La experiencia cercana a la muerte que llevó a un embajador español a estudiar Teología
Una vivencia límite cambió la vida de Jorge Urbiola. Hoy, tras años en la diplomacia, acerca la Biblia a través de sus relatos.

El Embajador Jorge Urbiola con los Obispos de Astaná y Almaty en Kazajstán
La reciente visita del Papa León XIV a España dejó un acto que rompió moldes en cuanto al formato se refiere. Sara Baras, Antonio Banderas, Rozalén, Carolina Marín, fueron algunos de los rostros de la sociedad civil que protagonizaron el encuentro “Tejer redes”.
Este innovador formato puso de manifiesto que la religión es también cultura.
En Religión en Libertad recogemos el guante lanzado por el Santo Padre, y ofrecemos un nuevo blog que combina literatura en forma de microrrelatos con la profunda sabiduría que esconde la Biblia.
El autor de nuestro nuevo cuaderno de bitácora espiritual es Jorge Urbiola López de Montenegro (1969), un diplomático con una dilatada trayectoria profesional (ha sido entre otros Embajador en Kazajstán) y una sólida formación teológica.
Su blog, Minificciones de inspiración bíblica, hará las delicias de los lectores amantes del género del relato corto que al mismo tiempo quieran profundizar en los grandes temas de la teología bíblica.
Con ocasión del lanzamiento de su blog, le entrevistamos en Religión en Libertad.
- En mi caso no fue por necesidades profesionales, sino por una experiencia personal cercana a la muerte a la que me enfrenté hace años. En aquellos momentos de incertidumbre y angustia, fui consciente de que me iba a presentar ante Dios con las manos vacías. Se me concedió otra oportunidad, así que intento aprovecharla para llenar de la mejor manera posible aquella sensación de vacío y silencio con el fin de no repetirla nunca más.
- Quería reencontrarme con Dios y devolverle tantas bendiciones recibidas. Al discernir cómo hacerlo, la respuesta que obtuve fue que debía hacerlo a través de la escritura. Pero para escribir hay que saber, así que decidí formarme en teología.
- Se debe saber hasta dónde la razón alcanza. De hecho, una de las máximas que define la teología cristiana se resume en el célebre aforismo Fides quaerens intellectum, “fe que busca entender”.
Me parece un ejercicio saludable el intentar llevar la razón hasta sus límites, pero sin olvidar que hay fronteras que no pueden traspasarse dadas nuestras limitaciones. La clave está en buscar con humildad y sabiendo que Dios tiene la última palabra.
- En la Universidad de Navarra. Cuentan con un completo programa de formación a distancia, lo que facilita enormemente las cosas a personas que viven fuera de España, como es mi caso.
- La Biblia es una gran desconocida, incluso para muchos creyentes. Los porcentajes de lectura son muy bajos, tanto en España como a nivel global. Y es una pena porque en sus páginas se contiene lo que Dios nos ha querido revelar. No es posible conocer a alguien sino le has escuchado nunca. Luego podrás decidir si merece la pena cultivar esa amistad o no, pero antes deberías darte la oportunidad de escucharle. Esto es lo que pretenden mis relatos, ayudar a conocer lo que Dios nos ha querido decir en las Sagradas Escrituras.

Un joven lee la Biblia mientras se toma un café, una forma de unir formación y relajación
- Uno de los obstáculos a los que nos enfrentamos en las sociedades posmodernas es la falta de tiempo. Tenemos muchas opciones al alcance de la mano para disfrutar de nuestro tiempo libre, lo cual es intrínsecamente bueno, pero al mismo tiempo puede suponer un freno cuando pensamos que algo nos va a exigir demasiado esfuerzo.
Es ilusorio pensar que alguien vaya a dedicar sus fines de semana a entender con sesudos tratados teológicos lo que Dios nos ha querido decir, por ejemplo, en los libros del Pentateuco. En esta tesitura, los relatos cortos y microrrelatos pueden combinar a la perfección el deleite de un género literario de lectura ágil con la reflexión teológica. El proceso que propongo al lector es el siguiente: cada relato se corresponde con un libro de la Biblia, que previamente he estudiado y del que extraigo, bien un mensaje general, bien uno particular que me haya interpelado especialmente. Ese mensaje lo convierto en una minificción, adaptada a nuestros días para que ayude a generar reflexión. Muchos lectores se quedarán en el estadio de la lectura, pero otros muchos se preguntarán qué es exactamente lo que decía el correspondiente libro de la Biblia que ha inspirado ese relato en concreto, especialmente si se han sentido interpelados. Y de esta manera, irán poco a poco adentrándose en la Biblia.
Además, los relatos están escritos en segunda persona, de manera que de manera que el lector se convierte en protagonista . En definitiva, un formato ideal para nuestras sociedades con prisas.
