Religión en Libertad

La enorme fe que sostuvo al político venezolano Juan Pablo Guanipa durante 261 días de cautiverio

El opositor reconoció al ser liberado que había salido de la cárcel más católico que antes.

Al llegar a casa, lo primero que hizo fue confesarse y comulgar.archivo

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Durante los meses que permaneció encerrado en Caracas, Juan Pablo Guanipa encontraba en la oración la energía necesaria para soportar cada jornada. Considerado uno de los presos políticos más visibles del chavismo en los últimos años, pasó casi nueve meses en una celda, aferrado a la fe para no derrumbarse.

Su detención ocurrió después de haber sido uno de los principales colaboradores de María Corina Machado durante la campaña presidencial del 28 de julio de 2024. Tras la ofensiva del régimen contra la oposición, el dirigente marabino, de 61 años, se vio obligado a esconderse hasta que, el 23 de mayo de 2025, agentes de inteligencia lo capturaron en un operativo nocturno transmitido por la televisión estatal. Desde entonces, su familia pasó semanas sin saber dónde estaba. Aciprensa recoge su historia.

La vida personal de Guanipa también había sido golpeada recientemente: en 2024 perdió a su esposa, Begoña, víctima de cáncer de mama. Juntos criaron a cinco hijos. El mayor, Ramón Enrique, asegura sentirse heredero de una historia de valentía. Deportista de artes marciales mixtas, recuerda cómo su padre lo vio remontar una pelea que parecía perdida, un triunfo que dedicó a su madre.

El político junto a su hijo Ramón.familia Guanipa

Con el paso del tiempo, Ramón se convirtió en el principal portavoz de la familia, denunciando la desaparición forzada de su padre y recorriendo cárceles en busca de información. 

La familia, profundamente católica y devota de la Virgen de Chiquinquirá, vivió la incertidumbre como un castigo añadido: durante 51 días no supieron en qué centro estaba recluido Juan Pablo, y después apenas pudieron verlo.

Ramón describe la experiencia como una forma de secuestro institucional: sin garantías y sin responsables del tiempo arrebatado. La liberación llegó el 10 de febrero, gracias a una ley de amnistía impulsada desde el exterior. Sin embargo, al poco tiempo de salir, Guanipa fue detenido nuevamente por visitar a familiares de otros presos, y terminó bajo arresto domiciliario.

En las entrevistas que concedió en ese breve intervalo, dejó claro que la fe lo sostuvo: decía haber salido "más católico" que antes. Su hijo confirma que nunca perdió la serenidad y que rezaba constantemente para resistir.

"Yo soy católico practicante y salí más católico todavía. Con mucha más fe de la que tenía anteriormente. Y todos los días daba gracias a Dios: por todo lo que me ha dado, por todo lo que me has ayudado, por todo lo que me has perdonado, por todo lo que me has amado", comentó.

Mientras que su hijo Ramón confirmaba: "Él rezaba para pedir fuerzas y poder seguir un día más. Oraba constantemente y pensaba en nosotros, en qué cosas se estaría perdiendo. Nunca se quebró mentalmente".

"Aquel que es católico y se aferra a Dios no tiene una fuerza pasiva. Él tenía la fuerza, en Dios, necesaria para dignificar su estadía en la cárcel. Mi padre nunca se dejó deteriorar. La prisión es donde más digno fue, porque sabía que estaba frente a una injusticia que representaba su cruz y él sabía que tenía que llevarla con dignidad y así lo hizo", añadió.

La falta de acceso a un sacerdote fue uno de los dolores más profundos del encierro. Al llegar a casa, lo primero que hizo fue confesarse y comulgar. Para la familia, la fe fue el sostén que les permitió atravesar la prueba. Hoy aseguran que su vínculo con Dios es aún más fuerte y que la experiencia los reafirmó en su identidad católica.

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