La generación de la esperanza
A pesar del ritmo frenético al que se la conduce, no se ha podido anular en la juventud el deseo de conocer a Dios.

A la generación Z se le ha arrebatado a Dios y es poco religiosa, pero una parte creciente de ella, al sentir ese vacío, está respondiendo como describe San Agustín.
En los últimos meses, diversos medios en los Estados Unidos han destacado ciertos indicios que apuntan a un posible resurgimiento del cristianismo, particularmente del catolicismo, entre los jóvenes pertenecientes a la generación Z, es decir, los nacidos entre 1997 y 2012. De acuerdo con el último análisis realizado por el Cooperative Election Study en el 2023, por primera vez en los Estados Unidos los jóvenes católicos (21%) pertenecientes a la generación Z superan en número a los protestantes (19 %).
El auge del catolicismo parece no ser exclusivo de los Estados Unidos pues Francia (donde solo entre el 2% y el 5% de los católicos asisten a misa semanalmente) ha visto cuadriplicarse los bautizos entre jóvenes de 18 a 25 años. Y en Inglaterra, por primera vez desde que Enrique VIII se separase de la Iglesia católica, los católicos pertenecientes a la generación Z han superado en número a los anglicanos en una proporción de 2 a 1. En cuanto a España, el proceso de secularización ha sido tan profundo que en 2023 solo el 51% de los españoles se declaraba católico. No obstante, en los dos últimos años este proceso acelerado parece haberse detenido e incluso se observa un ligerísimo repunte del catolicismo, especialmente en la generación Z, dentro de la cual uno de cada tres jóvenes se declara católico.
A pesar de estos esperanzadores datos, el Centro de Investigación Pew sugiere que la narrativa de un resurgimiento religioso podría ser exagerada debido a que la generación Z es también la generación menos religiosa en la historia de los Estados Unidos. Pues un 44,4% de dicha generación se declara no religioso y el 31% no se identifica con ninguna religión en particular. Esto en comparación con el promedio nacional del 29%.
Asimismo, un informe publicado el pasado 4 de noviembre por el grupo de laicos católicos Leadership Roundtable reveló que los católicos de entre 18 y 29 años son "los más comprometidos”, ya que el 45% de estos jóvenes que se identifican como cristianos participan en las actividades parroquiales. Sin embargo, varios estudios señalan que también son mucho más progresistas que otros estadounidenses pues, uno de cada cinco jóvenes de la generación Z se identifica con alguno de los “muchos géneros” de la ideología de género. Además, no podemos olvidar que la pérdida de fieles, en las últimas décadas, ha sido altísima en todo Occidente y que un creciente número de católicos (la mayoría jóvenes) sigue abandonando la Iglesia. De hecho, en los Estados Unidos, por cada converso, 8 personas se marchan de la iglesia.
Si bien ante estos datos no podemos mostrarnos optimistas, tampoco podemos pecar de pesimismo pues, el cristiano siempre tiene razones para la esperanza. Ya que, como bien señala Chesterton: “El cristianismo ha muerto muchas veces y otras tantas ha resucitado, pues cuenta con un Dios que sabe cómo salir del sepulcro”.
Además, los estudios antes mencionados confirman algo que la iglesia siempre ha enseñado. El hombre, al estar creado “a imagen de Dios”, es capaz de Dios (Capax Dei) y puede conocerle a partir de las cosas creadas. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica:
- “El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar”.
Sin embargo, como también señala:
- “Esta unión íntima y vital con Dios puede ser olvidada, desconocida e incluso rechazada explícitamente por el hombre”.
Y eso es precisamente lo que estamos viendo desde hace décadas en una parte importante de la sociedad que, por distintos “motivos” rechaza a Cristo y a la Iglesia por Él fundada. Muchos, debido a la ignorancia o a la indiferencia religiosa, otros debido al mal en el mundo y a los escándalos de los malos católicos y otros porque han sido seducidos tanto por los afanes y placeres del mundo como por las muchas y diversas corrientes de pensamiento anticristianas.
A esto se aúna el que vivimos (en especial los jóvenes) sumergidos en un ritmo frenético marcado por el ruido constante, las distracciones y la permanente búsqueda del placer y del entretenimiento. Todo ello hace sumamente difícil encontrar momentos de silencio y reflexión necesarios para escuchar a Dios, Quien no se cansa de llamarnos.
A pesar de esto, no se ha podido ahogar ese deseo -que viene de lo más profundo del alma humana- de conocer a Dios. Por lo cual muchos jóvenes, cansados y decepcionados de las vacías, fútiles y engañosas promesas del mundo, están buscando activamente a Dios. Como señala San Agustín: “Porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti” (Confesiones).
Por otro lado, el declive tanto del anglicanismo como de varias denominaciones protestantes debería servirnos para reflexionar. Pues ambos, a sus errores pasados (que los llevaron a separarse de la Iglesia católica al rechazar varios de sus dogmas y enseñanzas) han incorporado, a su sistema, los yerros de las ideologías en boga, lo cual ha traído una masiva deserción en sus filas, pues una religión laxa se vuelve irrelevante.
Por ello, un catolicismo diluido en el cual, a la manera del protestantismo, cada uno "elige a la carta" qué dogma creer y qué enseñanzas seguir solo puede llenar de manera superficial el anhelo de Dios. El alma humana, creada para lo eterno, seguirá deseando la Verdad. Parafraseando a Chesterton, no necesitamos una religión que nos haga sentirnos bien y cómodos con nosotros mismos, sino una religión que, ante nuestros errores y los errores del mundo, defienda y predique la Verdad.
Pues, como también afirmó Chesterton: “La Iglesia católica es lo único que salva al hombre de la degradante esclavitud de ser hijo de su tiempo”. Ya que solo la iglesia puede, en la incertidumbre y falsedad, ofrecer certeza; en el caos, poner orden; en la ambigüedad, dar claridad; y en un mundo en constante cambio, ofrecer la belleza de la tradición, siempre antigua y siempre nueva.
Pidamos a Cristo Su gracia para conservar, defender y predicar todo cuanto El reveló a Su iglesia. No porque deseemos estadísticas favorables, sino porque deseamos que más personas entren a la única Barca de Salvación, la Iglesia. Pues nuestra misión como católicos no es “aumentar nuestro número” sino salvar almas.
“El hombre está hecho para vivir en comunión con Dios, en quien encuentra su dicha”, pues “como el alma es la vida del propio cuerpo, así Dios es la vida de la propia alma. Como el cuerpo muere cuando lo abandona el alma, así también el alma muere si la abandona Dios” (San Agustín, Sermón 273).