El Padre Kolbe español, la hermana del obispo Basulto, un discapacitado psíquico...
León XIV aprueba beatificar a 124 mártires de Jaén y un milagro del Cura Valera, de Murcia
El obispo Amadeo, en 2019, sellaba así el envío de la documentación sobre más de 120 mártires de Jaén a Roma
La diócesis de Jaén ha recibido con alegría la noticia: el Papa reconoce como mártires a 124 católicos asesinados en la diócesis de Jaén entre 1936 y 1939. De ellos, 109 eran sacerdotes, 14 eran laicos (muchos de Acción Católica y Adoración Nocturna) y había también una religiosa clarisa llamada Isabel Aranda. La ceremonia de beatificación tendrá lugar en Jaén, aunque aún no hay fecha.
También será posible beatificar a Salvador Valera Parra, llamado el "cura Valera", fallecido en 1889, hijo de familia humilde, muy conocido en Cartagena, Almería y la región de Murcia, al haberse reconocido un milagro por su intercesión.
Los 124 mártires de Jaén
Aunque desde España se presentó una causa conjunta de estos 124 mártires, en 2020 en Roma prefirieron separarla en dos grupos, nombrados por el mártir sacerdote de mayor edad en cada caso:
- Manuel Izquierdo Izquierdo, sacerdote diocesano, y 58 compañeros, asesinados entre 1936 y 1938;
- Antonio Montañés Chiquero, sacerdote diocesano, y 64 compañeros, asesinados entre 1936 y 1937.
Sebastián Chico Martínez, desde 2021 obispo de Jaén, mostró su alegría por la noticia. "La Iglesia universal reconoce que estos hombres y mujeres ofrecieron su vida en fidelidad al Evangelio, y son la raíz fecunda de una esperanza que no muere. Su sangre no fue en vano: es semilla de vida nueva, de fe renovada. Recordarlos no es mirar al pasado con tristeza, sino abrazar el futuro con valentía. Su testimonio martirial brilla por encima de las sombras de la historia y de la fragilidad del mundo", ha proclamado el obispo.
Chico Martínez mencionó otros mártires de Jaén de distintas épocas, empezando por el obispo San Eufrasio en el siglo I (considerado uno de los siete varones apostólicos), el pedagogo y religioso San Pedro Poveda, el obispo Manuel Basulto (asesinado en Madrid en 1936, beatificado en 2013) y otros. Precisamente, entre los nuevos mártires están la hermana y el cuñado del obispo, asesinados junto a él.
Nueve años de proceso
Beatificar a esos mártires será posible por el trabajo ingente del postulador Rafael Higueras Álamo, buscando testimonios y documentos de los mártires. El proceso empezó en 2016, con el obispo Ramón del Hoyo, y se clausuró su fase diocesana en 2019 con el obispo Amadeo Rodríguez: se recogieron más de 600 testimonios, se enviaron a Roma 30.000 folios, al acto de clausura diocesana acudió una mujer de cien años, pariente directa de uno de los mártires, José María García de la Hoz.
En Roma la causa fue impulsada por el postulador Nicola Gori. El obispo Chico Martínez visitó Roma varias veces para seguir el proceso. En noviembre de 2023 visitó el Dicasterio para la Causa de los Santos en Roma, y en febrero de 2025 se habló del proceso con el cardenal Semeraro y con el Promotor de la Fe, el español Alberto Royo.
Pedro Sandoica y Granados, el médico que trabajaba con los pobres
El médico Pedro Sandoica nació en 1876 en Linares y estaba implicado en obras de justicia social con los obreros (Linares tenía minas y fábricas y una fuerte tradición católica obrera; también de fe, de allí eran San Pedro Poveda y el beato Manuel Lozano "Lolo"). Desde la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Apostolado de la Oración fomentaba la devoción al Santísimo Sacramento y al Sagrado Corazón. El doctor Sandoica estaba casado, pero no consiguieron tener hijos. En Villargordo ponían el nombre de “Pedro María” a varios niños que este matrimonio apadrinaba desde su nacimiento, ayudándoles a pagar estudios. Fue fusilado el 25 de septiembre de 1936.
Obdulia Puchol Merino y su residencia para pobres
Vivía en Martos y era hija de padres muy cristianos: su padre era el médico forense y responsable y fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Al quedar viuda, se volcó en la parroquia y en impulsar una residencia para los transeúntes pobres, en la cual les facilitaba alimentos, dormitorio y servicios sanitarios, apoyada por sus padres y parroquia. Era terciaria franciscana. Fue fusilada con 36 años.
