Religión en Libertad

De dónde viene Hakuna, el grupo musical de moda en España

Tras juntarse en la JMJ de Río de Janeiro en 2013, el grupo Hakuna sigue acaparando los focos en la música católica, pero cuáles son sus orígenes.

Hakuna parece que ha encontrado la clave para alabar a Dios sin complejos. 

Hakuna parece que ha encontrado la clave para alabar a Dios sin complejos. 
Ric Tay lee Lama

Redacción REL
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Cuando José Pedro Manglano reunió a un pequeño grupo de jóvenes para preparar la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en 2013, nadie imaginaba que aquel encuentro sería el origen de uno de los movimientos católicos más influyentes de la última década. 

No había un plan maestro, ni una estrategia pastoral, ni siquiera la intención de crear algo estable. Solo un puñado de universitarios con ganas de viajar, rezar y compartir la fe en un momento en que el Papa Francisco acababa de irrumpir en la escena mundial con su estilo directo y provocador.

Los comienzos, paso a paso

Ese grupo, que nació casi como una improvisación, acabaría llamándose Hakuna. Y lo que empezó como una preparación para un viaje se transformó, en cuestión de meses, en una comunidad que hoy reúne a miles de jóvenes dentro y fuera de España.

La JMJ de Río fue el punto de inflexión. La intensidad del viaje, la cercanía del Papa y la experiencia de comunidad dejaron una huella inesperada. Al volver a España, los jóvenes no querían que aquello terminara. Pidieron seguir reuniéndose, seguir rezando juntos, seguir viviendo la fe con la misma frescura que habían descubierto en Brasil.

En pocos meses, el grupo creció. Llegaban amigos de amigos, universitarios que buscaban un espacio donde la fe no sonara a obligación ni a rutina. Hakuna se convirtió en una especie de refugio espiritual para una generación que no encontraba su sitio en las estructuras tradicionales.

El sello de Hakuna se consolidó rápido: adoración eucarística, música, silencio, comunidad y una estética que rompía moldes. Las horas santas con guitarras, velas y un ambiente íntimo, se convirtieron en el corazón del movimiento. Allí, en la penumbra de una iglesia llena de jóvenes, se fraguó la identidad de Hakuna: una fe vivida sin miedo, sin vergüenza y sin solemnidades impostadas.

¿Cómo surge el nombre de Hakuna para el grupo?

El nombre —Hakuna— tampoco fue casual. Inspirado en la expresión suajili "hakuna matata", buscaba transmitir una espiritualidad confiada, alegre, que mira la vida desde la certeza de saberse sostenido por Dios. No era un eslogan juvenil, sino una actitud vital.

La música no tardó en convertirse en el altavoz más potente del movimiento. Lo que empezó como canciones improvisadas para acompañar la oración terminó derivando en un fenómeno. Hakuna Group Music nació casi sin querer, pero pronto se convirtió en uno de los grupos católicos más escuchados.

La expansión fue rápida. Las redes sociales hicieron su parte, pero también la movilidad de los propios jóvenes, que llevaron Hakuna a universidades, parroquias y ciudades de medio mundo. Hoy el movimiento está presente en más de 25 países, desde México hasta Filipinas, pasando por Francia, Italia o Estados Unidos.

En cada lugar, Hakuna mantiene su esencia: adoración, formación, servicio y comunidad. Pero también se adapta a la realidad local, integrando culturas y estilos propios.

Hakuna ha logrado algo que pocas iniciativas eclesiales consiguen: hablar el idioma de los jóvenes sin diluir el mensaje cristiano. Su estética, su presencia en redes, su forma de comunicar y su música han convertido la fe en algo reconocible, cercano y atractivo para una generación que vive entre pantallas, incertidumbres y búsquedas profundas.

No es extraño que las entradas de sus conciertos se agoten en minutos o que sus canciones acumulen millones de reproducciones. Hakuna ha entendido que evangelizar hoy implica entrar en la cultura contemporánea sin miedo y sin complejos.

Aunque Hakuna es un movimiento de jóvenes, la figura de José Pedro Manglano, antiguo miembro del Opus Dei, ha sido decisiva. Su capacidad para acompañar, escuchar y proponer caminos espirituales ha marcado el estilo del grupo. Manglano ha sabido combinar profundidad teológica, sensibilidad cultural y una intuición pastoral poco común.

Quizá la clave del éxito de Hakuna esté precisamente en su origen improvisado. No nació como un proyecto estratégico, sino como una respuesta espontánea a un deseo real de vivir la fe de otra manera. No buscaba ser un fenómeno, sino un espacio de encuentro. Y, paradójicamente, eso es lo que lo ha convertido en uno de los movimientos más influyentes del catolicismo actual.

Hakuna no es solo música, ni solo oración, ni solo comunidad. Es un modo de vivir la fe que ha conectado con miles de jóvenes que necesitaban un lugar donde sentirse en casa. Un movimiento que nació casi por accidente y que,  más de diez años después, sigue creciendo sin perder su esencia: una fe alegre, confiada y profundamente eucarística.

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