Lunes, 25 de octubre de 2021

Religión en Libertad

Thierry se juntó con malas compañías y estuvo año y medio en prisión

Pasó por la cárcel, el cannabis, el ocultismo... y un día conoció a unos sacerdotes «muy simpáticos»

Thierry.
Thierry se planteaba desde muy joven «preguntas existenciales», pero sus esfuerzos por responderlas fueron vanos antes de conocer a Cristo.

C.L. / ReL

Thierry creció en una familia de cultura cristiana, pero sin práctica religiosa alguna. Él quería ser militar, pero un año antes de enrolarse su vida se torció.

De la cárcel al ocultismo

“Conocí a un grupo de amigos con quienes hice tonterías bastantes graves, que me llevaron a la cárcel”, recuerda en Découvrir Dieu: “Fui condenado a tres años de prisión, de los que cumplí dieciocho meses”.

Cuando salió, se encontró a su madre al borde del suicidio y comprendió que con sus andanzas la había destrozado. “Me derrumbé”, confiesa.

En vez de reaccionar hacia arriba, lo hizo hacia abajo: “Me recluí en mí mismo y me metí en las drogas, en concreto el cannabis”.

Al mismo tiempo, se planteaba continuamente “preguntas existenciales y metafísicas”: “¿Para qué vivo? ¿Por qué he de morir un día?”. Le “obsesionaban”, reconoce, y buscando una respuesta se metió durante diez años en el mundo del esoterismo y del ocultismo y la Nueva Era: “Quería encontrar sentido a mi vida”.

Sin éxito: “Al cabo de todos esos años, con un poco de honestidad intelectual y de lucidez, constaté que no me habían aportado nada. No era más feliz, al contrario”.

De un bautizo a la confesión

Justo en esa época, unos amigos suyos quisieron bautizar a sus hijos y le invitaron a la ceremonia: “Yo no tenía ni idea del cambio que iba a suceder en mi vida”.

Allí conoció a unos sacerdotes jóvenes “muy simpáticos” y, como hicieron buena relación, le invitaron a ir con ellos a una peregrinación a Asís poco después.

Thierry aceptó porque se lo planteó como un viaje turístico y cuando llegó la hora del viaje, decidió dejar la droga en casa. “No son más que tres días, no me voy a morir”, pensó.

“Pero al cabo de un día ya no podía más. Tenía el síndrome de abstinencia, estaba muy nervioso”, recuerda: “Fui a ver al sacerdote para explicarle la situación. Me llevó a un lado y me propuso confesarme. Acepté… ¡y en un instante quedé liberado de mi adicción! Desde ese día no he vuelto a tocar la droga”.

Al cabo de unos meses, Thierry se fue a Borgoña a un retiro de renovación junto con el grupo de jóvenes dirigidos por aquellos sacerdotes del bautizo.

“Yo no tenía ninguna costumbre de ir a misa, y allí, durante una celebración, el Evangelio me golpeó directamente en los oídos. ‘Zaqueo, date prisa y baja’ [del árbol donde se había subido para ver a Jesús, Lc 19, 5]. Enseguida comprendí que Jesús se dirigía a mí. Es como si dijera: ‘Thierry, date prisa y baja’. Pero no comprendía qué quería decir. Le di vueltas a esa frase todo el día en mi cabeza y en mi corazón”.

La respuesta, en el Santísimo

Lo comprendió por la noche, durante la vigilia de Adoración: “Llevaban la Hostia en procesión. Cuando la vi, comprendí que era Jesús vivo, realmente presente. Entendí: ‘¡Es Él, y además me ama!’ Me eché a llorar, aquello me cambió por completo. Era evidente que no podía seguir viviendo como antes. Tenía que hacer algo por Jesús”.

Thierry decidió tomarse un año sabático en Bélgica para reflexionar sobre su vocación bajo una dirección espiritual de discernimiento: “Sin embargo, al poco tiempo tuve una profunda crisis de fe. Abrí la Biblia y ‘caí’ al azar sobre un pasaje de Dios que me puso furioso: ‘Vuelve a tu casa y da a conocer cuanto te ha hecho Dios’ (Lc 8, 39). Pero ¡yo no quería volver a casa! Quería seguir a Jesús hasta el fin y ¿por qué no?, ser sacerdote”.

Acudió entonces a ver al responsable del curso en el que se estaba replanteando su vida, para explicarle estas tribulaciones. Y recibió, “con mucha delicadeza”, una respuesta muy clarificadora viniendo de quien le había aconsejado ese año sabático: “Thierry, yo ya sabía que no estabas llamado a ser sacerdote. Pero éste es un año que necesitabas para reconstruirte”.

Debió ser un jarro de agua fría para él, pero asumió con humildad la situación. El sacerdote le invitó a concluir en cualquier caso el año de discernimiento. Así lo hizo.

El encuentro

Y no pudo ser más providencial, porque al concluir ese periodo, le invitaron a rematarlo con un retiro en el sur de Borgoña: “Acepté… e hice muy bien, porque durante esa reunión conocí a la joven que se convirtió en mi esposa. Nos enamoramos enseguida, nos hicimos novios y os casamos, todo muy rápido. Llevamos ya casados siete años, y seguir juntos el camino que Dios traza para nosotros nos llena de alegría”.

Actualmente, Thierry participa en su parroquia en un programa de acompañamiento que acoge a las personas que se plantean cuestiones de fe, ya sean católicos con dudas o personas alejadas de la Iglesia.

¿Quién es Jesús para él?, le preguntan para rematar el testimonio: “Es Alguien que nos ama a nosotros antes de que sepamos que Él existe. Nuestro amigo, nuestro confidente, nuestro padre”.

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