Viernes, 22 de marzo de 2019

Religión en Libertad

Un lugar peligroso para la vida humana


por Monseñor Nicholas DiMarzio

Opinión

Cada enero recordamos un triste episodio de nuestra historia estadounidense que ocurrió en la década de 1970 con el fallo del Tribunal Supremo en Roe vs. Wade, que legalizó el aborto por cualquier motivo hasta las 24 semanas de embarazo, y en cualquier momento después si la vida de la madre está en riesgo.

Es importante decir que la demandante “Roe” se arrepintió más tarde por su aborto e incluso se convirtió en católica.

Esta decisión del Tribunal Supremo sigue en pie y hoy existe mucha polémica sobre el hecho de que el Tribunal Supremo vuelva a afirmar su decisión. Esto no sucederá a menos que un caso pase a través de los tribunales inferiores y encuentre su camino hacia el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, donde quizás se pueda hacer alguna limitación al “derecho” constitucional al aborto. Mientras tanto, sin embargo, todos debemos trabajar para cambiar la mentalidad de las personas de que no se trata de una decisión del Tribunal Supremo, aunque ésta condone el aborto.

Lamentablemente, es nuestra cultura la que se ha convertido en una cultura de la muerte que promueve el aborto. En el estado de Nueva York nos hemos convertido en la capital nacional del aborto, con una tasa de 29,6 abortos por cada 1000 mujeres en edad reproductiva. Este número es más del doble del promedio nacional de abortos. Y esto es solo el comienzo de lo que ocurrirá en Nueva York si se aprueba alguna legislación sobre la que hablaré.

Uno de los eventos significativos de enero es la Marcha por la Vida, que generalmente se lleva a cabo alrededor del 22 de enero, fecha de la decisión del Tribunal Supremo de 1973. Lo más destacable de la Marcha por la Vida es que se ha convertido en un evento juvenil.

Nuestros jóvenes de hoy tienen un agudo sentido del medio ambiente y un amor por la ecología. Y no existe una ecología más importante que la ecología humana y la protección de la vida desde su gestación hasta su final natural. Nuestro entorno, para asegurar el futuro de la vida humana, como el Papa Francisco ha dicho en su encíclica Laudato Si‘ (“sobre el cuidado de la casa común”), se relaciona realmente con este peligro en el que el útero de una mujer se ha convertido en el lugar más peligroso para un feto aún por nacer.

El poder legislativo del estado de Nueva York y el gobernador aprobaron una ley denominada “Ley de salud reproductiva” este mes.

El propósito de esta legislación es consagrar los objetivos de Roe vs. Wade en la constitución del estado de Nueva York, de modo que si Roe vs. Wade se anulara todavía tendríamos abortos en nuestro estado.

Este proyecto de ley:

-Permite que personas que no son médicos practiquen abortos.

-Permite los abortos por cualquier motivo en el tercer trimestre del embarazo hasta la fecha de parto de la madre.

-Elimina todas las sanciones penales contra el aborto, incluso si este fuera contrario a la decisión de la madre, como cuando se ataca intencionalmente a un niño por nacer en un acto de violencia.

-Elimina las protecciones de nuestro estado para bebés nacidos accidentalmente vivos al practicarse un aborto.

Esta es en realidad una ley extremista que va mucho más allá de lo que ahora mismo permite Roe vs. Wade.

Es importante que nuestras voces se escuchen en el estado de Nueva York en este momento. Deberíamos lo antes posible mostrar nuestra oposición a este proyecto de ley de expansión del aborto

Es especialmente importante que defendamos la vida. Estados Unidos necesita población y el movimiento que, en nuestra cultura, pretende quitar la vida y los derechos a los más débiles solo terminará cuando empecemos a defender la vida en todas sus etapas.

La defensa de la vida es verdaderamente un ejercicio que nos obliga a sumergirnos en las aguas profundas de nuestra cultura, que se ha convertido de muchas formas en un lugar peligroso para la vida humana. Nuestro entorno, la cultura de la guerra y la violencia y muchos otros factores que contribuyen a las enfermedades transmisibles, hacen que sea más difícil que la vida florezca. El mayor regalo que tenemos de Dios es la vida misma. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para defender y promover la vida en todas sus expresiones. Únase a mí este mes mientras oramos de manera especial por la defensa de la vida, particularmente en nuestro estado de Nueva York.

Publicado en Nuestra Voz y The Tablet. Ha sido levemente actualizado por ReL en los tiempos verbales, toda vez que la ley entonces en trámite fue finalmente aprobada.

Nicholas DiMarzio es obispo de Brooklyn.

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