Religión en Libertad

Padre Valentín, a sus 97 años: de profesor de Florentino Pérez a evangelizar a los indios saraguros

El sacerdote escolapio repasa con Religión en Libertad una vida plagada de vivencias, gracias a sus 56 años como misionero en Colombia y Ecuador.

"Los sábados y domingos me iba andando diez o doce kilómetros para dar catequesis en las aldeas", recuerda.YOUTUBE

Juan Cadarso
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Juan de la Cruz

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"La que me ayuda ahora a caminar es 'dora', mi 'anda-dora' (refiriéndose al andador). A pesar de mis muchos años, estoy contento de poder seguir cumpliendo la voluntad de Dios", comenta por llamada de WhatsApp, desde Medellín (Colombia), el padre Valentín Cadarso a Religión En Libertad.

El sacerdote madrileño, cercano al siglo de vida, hasta hace bien poco seguía dando clase de Química en el Colegio Calasanz de la ciudad de Loja (Ecuador). Donde, a día de hoy, todavía es recordado y querido por muchos de sus alumnos:

"Cómo olvidar la famosa 'olla de grillos' en la que caías por no saber las fórmulas químicas... y te daba las famosas 'aspirinas' para salir de ella. Simplemente escogías un papel dentro de un frasco y, si contestabas bien, te ganabas un punto", recuerda en Facebook una de sus alumnas.

Hoy, a sus 97 años, ya retirado de todas sus actividades docentes y pastorales, Valentín vive en la casa de los Padres Escolapios que su orden tiene en Colombia, desde donde repasa una vida intensa dedicada por entera a Dios y a la misión

Media vida en la misión

"Yo era alumno de los Padres Escolapios en Madrid, y, cuando acabó la guerra, estaba muy metido en los grupos juveniles de Acción Católica. Íbamos a los suburbios, a Vallecas, dábamos catequesis, llevábamos víveres... una vez fuimos, unos 10.000 jóvenes, a una excursión a un pueblecito, y cuando estábamos en la misa, era el 3 de marzo de 1947, descubrí que Dios me llamaba a ser sacerdote, me cambió la vida", recuerda el padre Valentín.

Habiendo estudiado Química en la Universidad, ingresó en los Padres Escolapios y se marchó a estudiar a La Rioja y a Navarra, donde cursó Filosofía, y luego Teología. "Tenía esa idea de trabajar por los pobres, por los humildes, por la juventud, me gustaba mucho enseñar a los jóvenes, darles clase en lo que buenamente se podía", comenta Valentín.

El padre Valentín celebra su cumpleaños con sus compañeros escolapios. 

El padre Valentín celebra su cumpleaños con sus compañeros escolapios. archivo

Hasta que desembarcó en América en 1970, primero en Colombia, luego en Ecuador y, de nuevo, en Colombia. En aquel continente ha pasado sus últimos 56 años de vida. "Quería conocer el nuevo mundo, hacer misiones. Cuando yo llegué, la gente era muy católica, teníamos quince o veinte padres solo en un colegio, había escolapios para dar y tomar, y éramos todos españoles", dice de su paso por Colombia.

"En vacaciones, como solo podía venir a España cada cuatro o cinco años, me iba a las misiones. Tenía amigos misioneros en el Putumayo, en la Amazonía ecuatoriana, y me encargaba de sus parroquias durante todos esos meses", relata.

Posteriormente, en 1978, sus superiores lo enviaron a Ecuador, primero a Saraguro, donde fue párroco durante 20 años, y, luego, a la ciudad de Loja. "Cuando estaba en Medellín le dije a mi provincial que quería ir a un sitio pobre, donde hubiera indígenas, gente marginal, y me mandó a Saraguro. Al principio los indios eran muy recelosos, porque no tenían mucho contacto con los blancos, pero como era párroco, me gané pronto el corazón de ellos", afirma.

Los indios saraguros mantienen viva su identidad cultural, agricultura y bilingüismo (quichua-español).

Los indios saraguros mantienen viva su identidad cultural, agricultura y bilingüismo (quichua-español).archivo

"Construimos un colegio, la parroquia, un salón... en veinte años hicimos unas veinte capillas para las comunidades indígenas. Recolectaba dinero en España y hacíamos aulas, comprábamos las tejas... Los sábados y domingos me iba andando diez o doce kilómetros para dar catequesis en las aldeas. Tenía que volver caminando, porque no había carreteras, por caminos de agua, con mis botas y mi poncho, subiendo la montaña, bajando... fue para mí un tiempo muy feliz".

El padre Valentín llegó incluso a aprender el quichua (variante del quechua que se habla en Ecuador). "Tenía muy buena memoria para eso, y había unos niños que me ayudaban a traducir. Me aprendí el padrenuestro y llegué a decir la misa en quichua". Hasta que en 1995 fue enviado a la ciudad de Loja. "Tenía cerca de 80 años, y allí estuve trabajando hasta los 95 años, daba clases, hacía pastoral...", recuerda.  

Lector empedernido, Valentín habla en este vídeo de sus últimas lecturas.

Antes de viajar a América, el misionero fue profesor en el Colegio San Antón de los Padres Escolapios, en la calle Hortaleza de Madrid. Y, por aquel entonces, en uno de sus pupitres se sentaba un alumno muy especial, el que llegaría a ser presidente del Real Madrid y uno de los empresarios más exitosos en España en las últimas décadas.

"Florentino Pérez fue muy simpático. Él vivía en la misma calle Hortaleza, los padres tenían una droguería, tenían perfumes de categoría, de lujo... Eran tres hermanos, dos hermanos y una hermana. Era muy buen estudiante, muy inteligente y muy respetuoso, fui amigo de él, tenía mucha amistad con los padres. Florentino es una buena persona, fíjate, cuando estaba en Loja, un año nos mandó 100.000 sucres para material deportivo, que por aquel entonces era mucho dinero", recuerda el misionero, que actualmente reside, junto a cuatro compañeros sacerdotes, en Medellín (Colombia), donde aprovecha el tiempo para leer, rezar y concelebrar la Eucaristía. 

Valentín también habla de las vidas paralelas que ha compartido con el nuevo Papa León XIV: ambos misioneros extranjeros en América; uno en el Perú y el otro en el vecino Ecuador, uno padre escolapio y el otro fraile agustino. "Yo tenía mucha amistad con los agustinos en Ecuador, este Papa me parece muy bueno, un hombre providencial, un gran misionero. Nuestro antiguo general, el actual obispo de Jaca, fue elegido obispo por este Papa y se conocen muy bien", comenta Valentín.   

La conversación va llegando a su fin y, sobre si le gustaría llegar a los 100 años, contesta: "Cuando fui a España, hace pocos años, todavía tenía el DNI de tiempos de Franco, la Policía se quedó sorprendida. Me dieron un nuevo DNI y ahora tengo uno para vivir hasta el año 9.999, me moriré antes, por supuesto". 

"Esta mañana me acordaba de una canción que cantábamos cuando éramos jóvenes: 'vamos a la casa del Señor, ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén'.... mi vida, aquí, en Medellín, es esa canción... voy caminando a la casa del Señor, me quedará un año, dos años, un mes o cuatro días... hasta que Dios quiera. Estoy contento, cuando Dios quiera me llamará para que me vaya al cielo", concluye el misionero. 

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