- Son ambas cosas. En primer lugar, son literatura. Se convertirán en teología en función del grado de reflexión que le quiera dar cada lector. Por otro lado, muchos relatos son al mismo tiempo pequeños homenajes a autores que han aunado en sus obras literatura y teología.
Por ejemplo, el relato inspirado en el Génesis que abre la serie de Minificciones homenajea a Chesterton, y otros posteriores hacen lo propio con Dante, con Flannery O’Connor, con Tirso de Molina…
- En primer lugar, que se adaptan como un guante a las personas que no disponen de mucho tiempo seguido para la lectura. Mi profesión por ejemplo requiere de mucha presencia más allá de los horarios estrictamente laborales, con constantes viajes, conferencias, eventos… Media hora de lectura da para mucho en los relatos breves, lo cual es de agradecer. Una novela sin embargo no casa bien con una lectura discontinua.
En segundo lugar, y desde el punto de vista de los recursos estilísticos, los microrrelatos conllevan una extrema precisión del lenguaje, tramas que se inician in media res reclamando la máxima atención desde el primer instante, títulos misteriosos, ritmo y velocidad, finales que debe interpretar el lector…
En cuanto a mis relatistas predilectos, han sido muchos los que me han hecho disfrutar de momentos de inefable placer: desde clásicos como Cervantes a Kafka (si es que con Kafka se puede hablar de placer), pasando por Arreola, Nervo, Chéjov… y por encima de todos me cautiva Borges.
- Borges plantea grandes cuestiones existenciales en sus relatos; en muchos de ellos nos transporta hasta los umbrales de Dios, como en Los dos reyes y los dos laberintos, donde refleja magistralmente la omnipotencia creadora. Creo que su obra es una permanente búsqueda de Dios, aunque le falta dar ese salto final de quien confía y se atreve a ponerse en sus manos. Él mismo lo expresó con su irónica genialidad: “Los católicos argentinos creen en un mundo ultraterreno, pero he notado que no se interesan en él. Conmigo ocurre lo contrario; me interesa y no creo”.
Borges rezaba un avemaría cada noche (cumpliendo la promesa que le hizo a su madre), y llegó a solicitar el sacramento de la unción de enfermos antes de morir.

Escena de "La Biblia"; miniserie de 2013 que describe desde el Génesis hasta el Apocalipsis, incluyendo el relato del arca de Noé, el Éxodo y la vida de Jesús de Nazaret.
- Me muevo en la frontera entre ambos terrenos. Muchos de ellos son microrrelatos stricto sensu, es decir, dentro del límite de las 300 palabras, con una trama paradójica y finales sorprendentes (Dios es por esencia sorpresa), en los que se desdibuja la estructura clásica tripartita. Otros traspasan estos límites de extensión, tienen algo más de narratividad y menos espacio para la elipsis, aunque tampoco llegan a ser relatos cortos, más bien un híbrido entre ambos. No obstante, mejor dejar las clasificaciones a los críticos literarios, lo importante aquí son las reflexiones que puedan generar en el lector y que éste disfrute de la lectura.
- Decir teología es decir filosofía, antropología, poesía… Si hay un autor que reúne todos esos ingredientes es sin duda Agustín de Hipona.
Edith Stein fusionó magistralmente la fenomenología con la metafísica de Santo Tomás de Aquino en su obra cumbre, Ser finito, ser eterno. Los Tratados morales sobre el libro de Job de Gregorio Magno son igualmente un regalo para la reflexión.
Sin olvidar el legado de la espiritualidad ortodoxa, que Vladimir Lossky acercó a Occidente en su obra fundamental, Teología mística de la Iglesia de Oriente. Es un libro tan profundo, que se podría leer frase a frase saboreando cada una de ellas. Y en fin, aunque la Divina Comedia de Dante está catalogada como una de las obras cumbre de la literatura, creo que es igualmente uno de los grandes tratados teológicos de la historia. ¿Quién dijo que la teología debería adoptar sólo la forma de ensayo?
Cine y televisión
«Jesús Luz del Mundo»: toda la historia de Jesús, luminosa, en dibujos animados
Pablo J. Ginés
- Todos son maravillosos regalos de espiritualidad, pero puestos a elegir, me quedaría con el Génesis (la sola frase “En el principio creó Dios el cielo y la tierra” es una fuente de meditación superlativa), también el Éxodo.
De entre los libros históricos, sin duda el Libro de Tobías (al hombre no se le pide que entienda el sentido de su desgracia, sino que recurra a Dios y se ponga en sus manos. ¡Qué mensaje tan profundo y a la vez tan práctico… y tan difícil de seguir!). De los libros sapienciales, Job (imprescindible para encarar las cruces que indefectiblemente llegan a nuestras vidas) y el Eclesiastés (esa sabiduría vana que el hombre se afana en conseguir es, por cierto, la que Borges refleja en su fabuloso relato La Biblioteca de Babel).
