Cuando en España se podía comer carne en Cuaresma: un privilegio papal hasta hace sólo 60 años
Debido a una bula que el Papa concedió a los Reyes Católicos durante siglos en España s se ha podido comer carne en Cuaresma.
Debido a una bula que el Papa concedió a los Reyes Católicos durante siglos en España s se ha podido comer carne en Cuaresma.
La Cuaresma es un tiempo de preparación para la Pascua, 40 días en los que la Iglesia camina hacia la pasión, muerte y resurrección de Cristo y en el que el ayuno y la abstinencia han sido una ayuda que los fieles han tenido desde los inicios del cristianismo.
Sin embargo, España debido a sus particularidades históricas y a la contribución que ha realizado a la fe ha tenido una serie de privilegios. Uno de ellos es que hasta 1966 en España se pudo disfrutar de algo que ninguna otra nación tenía: se podía comer carne durante la Cuaresma.
Hay que remontarse al siglo XVI. El Papa Julio II concedió en 1509 una bula de carne a los Reyes Católicos para que los ciudadanos españoles pudieran comer carne y huevos durante la Cuaresma. Los sucesores Pontífices continuaron con la concesión, siempre por tiempo limitado, mandando que el importe de las limosnas se destinara al culto de las iglesias.
Desde 1799 la legislación papal permitió que aquellos que desempeñaran trabajos físicos o fueran pobres de verdadera solemnidad disfrutaran de los privilegios de la famosa bula sin tener que pagar nada.
El historiador Juan Eslava Galán explicaba en ABC que quienes hubieran adquirido la Bula de la Santa Cruzada y su indulto de carnes solo tenían la “obligación de observar vigilia todos los viernes de Cuaresma, guardar ayuno el miércoles de ceniza y ayunar con abstinencia el Viernes Santo”. Podían así tomar huevos, productos lácteos y pescado cualquier día, incluso los de ayuno.
Al final, el precio de la misma, de entre 50 céntimos hasta 10 pesetas, dependía del nivel económico que se tuviera. “Te las vendía el párroco en la sacristía y en aquellos tiempos era conveniente ser generoso con la Iglesia”, señala Eslava Galán.
En 1966, tras el Concilio Vaticano II, Pablo VI suavizó las normas de ayuno y abstinencia para los católicos de todo el mundo. Mantuvo el carácter penitencial del viernes con la obligación de abstenerse de comer carne, pero liberó de ella a los menores de catorce años (antes se exigía desde los 7 años) e hizo más llevaderas las normas del ayuno cuaresmal. Ese mismo año, la Conferencia Episcopal Española anunciaba la desaparición definitiva de la tradicional Bula de la Santa Cruzada, renunciando a unos ingresos que en los últimos años habían alcanzado los 96 millones de pesetas.