Ordenado con 71 años y 3 hijos, en la catedral de San José... fue «seminarista antes que esposo»
El filipino Salinas fue, hace medio siglo, compañero de seminario del cardenal Tagle

Salinas fue seminarista, abogado, esposo, padre, viudo... y de nuevo seminarista y ahora diácono.
La diócesis de Taytay (Filipinas) abarca más de 400 km² en el norte de Palawan, con 24 parroquias que atienden a casi medio millón de católicos entre poblaciones indígenas, musulmanas y cristianas de otras confesiones.
En este territorio, donde conviven lenguas como el filipino, el cebuano, el hiligaynon o el cuyunon, más de cuarenta sacerdotes y varios diáconos permanentes sostienen la vida pastoral del vicariato.

Cartel de la ordenación de diácono del filipino Salinas.
En este contexto eclesial, Bienvinido A. Salinas, Jr. se ha convertido en toda una figura. A sus 71 años, fue ordenado diácono el pasado 16 de enero en la catedral de San José Obrero, en Taytay, por el obispo Broderick S. Pabillo. Es ya el seminarista de mayor edad en recibir la ordenación en el vicariato, y ahora se prepara para el sacerdocio. Asianews cuenta su historia.
Su camino vocacional no ha sido lineal. Décadas atrás había iniciado la vida en el seminario, pero decidió abandonar los estudios para dedicarse al Derecho. Se convirtió en un abogado reconocido, formó una familia y crió a sus tres hijos.
Sin embargo, la llamada al sacerdocio nunca desapareció del todo. Tras la muerte de su esposa, y con el consentimiento de sus hijos, decidió regresar al seminario para retomar la vocación que había quedado en suspenso.
Durante la ceremonia, el obispo Pabillo le dirigió una exhortación clara: permanece fiel a Cristo y al Evangelio como misionero. El nuevo diácono, visiblemente emocionado, expresó su gratitud tanto a Dios como al obispo por haberlo acogido en el vicariato y acompañado en este nuevo comienzo.
Su historia está estrechamente ligada a Robert Reyes, hoy párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Cubao. Ambos fueron compañeros de seminario hace 55 años, junto al cardenal Luis Antonio Tagle, cuando estudiaban en el seminario jesuita San José, dependiente de la Universidad Ateneo de Manila. Fue precisamente Reyes quien acompañó espiritualmente a Salinas en su retorno al camino sacerdotal.
Reyes recuerda bien aquellos años: "En 1972 soñábamos con ser sacerdotes. La vida nos llevó por rutas distintas, pero la amistad y la hermandad nunca se rompieron". Para él, la vocación de Salinas es un signo de la perseverancia de Dios: "El Señor no deja de llamar. Y Salinas, como Samuel, ha respondido: 'Habla, Señor, tu siervo escucha'".
El sacerdote también destacó la complejidad del itinerario vital de su amigo: seminarista joven, abogado, esposo y padre, viudo y, finalmente, de nuevo seminarista y ahora diácono. "Ha sido un privilegio acompañarlo en este viaje tan intenso", afirmó, agradeciendo también al obispo Pabillo su apoyo constante.
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La ordenación del 16 de enero no solo marcó un hito para Salinas, sino también un momento significativo para la Iglesia filipina, que ve en esta vocación tardía un testimonio de fidelidad y esperanza. Pronto, el hombre que un día dejó el seminario para formar una familia volverá al altar, esta vez como sacerdote.