad y un futuro sacerdote dispuesto a entregarse a los demás. Hoy, la historia de Freddy Arigo Llerena Guerrero pone rostro a ese sueño: que ningún joven con vocación se quede sin formación por falta de recursos y que la Iglesia siga contando con sacerdotes preparados, cercanos y entregados al servicio de las personas.
Ayudar a la formación
La Fundación CARF nació el 14 de febrero de 1989 por inspiración de san Juan Pablo II e impulso del beato Álvaro del Portillo con tres fines: rezar por las vocaciones sacerdotales; promover el buen nombre de los sacerdotes; y ayudar a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos, y religiosos y religiosas, para servir mejor a la Iglesia en todo el mundo.
Desde su origen hasta la actualidad, gracias al apoyo de sus socios, benefactores y amigos, la Fundación CARF ha financiado ayudas al estudio a cerca de 30.000 alumnos con escasos recursos económicos de 130 países para que mejoren su formación intelectual, humana y espiritual en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, y en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona. Entre ellos, hay 129 estudiantes que han sido ordenados obispos y cuatro de ellos creados cardenales.