¿Patria versus Religión? Una aclaración
La polémica abierta por Donald Trump con León XIV pone de actualidad una dicotomía que ya fue analizada por Santo Tomás de Aquino, entre otros.

Donald Trump suscitó una polémica al criticar las declaraciones de León XIV sobre la guerra contra Irán.
La controversia iniciada por el presidente estadounidense Donald Trump contra el Papa León XIV a propósito de la guerra en la que los Estados Unidos secundan al Estado de Israel contra Irán puede ser que haya dejado de ser noticia. Sin embargo, instaló un tema que, con alguna frecuencia, se plantea a los católicos que aman a su patria y tienen una vocación pública.
Un ejemplo de esta tensión no bien resuelta entre patriotismo y religión, en el episodio mencionado, fue el del católico (y converso) JD Vance, el actual vicepresidente estadounidense y, por lo tanto, el primer subalterno de Donald Trump. En otro artículo abundé sobre el liberalismo católico “a la norteamericana” de Vance.
Aquí agregaré, solamente, y para comprender algo mejor el contexto, que no debe ser fácil para los estadounidenses, habituados a cierto culto a la nacionalidad, llegar a una solución razonable del problema siguiente: ¿cómo deben relacionarse la religión y el patriotismo?
Para acercarnos a una respuesta segura del interrogante enunciado hace falta recordar algunas verdades que, por obvias, no deben dejar de ser dichas. Tal vez corresponda decir obvias en sí mismas pero no, necesariamente, para nosotros.
¿Qué es, entonces, la religión? Como explica Santo Tomás (cf. Suma Teológica II-II, q. 81, a. 1, c.), al fin de cuentas la religión importa ordo in Deum, es decir, orden a Dios. Porque ella, como virtud, trata sobre el debido culto a Él. Teniendo en cuenta que una de las notas de la justicia es la (relativa) igualdad entre las partes que se inter-relacionan para dar el ius (derecho) al otro, resulta evidente que entre nosotros y Dios no puede establecerse, ni siquiera remotamente, una relación de justicia. Por esto corresponde, en cambio, que seamos religiosos, es decir, creaturas racionales que volvemos a ligarnos a Dios mediante un reconocimiento especial o, si se prefiere, intensivo. El primer acto de religión, en este sentido, es la adoración. A propósito de lo cual, dicho sea de paso, es importante tener muy presente que colabora con este espíritu adorador del hombre para con Dios volvernos a Él (Ad Orientem) tanto individualmente como socialmente.
Así puede evaluarse mejor el lugar que ocupa la patria y la virtud del patriotismo en el catolicismo. El mismo Santo Tomás lo explica cuando se ocupa de la piedad como virtud. Enseña el Aquinate:
- “De dos maneras se hace un hombre deudor de los demás: según la diversa excelencia de los mismos y según los de los diversos beneficios que de ellos ha recibido. En uno y otro supuesto, Dios ocupa el primer lugar, no tan sólo por ser excelentísimo, sino también por ser el primer principio de nuestra existencia y gobierno. Aunque de modo secundario, nuestros padres, de quienes nacimos, y la patria, en que nos criamos, son principios de nuestro ser y gobierno. Y, por tanto, después de Dios, a los padres y a la patria es a quienes más debemos. De ahí que como pertenece a la religión dar culto a Dios, así, en un grado inferior, pertenece a la piedad darlo a los padres y a la patria”.
Entonces ¿vale establecer una oposición férrea entre ser católicos o patriotas? Para ser católicos ¿debemos dejar de lado el amor por nuestra Patria? Para ser genuinos patriotas ¿corresponde que no influya nuestro catolicismo en nuestro ser y actuar? ¿Tiene sentido, incluso, enunciar tales alternativas?
La solución doctrinal, que no siempre es fácil vivir en el terreno de lo concreto, está en amar a la Patria en Dios. ¿Acaso alguien amó mejor a la patria que Jesucristo? Quien articula es Dios, quienes se articulan, en Él, son nuestras vidas. Nuestras vidas, a su vez, deben asociar, felizmente, lo natural y sobrenatural, es decir, ser cristianas.
La elección, en consecuencia, no debe ser entre personas: un Papa o un presidente o, si se prefiere, los dichos de uno o de otro. Se trata, en cambio, de elegir la verdad que, en este caso, versa sobre la materia social. ¿Qué otro sentido tiene, si no, la Doctrina Social de la Iglesia?
Elegir en base a “personalismos”, además de ser erróneo, corre la misma suerte que los cambios de la vida humana: es una moda que, por ser tal, es algo efímero. Lo evangélico, en cambio, es edificar sobre roca (cf. Mt 7, 24). Pensemos y a amemos a nuestra querida Patria terrena en la Verdad de Dios custodiada en la Iglesia por Pedro, su Roca visible.