El juego como sentido divino de la existencia
La creación es fruto de la gratuidad divina y nuestra libertad encuentra su sentido en un horizonte que nos precede y supera.
'Juegos de Niños' (detalle, c. 1560), de Pieter Brueghel el Viejo: una metáfora de la acción de Dios en el mundo.
Pensar la vida desde la categoría del juego puede ser una provocación teológica, ya que esta imagen permite expresar con notable profundidad el modo en que la fe cristiana comprende la existencia: no como una tarea puramente utilitaria, sino como participación libre, responsable y gozosa en el designio amoroso de Dios. Vivir en el juego de Dios no equivale a vivir superficialmente, sino a reconocer que la creación es fruto de la gratuidad divina y que nuestra libertad encuentra su sentido dentro de un horizonte que nos precede y nos supera.
El juego, en su forma más auténtica, posee valor en sí mismo. No se reduce a un medio para otro fin, sino que es expresión de plenitud, creatividad y presencia. Esta dimensión ilumina el acto creador: Dios no crea por necesidad, sino por amor, y sostiene el mundo no como un mecanismo cerrado, sino como una historia abierta, confiada a la libertad humana.
La libertad
La conocida pintura Juegos de niños de Pieter Brueghel el Viejo ofrece una poderosa metáfora visual de esta visión. En ella, una multitud de niños participa simultáneamente en juegos diversos, sin un centro único ni un protagonista absoluto. Cada figura está enfocada en su acción, sin percibir el conjunto completo, y, sin embargo, el espectador descubre una cierta armonía global. Teológicamente, la escena evoca la condición humana: cada persona vive su historia parcial, limitada, a veces ambigua, pero integrada en un sentido mayor que no puede controlar del todo. Brueghel no idealiza el juego; muestra también sus excesos y distorsiones, recordándonos que la libertad puede perder orientación cuando se desvincula de su fundamento. Aun así, el conjunto sugiere que la historia no es un caos sin sentido, sino un entramado sostenido por una lógica que trasciende a los jugadores.
Esta comprensión de la existencia resulta especialmente fecunda para el diálogo entre la fe cristiana y el mundo. Si la vida es participación en el juego de Dios, entonces el compromiso, la responsabilidad social y el servicio no nacen del mero deber, sino de la conciencia de formar parte de una obra mayor, buena y significativa. Servir al mundo es aprender a jugar bien el propio papel, con humildad, fidelidad y esperanza, aun sin poseer la visión total del conjunto.
En nuestro día a día ¿jugar?
Profundizaremos en estos temas en el XX Encuentro Fe cristiana y servicio al mundo, que organiza la Fundación Maior el 7 de marzo de 2026, en Madrid, Marqués de Urquijo 18 (metro Argüelles).
El encuentro quiere ser un espacio de reflexión compartida donde la fe pueda pensarse no como algo anecdótico o secundario, sino como clave interpretativa de la existencia y motor de un servicio responsable en la sociedad actual. En un mundo marcado por la prisa, la utilidad y el control, volver a pensar la vida como “juego de Dios” puede abrir un camino renovado de sentido, libertad y compromiso.
'Vivir en el juego de Dios': un espacio para la reflexión cristiana.