Felicitar el Año Nuevo
A veces Dios nos regala acontecimientos felices atravesando crudos desiertos y mares tempestuosos.
Celebramos el Año Nuevo como si nuestra felicidad en él dependiese del azar, y no de nuestra confianza en los designios de Dios.
Cuando felicitamos el Año Nuevo, parece que la felicidad que deseamos quede ligada a unos acontecimientos ajenos y externos a nuestra voluntad, por lo que está justificado que también deseemos "suerte" para esta lotería en la que desconocemos qué nos va a tocar. Hemos hecho nuestros rituales paganos para atraer esa suerte, cómo pueden ser comer las uvas, justo en ese momento en el que antes nuestros padres rezaban agradeciendo a Dios el año que terminaba y pidiendo su bendición y ayuda para el que se iniciaba.
Quedamos pues, bailando como marionetas, como seres cuyo destino marca el azar, olvidando que somos consanguíneos de ese Dios Niño cuyo nacimiento acabamos de celebrar. Olvidamos que estamos inmersos en una aventura increíble y maravillosa que nos lleva a un destino que Dios ya nos ha adelantado y que podemos saborear en esos "momentos de Monte Tabor" que se nos van presentando, y que no siempre están ligados a acontecimientos felices, sino que a veces Dios nos los regala atravesando crudos desiertos y mares tempestuosos.
Que no equivoquemos a aquellos que están en búsqueda de la verdad con nuestro comportamiento pagano. Que vivamos este Nuevo Año 2026 sin que lo que esté por venir nos despierte miedo y deseos de tener suerte en medio del azar, sino un intenso deseo de abrir los ojos para poder ver la sacralidad que esconde cada uno de los acontecimientos que Dios nos tiene preparados. No hay amuletos, no hay seguridades humanas con las que controlar lo que ha de venir. Todo pasa por preparar el corazón para amar y confiar en un Padre Bueno. Si aprendemos a hacerlo, realmente los que nos miren podrán decir aquello de que "a los cristianos todo les sirve para el Bien". ¿No es maravilloso vivir esta libertad de hijos de Dios antes que la pobreza de vivir esclavo de las circunstancias?
Por eso deseo de todo corazón que los cristianos felicitemos de forma diferente.
Que el Año Nuevo sea bonito porque lo pintemos con los colores de la concordia, de la mansedumbre, y de la paz entre los pueblos que nacerán de la Paz que habite el corazón de cada persona. ¡Que el Príncipe de la Paz nos ayude a conseguirlo!