Miércoles, 27 de mayo de 2020

Religión en Libertad

Francisco: La fe es misionera «no una cosa sólo para mí», porque esto sería «una herejía gnóstica»

Francisco habló en su homilía de la urgencia de anunciar el Evangelio
Francisco habló en su homilía de la urgencia de anunciar el Evangelio

ReL

Durante la misa celebrada este sábado en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco pidió como hace cada día rezar por un grupo concreto. En esta ocasión pidió orar por unos profesionales que durante esta pandemia están teniendo un papel fundamental aunque sin reclamar protagonismo.

“Recemos juntos hoy por los que realizan los servicios fúnebres. Es tan doloroso, tan triste lo que hacen, y sienten el dolor de esta pandemia tan cerca. Recemos por ellos”, indicó Francisco.

En la fiesta de San Marcos Evangelista, el Papa recordó en su homilía  que Jesús resucitado exhortó a los discípulos a anunciar el Evangelio y que en su Nombre "arrojarán a los demonios y hablarán nuevas lenguas, podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán". Después de estas palabras, Jesús sube al cielo para sentarse a la derecha de Dios.

De este modo, explicó que la fe es siempre misionera, de lo contrario no es fe. Se lleva la fe con el testimonio de la vida, sobre todo. Quien tiene fe debe salir de sí mismo y mostrar "socialmente" la fe. También indicó que en la transmisión de la fe siempre está el Señor, en la transmisión de las ideologías están los "maestros".

La homilía del Papa

A continuación la homilía íntegra del Papa recogida por Vatican News:

Hoy la Iglesia celebra a San Marcos, uno de los cuatro evangelistas, muy cercano al apóstol Pedro. El Evangelio de Marcos fue el primero en ser escrito. Es sencillo, un estilo simple, muy cercano. Si hoy tienen algo de tiempo, tómenlo en sus manos y léanlo. No es largo, pero es un placer leer la sencillez con la que Marcos narra la vida del Señor.

Y en el Evangelio, que es el final del Evangelio de Marcos, lo que hemos leído ahora, está el envío del Señor. El Señor se reveló como el Salvador, como el único Hijo de Dios; se reveló a todo Israel y al pueblo, especialmente con más detalle a los apóstoles, a los discípulos. Esta es la despedida del Señor: el Señor se va, se marcha, y "subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios". Pero antes de partir, cuando se apareció a los Once, le dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura". Está la misionariedad de la fe. La fe es misionera o no es fe. La fe no es una cosa sólo para mí, para que yo crezca con fe: esto es una herejía gnóstica. La fe siempre te lleva a salir de ti mismo. Salir. La transmisión de la fe; la fe debe ser transmitida, debe ser ofrecida, especialmente con el testimonio: "Vayan, que la gente vea cómo viven".

Alguien me dijo, un sacerdote europeo, de una ciudad europea: "Hay tanta incredulidad, tanto agnosticismo en nuestras ciudades, porque los cristianos no tienen fe. Si la tuvieran, seguramente se la darían al pueblo". Falta la misionariedad. Porque en la raíz falta la convicción: "Sí, soy cristiano, soy católico, pero...". Como si fuera una actitud social. En el carné de identidad te llamas así, así, y "soy cristiano". Eso es un dato en la tarjeta de identidad. Eso no es fe. Esto es algo cultural. La fe necesariamente te hace salir, te lleva a darla, porque la fe se transmite esencialmente. No es quieta. "Ah, ¿quiere decir, Padre, que todos tenemos que ser misioneros e ir a países lejanos?" No, eso es parte de la misionariedad. Esto significa que si tienes fe debes necesariamente salir de ti, debes salir de ti, y mostrar socialmente la fe. La fe social es para todos: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura. Y esto no significa hacer proselitismo, como si yo estuviera en un equipo de fútbol o fuese una sociedad de beneficiencia. No, la fe es "nada de proselitismo". Es hacer ver la revelación, para que el Espíritu Santo pueda actuar en la gente con el testimonio, y como un testigo con el servicio. El servicio es un modo de vivir: si digo que soy cristiano y vivo como un pagano, ¡no va! Esto no convence a nadie. Si digo que soy cristiano y vivo como tal, eso atrae. Es el testimonio.

Una vez, en Polonia, un estudiante universitario me preguntó: "En la universidad tengo muchos compañeros ateos. ¿Qué tengo que decirles para convencerlos?" - "¡Nada, querido, nada! Lo último que necesitas hacer es decir algo. Empieza a vivir y ellos verán tu testimonio y te preguntarán: "¿Por qué vives así?" La fe debe ser transmitida, pero no para convencer, para ofrecer un tesoro. "Está allí, ¿ves?" Y esta es también la humildad de la que habló San Pedro en la primera lectura: "Queridos hermanos, que en su trato mutuo la humildad esté siempre presente, pues Dios es enemigo de los soberbios, y en cambio, a los humildes les concede su gracia". ¿Cuántas veces en la Iglesia, en la historia, han habido movimientos, grupos, de hombres o mujeres que han querido convencer a la gente de la fe, convertir... Verdaderos "proselitistas". ¿Y cómo terminaron? En la corrupción.

Es tan tierno este pasaje del Evangelio. ¿Pero dónde está la seguridad? ¿Cómo puedo estar seguro de que al salir de mí seré fructífero en la transmisión de la fe? "Proclamen el Evangelio a toda criatura", harán maravillas. Y el Señor estará con nosotros hasta el fin del mundo. Él nos acompaña. En la transmisión de la fe, siempre está el Señor con nosotros. En la transmisión de la ideología habrá maestros, pero cuando tengo una actitud de fe que debe ser transmitida, está el Señor que me acompaña. Nunca, en la transmisión de la fe estoy solo. Está el Señor conmigo que transmite la fe. Lo prometió: "Estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo".

Pidamos al Señor que nos ayude a vivir nuestra fe de esta manera: fe de puertas abiertas, una fe transparente, no "proselitista", sino que haga ver: "Pero yo soy así". Y con esta sana curiosidad, ayude a la gente a recibir este mensaje que los salvará.

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