Religión en Libertad

La guerra cultural después de Dobbs

¿Qué estrategia es eficaz contra el aborto? ¿Intentar la prohibición total o cambiar la mentalidad?

La ciencia del desarrollo embrionario se ha convertido en una gran aliada de la lucha provida. En la imagen, ecografía de un embarazo de 14 semanas.

La ciencia del desarrollo embrionario se ha convertido en una gran aliada de la lucha provida. En la imagen, ecografía de un embarazo de 14 semanas.London Tayy (captura)

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El 24 de junio de 2022, el movimiento pro-vida ganó. Se revocó la sentencia Roe. Se elevaron oraciones de agradecimiento, se descorcharon botellas y el movimiento finalmente respiró aliviado. Después de 50 años, finalmente obtuvimos una victoria, la victoria por la que habíamos participado en las marchas, rezado y luchado durante medio siglo.

Pero mientras respirábamos aliviados, el movimiento proaborto se puso en marcha en los Estados. Entendieron que, aunque habían perdido en el tribunal federal, esa derrota no significaba nada si podían ganar la mente de la gente. Mientras intentábamos aprobar prohibiciones estrictas del aborto en los Estados, nuestros oponentes entendieron que el estadounidense medio no estaba preparado para votar a favor de esas prohibiciones. Los datos demuestran que tenían razón.

Las últimas estadísticas de la Society of Family Planning [Sociedad de Planificación Familiar] muestran que los abortos han aumentado cada año desde Dobbs, incluyendo un aumento del 4% comparando mes a mes los primeros seis meses de 2025 con los de 2024. No podemos ganar sin ganar la cultura; y en este momento, no estamos haciendo lo suficiente.

Gran parte del aumento desde Dobbs se debe al incremento de los abortos químicos, que según la Society of Family Planning representan el 27% de los abortos realizados en el país. Ahora que el acceso al aborto es más fácil que nunca, sabemos que la lucha legal y centrada en los tribunales a favor de la vida ha fracasado. Primero debemos ganar la batalla cultural y luego la judicial. Para ello, el movimiento provida debe adoptar un principio fundamental de la doctrina social católica: la subsidiariedad. Una vez que lo hagamos, tendremos que aceptar las victorias graduales en los tribunales siempre que podamos conseguirlas.

Ganar la cultura a través de la idea de subsidiariedad

La subsidiariedad es el principio católico según el cual los problemas deben resolverse en el nivel más bajo que sea lo suficientemente competente para resolverlos. En otras palabras, los problemas se resuelven mejor en el nivel en el que surgen. En la práctica, esto significa que el gobierno nacional no debe decidir las zonas municipales de aparcamiento, ni el ayuntamiento de su ciudad debe dictar la política exterior nacional. Cada nivel de la sociedad tiene su propio ámbito.

El movimiento provida debe adoptar este marco. Si los problemas deben resolverse donde surgen, entonces debemos empezar por donde realmente se origina el aborto: en la conciencia individual. Durante cincuenta años, el movimiento se obsesionó con revocar la sentencia Roe a nivel federal; mientras tanto, la opinión pública se decantó decisivamente por aceptar el aborto.

Sí, siempre ha habido rescatadores en la calle y vigilias de oración en el exterior de los abortorios. Pero eso no es suficiente para cambiar la opinión a nivel nacional.

Si se diera el mejor de los escenarios y el 100% de las mujeres que van a abortar se encontraran en la calle con un rescatador, cambiaran de opinión y se convirtieran ellas mismas en defensoras de la vida, eso significaría que solo se influiría cada año sobre el 1,54% de la población femenina en edad fértil. Ese es el porcentaje de mujeres que solicitan abortos cada año, según el Instituto Guttmacher. Aunque, con el tiempo, eso se acumularía, la realidad es que el mejor de los escenarios rara vez se da.

La mayoría de las mujeres siguen adelante con el aborto a pesar de los rescatadores. Esos defensores del derecho a la vida merecen respeto: su sacrificio es importante. Pero no es suficiente para cambiar una nación.

