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«Van a por la cruz», lo último de Cake Minuesa sobre el Valle: la persecución «es un plan global»

José María Carrera Hurtado

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Este viernes, el canal de Cake Minuesa sorprendía a sus casi 200.000 suscriptores de YouTube con un nuevo cortometraje documental. En menos de 20 minutos, “Van a por la cruz” refleja lo que a juicio de Minuesa es “un plan global”, “el martilleo, el sonido de la destrucción y la persecución de la fe” que en España se estaría llevando a cabo mediante la cancelación y eliminación de cruces.

El documental abunda en varios ejemplos recientes, como puede ser la retirada de la cruz del Parque Ribalta en Castellón o la de Barrado, en Cáceres, recogiendo las opiniones de vecinos y peatones residentes en los lugares donde la “cancelación” de la cruz se ha cebado especialmente.

El documental no pasa por alto la delicada situación de la abadía benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, cuyo polémico proyecto de “resignificación” acaba de ser aprobado y se encuentra ya en tramitación, a la espera de su plasmación en 2027.

Ribalta, "abrir heridas y enfrentar"

El documental abunda en cómo las retiradas de cruces solo pretenden “reabrir viejas heridas” y “enfrentar” a los vecinos de localidades como Castellón, cuya cruz del parque de Ribalta fue arrancada en 2022.

Un “acto administrativo” del Ayuntamiento gobernado por PSOE y Compromís que llegó a ser declarado “irregular” por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº2 de Castellón. Los fieles y vecinos siguen esperando la reposición de la cruz, víctima de lo que Minuesa llamó “la agenda 2030 de persecución de la fe”.

¿Tendremos que ocultarnos de ser cristianos?, llegó a plantear el periodista, al que dos vecinas respondían: “A lo mejor sí”.

Pese a los mensajes de Minuesa reiterando que “la cruz tiene 2000 años”, no faltaban peatones y vecinos que comparaban el símbolo cristiano con la cruz gamada o esvástica. “Es peor”, decía un vecino al comparar la cruz de Cristo con el escudo de la Alemania del III Reich.

"Lo que huele a Cristiandad hay que suprimirlo"

Otro de los lugares que mejor reflejan esas “heridas abiertas” entre ciudadanos es Barrado, en Cáceres, cuyo alcalde Jaime Díaz derribó la cruz del pueblo en 2023 tras perder las elecciones.

“Para mí tiene un significado que nada tiene que ver con la guerra”, dijo un vecino. “No me parece bien, desde que me he criado la cruz estaba ahí”, decía otra.

También en Barrado tenía lugar la misma comparación.

La cruz gamada tenía una simbología y esta también. Aquella era de simbología nazi y esta, de simbología fascista”, decía un vecino. Una señora le corregía: “Es la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. De simbología nada. Tengo 70 años, la he conocido siempre. Es absurdo. Se respeta todo, [pero] lo que huele a cristiandad hay que suprimirlo”. Mientras, otra se lamentaba: “Es una pena, lo único que hacen así es renacer rencillas. Esa cruz ha estado toda la vida ahí y no creo que hiciera mal a nadie”.

¿Un Valle sin benedictinos? "La Iglesia tendría que estar de acuerdo"

Otro de los bloques del documental alude directamente al Valle de los Caídos, cuya cruz ha sido foco de atención ante las llamadas a su destrucción por parte de ministros y diputados.

Si bien el proyecto ganador del concurso para la llamada “resignificación” del Valle no tiene entre sus planes abordar la cruz como tal, aún están en duda la integridad de elementos como los evangelistas de la base de la cruz o La Piedad de Juan de Ávalos.

Entrevistada por Minuesa, Castellanos considera que, si bien la cruz no se puede destruir, es crítico evitar que el recinto como tal sea desacralizado.

Para ello, dice, “tendría que estar de acuerdo la Iglesia”, a cuyos representantes advirtió de que “por mucho que pueda decir [el Gobierno] o prometa para no tirar la cruz, al final les van a mentir. Es evidente es que van a seguir con su apisonadora ideológica”.

También se ha especulado mucho en torno a la posible expulsión de la comunidad benedictina del propio Valle, posibilidad que ya ha sido desmentida al menos en el corto plazo.

Para lograrlo, la Iglesia debería dar su consentimiento, se dice en el documental, “y el resto de católicos -la Iglesia somos todos- no van a estar de acuerdo con que la Iglesia participe de alguna manera o consienta todo esto. La Iglesia no puede ayudar o permitir que todo esto se tire. Por mucho que les pueda prometer este Gobierno, por mucho que les pueda coaccionar, [el Valle] tiene que seguir siendo terreno sagrado”, agregaba Castellanos. 

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