El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
Quien no avanza hacia Cristo, retrocede.
🔹San Agustín. (Sermón 169, 18)🔹

🔹San Agustín. (Sermón 169, 18)🔹
...camina continuamente, avanza sin parar; no te pares en el camino, no retrocedas, no te desvíes. Quien no avanza, queda parado; quien vuelve a las cosas de las que se había alejado, retrocede; quien apostata, se desvía 🔹San Agustín. (Sermón 169, 18)🔹
Esta frase nos habla de la mística que conlleva cada día que el Señor nos da para vivir. En ella, San Agustín utiliza la metáfora universal del camino para describir la dinámica de la vida espiritual. La santidad no es un estado estático ni un trofeo que se alcanza y se archiva, sino un movimiento continuo de acercamiento a Dios.
El alma en gracia es una eterna peregrina. San Agustín nos recuerda que la vida espiritual es dinámica por naturaleza, porque el destino de nuestro viaje es Dios, y Dios es infinito. El mayor enemigo del cristiano no es necesariamente el pecado grave, sino la mediocridad o la tibieza. El alma que dice: "Ya rezo lo suficiente", "Ya soy lo bastante bueno" o "Con esto me basta para salvarme" ha dejado de caminar. En el amor divino, no progresar ya es empezar a retroceder. El avance continuo no es una obsesión por el rendimiento, sino el hambre de un corazón que, cuanto más conoce a Dios, más lo desea. Este avance no se logra con base en puro voluntarismo humano. Se avanza porque el Espíritu Santo va ensanchando el corazón del creyente, haciéndolo cada vez más capaz de amar.
A veces, las almas que experimentan momentos de gran dulzura en la oración caen en la tentación de intentar vivir en ella, instaladas en el bienestar de su propia experiencia espiritual. San Juan de la Cruz advertiría siglos después que hay que pasar por alto los consuelos para buscar al Dios de los consuelos. Pararse en el camino es confundir el paisaje o las estaciones de servicio con la meta.
Retroceder es mirar atrás con añoranza, como la esposa de Lot, que se convirtió en estatua de sal al ver la destrucción de Sodoma. El alma pasa por un proceso de limpieza en el que se va desapegando de los ídolos del mundo. Retroceder significa permitir que esos viejos apegos vuelvan a colonizar el corazón. Es el peligro de añorar los "ajos y cebollas de Egipto" cuando ya se camina por el desierto hacia la Tierra Prometida. El místico sabe que volver a lo que ya se entregó por amor a Cristo empequeñece el alma y enturbia la mirada interior.
Más allá de la apostasía intelectual o formal, también tenemos una apostasía existencial. Esta apostasía aparece cuando el alma decide cambiar de brújula y poner su propia voluntad, su orgullo o una ideología por encima de Dios. Desviarse es perder de vista a Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida. Si te salimos del camino, por mucho que corramos, ya no nos acercamos a la meta; estamos perdidos en el bosque del propio ego.
San Agustín te ofrece un mapa espiritual de carreteras. Nos invita a examinar en qué punto del camino estamos. Su consejo es de una sencillez radical pero exigente: no importa si hoy tus pasos son largos y firmes, o si caminas despacio y cansado debido a tus debilidades; lo único verdaderamente importante para la mística católica es que no dejes de mover los pies en dirección a Dios. Mientras haya movimiento y deseo de avanzar, la Gracia de Dios se encargará de hacer el resto.
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