El movimiento provida necesita una campaña cultural dirigida a la conciencia individual, no a las batallas judiciales. Esta campaña debe llegar más allá del 1,5% de las mujeres que buscan abortar; debe persuadir a la nación. Puede adoptar muchas formas (vallas publicitarias, televisión local, redes sociales), pero el contenido debe ser coherente.

Centrémonos en la ciencia del desarrollo fetal. Demasiados defensores del movimiento provida argumentan desde una perspectiva teológica, lo que aleja a los laicos y a los indecisos. La ciencia habla de otra manera. Muestra a la gente cómo es un bebé en cada etapa de su desarrollo con imágenes realistas. Si eres un rescatador, utiliza fotos reales de bebés abortados, por muy espantosas que sean. Presenta los hechos biológicos sin disculparte. Las imágenes persuaden donde las palabras a menudo fallan.

Los defensores del aborto ganan la batalla de la opinión pública con narrativas emotivas: la niña de 12 años violada, la huérfana maltratada, la mujer sin hogar. Esas historias representan una fracción minúscula de los abortos a nivel nacional; no tenemos por qué darles crédito. En lugar de contrarrestar una historia con otra, lo único que necesitamos son imágenes y ciencia. Una sola foto de un bebé tras un aborto tiene más impacto que mil historias extremas de los defensores del aborto.

Ganar la batalla cultural lleva tiempo, pero es posible. Es posible si empezamos por la conciencia individual y luego trabajamos hacia afuera. Y sí, con el tiempo también tendremos que ganar en los tribunales. Por suerte para nosotros, hemos recibido un plan sobre cómo hacerlo.

Un cambio gradual es mejor que ningún cambio

El movimiento provida aprendió una dolorosa lección en Kentucky y Kansas después de Dobbs. Ambos estados sometieron a votación enmiendas constitucionales destinadas a dejar claro que sus constituciones estatales no protegen el derecho al aborto. Pero el bando proabortista logró replantear la cuestión diciendo a los votantes que estas enmiendas acabarían conduciendo a la prohibición total del aborto. Alarmados por ello, los votantes rechazaron las enmiendas. ¿Por qué? Porque la gente no estaba preparada para lo que pensaba que vendría después.

Nebraska lo hizo de otra manera. En lugar de preguntar a los votantes sobre la interpretación constitucional, Nebraska les preguntó directamente: ¿apoyan un límite de 12 semanas para el aborto? Los votantes dijeron que sí. Nebraska entendió lo que Kansas y Kentucky no entendieron: cuando se le da a la gente una opción clara y comprensible sobre la política del aborto, apoyarán restricciones razonables. O, más exactamente, los votantes apoyarán lo que consideran razonable.

Sí, el límite de 12 semanas de Nebraska no es ideal. Todavía se practican abortos. Pero los líderes provida de Nebraska comprendieron una verdad crucial: el pueblo estadounidense no está preparado para una prohibición total. Sin embargo, también rechazan la postura del "todo vale" y el aborto hasta el momento del nacimiento. El término medio es donde los votantes votarán realmente a favor de la protección de la vida. En Nebraska, ese término medio fue de 12 semanas; en otros estados puede ser de 15 o 18 semanas. Pero una prohibición de 15 semanas, incluso de 18 semanas, es mejor que nada.

Debemos trabajar en dos frentes a la vez: encontrar y aprobar el término medio que los votantes apoyarían ahora, mientras cambiamos las opiniones y actitudes para el futuro. Una vez que comencemos a cambiar las opiniones individuales, podremos endurecer las restricciones de forma gradual. Aprobar hoy una prohibición de 15 semanas y luego dedicar años a conseguir apoyo para una prohibición de 12 semanas. Después pasar a 10 y luego a seis. La estrategia es sencilla: pedir lo que la gente está dispuesta a dar y, poco a poco, cambiar su mentalidad para que den más. Si presionamos demasiado desde el principio, lo perderemos todo.

Hemos esperado cincuenta años para revocar la sentencia Roe. Es hora de prepararnos para otros cincuenta más para recuperar la cultura. Pero debemos hacerlo de la manera correcta: empezar por los corazones de los estadounidenses, no por los tribunales.

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