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Mirad, la Virgen dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel

Un ángel del Señor le dijo...

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ReL

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Evangelio según san Mateo 1,18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.

Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

María, Madre de la esperanza, enséñanos a proclamar al Dios vivo; ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador.

Al suplicarte por (todas las intenciones del Santo Padre y de) la Iglesia extendida en toda la tierra, te pedimos por la Iglesia en Europa para que sea transparencia del Evangelio y así Europa redescubra las raíces cristianas que la fundaron y que la engrandecen.

Vela por todos los cristianos: que prosigan confiados por la vía de la unidad, como fermento para la concordia del Continente.

Vela por las familias, por los niños, los ancianos y los enfermos.

Vela por los jóvenes, esperanza del mañana: que respondan generosamente a la llamada de

Jesús.

Vela también por los responsables de las naciones.

María, Madre nuestra, haz que sigamos y amemos a Jesús. Él vive con nosotros, entre nosotros, en su Iglesia.

Contigo y el Espíritu Santo decimos «Ven, Señor Jesús » (Ap 22,20): Que la esperanza de la gloria infundida por

Él en nuestros corazones dé frutos de santidad y de paz. Virgen Madre de Dios, haz que seamos todos tuyos. Amén.


(San Juan Pablo II)


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