Religión en Libertad

¿Por qué se critica a Hakuna?

Es uno de esos brotes verdes, en medio del desierto de la apostasía silenciosa, que hay que cuidar y proteger.

Un momento de la actuación de Hakuna en el concierto del pasado 10 de enero en el Palacio de Vistalegre de Madrid.

Un momento de la actuación de Hakuna en el concierto del pasado 10 de enero en el Palacio de Vistalegre de Madrid.Ricardo Taylee

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En el San Sebastián de los años sesenta había una escritora que tenía por costumbre ir todas las tardes al hotel La Nicolasa para socializar con sus amigas, y lo hacía en su Rolls, conducido por su mecánico perfectamente uniformado. Además del talento literario era una mujer rica, guapa, simpática y elegante, y cuando bajaba del imponente coche inglés y se disponía a subir las escaleras del hotel, cojeaba tan aparatosamente y con tantas muestras de dolor en la cara, que los porteros del establecimiento, o los viandantes que pasaban por la calle, se ofrecían solícitos para ayudarla.

En una de esas tardes, el escritor Torcuato Luca de Tena, que la conocía bien, se sobresaltó al ver esa escena y le ofreció el brazo para subir las escaleras: "¿Qué te ocurre? No sabía que hubieras tenido una lesión tan grave".

"Guárdame el secreto -le contestó ella-. No me pasa absolutamente nada. Pero si la gente ve bajar de ese cochazo que acaba de importar mi marido a una señora guapa y elegante, y además se enteran que es la misma que obtuvo ayer aquel éxito inolvidable en el estreno del Victoria Eugenia, ¡me apedrean! Que sea guapa me lo perdonan, siempre que ponga cara de estúpida; que sea rica, me lo toleran, siempre que vaya a pie, y con la blusa algo raída; que sea elegante, lo sufrirían si tuviera cáncer de piel. Pero guapa, rica, elegante y con talento... ¡eso, en España, no se perdona! Por eso cojeo, para hacerme perdonar".

Al igual que esta escritora, Hakuna ha caído de pie. Sus canciones son escuchadas por millones de personas, sus conciertos cuelgan el cartel de No hay entradas, y su expansión por el mundo comprende los cinco continentes. Además, el buen rollo de sus jóvenes genera tal atracción que se multiplican sus miembros, y la profundidad de su espiritualidad se transforma en nuevos seminaristas y religiosas que dejan atrás los sueños de hacer carrera en este mundo, para ser moldeados por Jesús.

Y todas estas buenas noticias no se pueden tolerar. Esto es España, por favor, y si en algo somos líderes mundiales es en concentrar por metro cuadrado un porcentaje altísimo de envidiosos y resentidos que están convencidos de que podrán sanar sus tristes vidas si intentan destruir con sus invectivas todo lo bello que crece a nuestro alrededor.

¿Eso quiere decir que Hakuna sea perfecta? No. Como toda realidad humana, aunque esté inspirada por el Espíritu Santo, tendrá que evolucionar, mejorar, madurar y profundizar... pero como cualquier carisma de la Iglesia.

No hay que olvidar que el carisma fundado por Josepe Manglano acaba, como quien dice, de nacer. Lleva dos telediarios y todavía le queda mucho camino por delante. Pero es uno de esos brotes verdes, en medio del desierto de la apostasía silenciosa, que hay que cuidar y proteger.

Otros, sin embargo, prefieren pisotear esas flores con su verborrea maligna, porque no les parece lo suficientemente exquisitas, y preferirían otras plantas del pasado que no logran arraigar en esa tierra seca.

Si Hakuna quiere sortear los ataques permanentes de esa legión de envidiosos y resentidos que siempre ven la mota en el ojo ajeno, tendrá, como nuestra amiga de San Sebastián, que cojear aparatosamente y con ciertas muestras de dolor.

A partir de ahora, si os preguntan cómo va el crecimiento de Hakuna, soltad alguna mentirijilla piadosa tipo: "Hakuna ya no está de moda" o "No viene tanta gente", o bien "Nuestras canciones ya no conectan tanto", que puedan satisfacer a esa legión que muestra su tristeza por el bien ajeno.

En definitiva, Hakuna, si queréis seguir con vida, haceos el muerto... aunque sea un poco.

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