Lunes, 15 de agosto de 2022

Religión en Libertad

Una Iglesia para todos

'Curación del paralítico' de Murillo.
'Curación del paralítico' de Bartolomé Esteban Murillo (1670). ¿Qué quedaría de los Evangelios sin los milagros de Jesús sobre ciegos, sordos, cojos, tullidos...?

por Ignacio Segura Madico

Opinión

Más allá de todos los esfuerzos realizados y de las actitudes predicadas, la búsqueda sigue siendo compleja: ¿cómo llegar a dar a la persona discapacitada el lugar que le corresponde en la Iglesia?

A nosotros, cristianos, las personas discapacitadas nos plantean una cuestión: ¿qué Iglesia quieren? ¿Una reunión de consumidores preocupados de su comodidad espiritual mirándose solamente a ellos mismos, o la verdadera Iglesia de Jesús que reúne nuestras diferencias, Iglesia que está constituida por comunidades fraternales donde todos son de verdad hermanos, sin distinción?

La Iglesia, tras Jesús, tiene por misión de revelar qué se ofrece a todos los hombres. La pertenencia a la Iglesia invita a todo hombre a unirse al pueblo de los que creyeron en la doctrina de Jesús.

Antes de que la Iglesia sea este lugar donde se significa y se realiza esta fraternidad, la Iglesia será un lugar de protesta de la sociedad y de sí misma.

Nuestra sociedad está basada en gran parte en el liberalismo, una sociedad de competencia que excluye a menudo en nombre de la fuerza, el conocimiento, la rentabilidad. Pensamos que la Iglesia debe ser un lugar de protesta, denuncia, conflicto de la sociedad y de sí mismo para crear espacios de comunicación y recepción. En la Iglesia, se habla a menudo de las personas discapacitadas como una causa que debe defenderse, pero todo queda en hablar.

Más allá de su tarea de protesta, la Iglesia debe sobre todo certificar que el Evangelio es la Buena Noticia para todos.

La Iglesia debe ser como un lugar de certificado del Reino de Dios: un nuevo mundo de justicia donde un nuevo futuro se instaura. La Iglesia debe convertirse en un espacio de participación y responsabilidad para todos. La plena responsabilidad, la plena madurez, la plena dimensión concedida o más bien devuelta a las personas discapacitadas, es la señal que el Reino está allí y que la propia Iglesia es plenamente cuerpo místico de Cristo.

Mientras las personas discapacitadas no hayan adquirido su plena integración en la iglesia, Esta no se estará acercando plenamente al Evangelio y la doctrina de Jesús.

Para que estas propuestas se realicen lo mejor posible, descubrimos que la persona discapacitada no debe ya ser considerada como un objeto de intervención ni incluso como un tema de estudio o trabajo, sino como un verdadero hermano en Cristo. Una relación de persona a persona se instaura. La persona discapacitada se convierte en protagonista de su propia evolución, de su propia vida. Participa al igual que todos en la elaboración de las decisiones. Colabora en la instauración de nuevas orientaciones para establecer una sociedad y una Iglesia donde cada uno tiene su lugar.

Fomentemos la reflexión relativa a la dignidad de todo hombre y el valor de la vida de la persona discapacitada.

Aceptemos la vida como un regalo de Dios, aceptando a todos los hermanos como al propio Jesús.

Valoricemos y profundicemos en la concepción teológica y eclesiológica del lugar de las personas discapacitadas en la Iglesia.

Demos una participación activa a toda persona discapacitada y propongamos una participación dinámica en las manifestaciones de la vida de la Iglesia.

Suscitemos una pastoral enfocada hacia las personas con discapacidad donde la persona discapacitada tiene su lugar y se convierte en protagonista de su entorno evangélico, no formando un gueto, si no acercándose hacia los demás.

 Fomentemos los proyectos y las iniciativas de unas verdaderas pastorales hacia la discapacidad que desde las mismas pueden ayudar a trabajar y comprender más al colectivo que representan, haciendo comunidad en todas nuestras realidades eclesiásticas.

Una Iglesia que no reconoce a las personas discapacitadas no sería fiel a la imagen del Cuerpo de Cristo. Si se suprimieran en el Evangelio todos los pasajes relativos a los ciegos, a los sordos, a los mudos, a los cojos, a los paralíticos, ¿no se cortaría profundamente el significado del Evangelio?

La Iglesia más que nunca invita a superar un discurso de buenas intenciones para acoger a las personas discapacitadas como verdaderos hermanos.

Ignacio Segura Madico es vicepresidente de CECO (Ciegos Españoles Católicos Organizados).

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