Muchos jóvenes católicos quieren claridad doctrinal, no progresismo, dice un obispo irlandés
Los católicos más jóvenes buscan claridad doctrinal y firmeza, no adaptación al mundo, afirma el obispo irlandés Niall Coll.

Jóvenes peregrinos caminan con una cruz durante una peregrinación tradicional en Francia.
Mientras la sinodalidad tiende a ocupar la mayor parte de las estructuras de la Iglesia, los fieles, y especialmente los jóvenes, muestran cada vez más distancia de este difuso término, cuando no rechazo. De hecho, a juicio del obispo irlandés Niall Coll, de Raphoe, buscan más “claridad, coherencia y tradición” y menos “amoldamiento” o adaptación y progresismo.
Es una de las grandes conclusiones del mensaje transmitido por el obispo ante más de 100 fieles presentes en Kimmage Manor durante la presentación del libro “Renovación transformadora en la Iglesia católica”, del sacerdote John O'Brien CSSp.
En su ponencia, recogida por Irish Catholic, el obispo abordó especialmente la situación de los jóvenes fieles nacidos a partir de 1995 y especialmente de la I-Gen, o “generación del smartphone”.
Un contexto, dijo, definido por ser “una cultura poscristiana, digital y moralmente fragmentada” que llevaría a sus integrantes a carecer del recuerdo de lo que hasta no hace mucho era la Irlanda católica.
Más claridad y coherencia, menos diálogo y progresismo
Paradójicamente, afirmó, “esto lleva a muchos de ellos a buscar claridad, coherencia y tradición. A menudo, los conversos se sienten atraídos por la solidez doctrinal, la profundidad sacramental y la continuidad con la tradición de la Iglesia. Para ellos, la Iglesia reside en la verdad inteligible en cuerpo y exigencia, no en la adaptabilidad”.
El obispo sugirió que, si bien las conversaciones sinodales suelen centrarse en estructuras y procesos, muchos jóvenes católicos se plantean una pregunta más fundamental: "¿Qué cree realmente la Iglesia?".
Habiendo crecido en un contexto de constantes elecciones, sobrecarga de información y ambigüedad moral, les interesa menos el diálogo y más la formación que genera convicción y confianza, planteó.
Otra de las conclusiones más evidentes que destacó es el alejamiento entre la juventud de posturas o agendas consideradas progresistas.
“La mayoría […] no están entusiasmados con cuestiones progresistas. Y esto me lleva a proponer que la sinodalidad, si no se fundamenta en la Escritura y la doctrina, corre el riesgo de [ser] una discusión interminable y sin rumbo”, comentó.
"La renovación no puede sostenerse sin formación"
Una situación que, a su juicio, pone de relieve uno de los desafíos más apremiantes como es la catequesis y la formación de los catequistas. “La renovación no puede sostenerse sin formación”, advirtió al respecto.
En este sentido, señaló la deficiente catequesis como un factor central en la fragilidad actual de la Iglesia, advirtiendo que muchos jóvenes católicos ahora encuentran la fe en línea —a menudo a través de fuentes fragmentadas y polarizadas— en lugar de a través de la enseñanza estructurada en parroquias o escuelas.
“Una iglesia sinodal requiere no solo participación, sino comprensión; no solo voz, sino formación. El Pueblo de Dios no puede discernir unido a menos que pueda articular lo que cree y por qué”.
Jóvenes que buscan tradición, "un don y no un problema"
Basándose en los postulados del autor de “Renovación transformadora en la Iglesia católica”, el obispo Coll enfatizó que el deseo de coherencia y tradición entre los católicos de la I-Gen puede recibirse como un don para la Iglesia y no como un problema que haya que gestionar.
La renovación propuesta por O'Brien, no será rápida ni debería serlo: de hecho “será lenta y a veces desigual”, según el obispo, pues “requiere una claridad teológica sostenida y una profundidad espiritual”.
Coll concluyó celebrando la visión “bienvenida, esperanzadora y realista” de la Renovación Transformadora en la Iglesia Católica, remarcando asimismo que su recepción debe estar marcada por una especial atención a la formación, la catequesis y los “instintos teológicos” de los católicos de la Generación i, al tiempo que sitúa la crisis de la Iglesia en una aún más amplia.
“El futuro del catolicismo irlandés dependerá de si la Iglesia logra ser [a la vez] sinodal y cogerente: una Iglesia que escucha con atención, que enseña con claridad, forma con intención y da un testimonio de calidez en un mundo herido”, agregó.