Martes, 06 de diciembre de 2022

Religión en Libertad

A la hora de ayudar a estas personas hay que tener en cuenta ciertas circunstancias

7 sugerencias para traer de vuelta a los católicos que se han alejado de la Iglesia o perdido la fe

Dos mujeres conversando
Hay formas de ayudar a católicos que abandonaron la Iglesia para que vuelvan a la parroquia

J.L. / ReL

¿Cuántas personas has conocido a lo largo de tu vida que eran católicas, que se definían como tal e incluso llevaban una vida coherente o que participaban en las actividades de la parroquia y han acabado dejando la Iglesia?

Seguro que conoces a una, varias o incluso muchas personas que han abandonado la práctica religiosa o que incluso ahora reniegan de la fe aún habiendo vivido muy insertados en la Iglesia.

Ante esta situación surge un gran interrogante: ¿cómo se puede ayudar a estas personas? ¿Cuál es la mejor forma de hacer que regresen a la Iglesia? No siempre es fácil, pues los motivos que han llevado a estas personas a alejarse de la fe pueden ser desde un enfriamiento religioso a una dura experiencia en el seno de la Iglesia.

Marcel Lejeune es muy consciente de esta realidad y de la delicadeza con la que hay que volver a presentar la fe católica a estas personas.

Lejeune es una autoridad en evangelización y estrategia parroquial. Casado y con cinco hijos, preside los programas de formación apostólica de Catholic Missionary Disciples, un ministerio católico con sede en Texas que fomenta la formación de evangelizadores y parroquias evangelizadoras, también con técnicas de coaching personalizado.

Marcel Lejeune

Para ello, a través de Catholic Missionary Disciples presenta algunas sugerencias concretas para acercarse a estas personas que abandonaron la Iglesia:

1. No respondas preguntas que no tengan.

Lejeune asegura que con demasiada frecuencia escucha auténticos monólogos de los católicos a aquellos a quienes están tratando de evangelizar. Recuerda que una vez se le preguntó a un evangelista qué haría si tuviera una hora para evangelizar a un ateo. Su respuesta fue: “escucharía durante 50 minutos y respondería apropiadamente durante 10”.

“Estoy de acuerdo y necesito trabajar personalmente en esto. Necesitamos saber lo que los otros necesitan para ayudarle realmente. A nadie le gusta escuchar a otro predicarles, cuando primero no se sienten escuchados. La mayoría de la gente moderna no hace preguntas sobre el purgatorio o María. Hacen preguntas sobre la identidad, el significado y la existencia de Dios. Están haciendo grandes preguntas existenciales que muchos católicos no tienen respuestas adecuadas para ellos mismos”, explica

2. Sé lo suficientemente respetuoso como para escuchar la verdadera razón por la que se fueron, no la que tú les asignas

Nuevamente recomienda hacer preguntas que lleguen al meollo del asunto. “¿Qué te hizo irte?”, “¿qué le da sentido a tu vida ahora?”, “¿qué echas de menos de la Iglesia?”, etc. Una vez que se haya escuchado lo suficiente como para comprender su situación, es posible que tengas una mejor comprensión de lo que se puede hacer para ayudarlos. “Además, ¿a quién no le gusta ser escuchado y verdaderamente valorado, en lugar de convertirse en un proyecto? Una de mis máximas favoritas es: puedes entender sin estar de acuerdo. Esto debería practicarse con nuestros amigos y familiares que se han ido de la Iglesia”, afirma Lejeune.

3. Apuntar a curar la enfermedad, no tratar los síntomas

Este experto en evangelización señala que “Dios es el Médico Divino, que quiere sanar lo que nos aflige (es decir, el pecado y la muerte). Él hace esto por su gracia, que recibimos y elegimos cooperar. Esta gracia está fácilmente disponible para nosotros (especialmente en los Sacramentos). Entonces, lo que queremos hacer es lograr que alguien tenga una relación correcta con Dios, no preocuparse por tratar los síntomas (su pecado) antes de tratar esta relación. En otras palabras, las relaciones normalmente preceden al cambio de comportamiento. La conversión precede al arrepentimiento. La respuesta al Evangelio precede a la transformación de los hábitos. Dios es el médico que sana, no nosotros. No podemos curar el pecado y la muerte. Pero Jesús puede... si tan solo lo dejamos”.

4. Si está herido, entonces dale espacio para expresar sus heridas

Hacer saber a alguien que lo echan de menos puede ser lo que les dé espacio para regresar. La gente quiere ser atendida. Una vez que sepan que te importa, puedes ganarte el derecho a ser escuchado por ellos.

5. Invierte en relación antes de volver a invitarle a los sacramentos

Esto puede parecer contradictorio para muchos católicos, pero funciona. La mayoría de los católicos que se fueron abandonaron la recepción activa de los sacramentos porque faltaba algo no sacramental. Por lo tanto, Lejeune considera que se debe apuntar a reemplazar ese elemento que falta. En la mayoría de los casos es una relación.

La escucha es una parte fundamental en este proceso.

6. Rezar

“No creo que deba profundizar en esto, pero baste decir que si no rezas, entonces no tienes acceso al poder espiritual de Jesús. No solo necesitas cuidarte a ti mismo, sino que no puedes ocuparte de las necesidades espirituales de los demás sin la ayuda de Dios”, recuerda Marcel Lejeune.

7. Ofrece tu testimonio

Cuando sea el momento adecuado (y esto será diferente en cada situación), da tu testimonio del poder de Dios en tu vida.

8. Nunca subestimes el poder de proclamar la Buena Noticia acerca de Jesús

Pero se debe quedar únicamente proclamarla, sino también en invitar a una respuesta por parte del oyente.

Sin embargo, Marcel Lejeune ofrece también tres puntos sobre 3 cosas que no hay que hacer:

1. Impaciencia con los tiempos de Dios

"No permitas que la impaciencia se interponga en tu trabajo de hacerlo lo mejor que puedas para amar a los demás. Recuerda que Dios siempre quiere lo mejor para los demás, más de lo que puedas imaginar”, recuerda Lejeune.

2. Nunca regañes, despotriques ni seas demasiado crítico

Las razones de una persona para alejarse de la Iglesia pueden parecer que no tienen mucho sentido para ti y eso puede ser cierto. Pero no necesitan tener sentido para ti para que otros se vayan. Por lo tanto, por mucho que sientas la tentación de regañar (especialmente a los miembros de la familia), quejarse, discutir, despotricar o criticar, resiste esta tentación a toda costa. No ayuda, solo aleja más.

3. No esperes a que vengan a ti

Dice Lejeune que “todos deseamos amigos que tomen la iniciativa, nos inviten a lugares, nos cuiden, se comuniquen con nosotros, etc. Bueno, sé tú ese amigo (o miembro de la familia) para los demás y descubre que ser un buen amigo significa que eventualmente tendrás buenos amigos”.

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