De los profetas, los mensajes de Daniel cobran plena actualidad en un mundo incierto como el actual. Y ya en el Nuevo Testamento, huelga decir que los Evangelios, entre ellos Lucas y sobre todo Juan (“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”, es otra frase cuya sola reflexión te acerca misteriosamente a la Santísima Trinidad).
- Me eduqué en un colegio católico y crecí en una familia católica. Más tarde descubrí la espiritualidad oriental, y metí en un cajón durante muchos años la religión con la que había crecido.
Pero como decía Chesterton, hay dos formas de llegar a un lugar. La primera de ellas consiste en no salir nunca del mismo. La segunda, en dar la vuelta al mundo hasta volver al punto de partida. Y lo refleja contando, cómo no podía ser de otra manera, un relato esclarecedor: Cierto muchacho, cuya granja se encontraba en un valle rodeado de amplias laderas, decidió viajar un día en busca de un gigante. Y cuando se hallaba a cierta distancia, volvió la mirada atrás y descubrió que su propia granja formaba parte de una especie de figura gigantesca; un lugar en el que había vivido siempre y que había pasado desapercibido a su mirada debido a su cercanía y a la enormidad de sus dimensiones… Ese muchacho soy yo, y esa granja que había pasado desapercibida es el cristianismo.
- Sin duda. Mis devaneos con la espiritualidad oriental me han permitido aprender que no hay que intentar acercarse a Dios poniendo en suspenso el entendimiento racional utilizando técnicas de focalización de la atención. Cuando quieres llegar a Él a través del control de una técnica mental, es porque crees que está a tu alcance gracias a tus habilidades. Lo mismo sucede con el reiki; cuando quieres curar transmitiendo energía con tus manos, te estás poniendo a la altura de Dios como sanador de la humanidad. Avanzar por la senda espiritual equivocada puede ser incluso más nocivo que permanecer inmóvil en la búsqueda de Dios. Los jóvenes que se sienten atraídos por estas técnicas o disciplinas deben tener esto en cuenta: se trata de callejones sin apenas recorrido.
Durante mi etapa africana, en Mozambique, conocí cómo viven a Cristo en África. Tenemos mucho que aprender de ellos en nuestras cómodas sociedades occidentales.
Igualmente he estado destinado en varios países de fe ortodoxa, donde el misticismo es la teología por excelencia, pero siempre teniendo en cuenta que espiritualidad y dogma, mística y teología, están inseparablemente unidos.
No es por tanto equiparable a la espiritualidad de corte orientalista-budista. Por cierto, recuerdo una anécdota que me ocurrió en una pequeña Iglesia Ortodoxa serbia; durante la liturgia, uno de los ayudantes del Otac (padre) oficiante me miraba constantemente. Yo no entendía el porqué. Hasta que casi una hora después (la Divina Liturgia dura allí entre dos y tres horas), caí en la cuenta. Me había colocado a la izquierda de la nave, espacio reservado a las mujeres, mientras que los hombres se sitúan a la derecha.
Finalmente, no puedo dejar de mencionar mi etapa como Embajador en Kazajstán, donde tuve la fortuna de coincidir con una maravillosa colonia de religiosos españoles que desde hace más de veinte años llevan a cabo una encomiable labor evangelizadora y de acción social.
El obispo de Almaty es además español, mañico para más datos. Igualmente trabé una especial relación con monseñor Athanasius Schneider, un teólogo de firmes convicciones además de hombre bondadoso.
Sus historias de cómo se vivía la fe bajo el régimen comunista de la U.R.S.S. las llevaré siempre conmigo. Y en fin, cómo no mencionar que mi estancia allí coincidió con el incipiente proyecto de apertura de Radio María Kazajstán, que finalmente comenzará a emitir el próximo año.
Cultura
El número total de milagros que hizo Jesús según la Biblia, uno a uno
José María Carrera Hurtado
Todas estas etapas han supuesto sin duda un crecimiento espiritual, no buscado conscientemente, pero a la postre innegable.
Precisamente en Kazajstán, fue el director de Talgo para Asia Central, un asiduo lector vuestro, quien me la descubrió; y me gustaría aprovechar tu pregunta para felicitaros por el enfoque y los contenidos, un logrado equilibrio de testimonios personales, reflexiones teológicas, noticias de actualidad, reseñas literarias, de santos…
El asiduo lector soy yo ahora, y espero que mi blog pueda llevar a más lectores a esta maravillosa publicación digital. Porque en última instancia, las grandes cuestiones de la teología bíblica no son un mero ejercicio de erudición, sino un espejo para conocernos mejor a nosotros mismos, una premisa irrenunciable para poder crecer espiritualmente. Un espejo además que está abierto a todos, principiantes y avezados teólogos.
Como metafóricamente la describió Gregorio Magno, la Biblia es como un río en el que un cordero puede vadear y un elefante nadar. Tirémonos pues al río, con la certeza de que estaremos en las mejores manos.