El cura que se intercambió por un padre de familia
Uno de los nuevos beatos es llamado "el Maximiliano Kolbe español". Es el sacerdote Francisco de Paula Padilla, de 43 años. Acababa de celebrar una misa clandestina de Jueves Santo en la catedral de Jaén, edificio que los milicianos usaban como cárcel. Vio que los milicianos se llevaban a fusilar a un preso que lloraba por su mujer y sus seis hijos, y convenció al carcelero para que le fusilara a él en su lugar.
Más de 120 historias de mártires listas para ser enviadas a Roma en la clausura de 2019 de la fase diocesana en Jaén
Entre los mártires están un joven seglar, abogado de 20 años, de Acción Católica, Eduardo Infante del Castillo, y también el presidente de la Juventud Católica de Martos, Manuel Melero Luque, asesinado con 22 años. También un periodista de 27 años, casado, Bernardo Ruiz Cano, director del diario El día de Jaén (fundado en 1936, con el lema "en defensa de la religión y de la patria"). Entre los sacerdotes mártires, el más joven era Manuel Casado Garrido, que acaba de ser ordenado.
No hacía falta ser abogado o periodista para ser asesinado por católico. Entre los nuevos mártires está un discapacitado psíquico, Bernabé Toribio, llamado “el de los majitos”, por ser sacristán y recadero de unas monjas.
Rafael Higueras, en el acto de clausura, recordó: "En algún caso sus cadáveres fueron quemados, o descuartizados simulando hacer una matanza de animales; o abandonados en el campo como pasto para los animales. Pero ellos no murieron odiando, no murieron matando".
Algunos de los nuevos mártires fueron asesinados en uno de los días más crueles de la historia española, el 12 de agosto de 1936, en el llamado "tren de la muerte de Jaén". Es el caso de Teresa Basulto Jiménez, que era la hermana del obispo Basulto, y de su marido Mariano Martín Portela, el matrimonio que ahora podrá ser beatificado.
La Causa General, en sus páginas 177-178, lo explica así:
- "El tren fue desviado de su trayectoria a Madrid y llevado a una vía o ramal de circunvalación hasta las inmediaciones del lugar ya mencionado del Pozo del Tío Raimundo. Rápidamente empezaron los criminales a hacer bajar del tren tandas de presos, que eran colocados junto a un terraplén y frente a tres ametralladoras, siendo asesinados el Excelentísimo e Ilmo. Sr. Obispo y el Vicario General Don Félix Pérez Portela. La hermana del Sr. Obispo, que era la única persona del sexo femenino de la expedición, llamada doña Teresa Basulto Jiménez, fue asesinada individualmente por una miliciana que se brindó a realizarlo, llamada Josefa Coso 'La Pecosa', que disparó su pistola sobre la mencionada señora, ocasionándola la muerte; continuando la matanza a mansalva del resto de los detenidos, siendo presenciado este espectáculo por unas dos mil personas, que hacían ostensible su alegría con enorme vocerío. Estos asesinatos, que comenzaron en las primeras horas de la mañana del 12 de agosto de 1936, fueron seguidos del despojo de los cadáveres de las víctimas, efectuado por la multitud y por las milicias, que se apoderaron de cuantos objetos tuvieran algo de valor, cometiendo actos de profanación y escarnio y llevando parte del producto de la rapiña al local del Comité de Sangre de Vallecas, cuyos dirigentes fueron, con otros, los máximos responsables del crimen relatado".
El cura Valera, volcado con pobres y enfermos
El mismo decreto firmado por el Papa Francisco confirma que se ha producido un milagro por intercesión celestial de Salvador Valera Parra, llamado "el cura Valera", cuyas virtudes heroicas ya estaban reconocidas. Así, este sacerdote podrá ser beatificado, probablemente con una ceremonia en Cartagena.
Salvador Valera Parra (1816-1889), el Cura Valera, será beatificado al reconocerse un milagro por su intercesión
Nacido en Huércal-Overa (Almería) en 1816, en una familia de labradores, fue apoyado de niño por las clarisas capuchinas de Murcia, donde tenía familia. Ordenado sacerdote en 1840, fue párroco en San Lázaro (Alhama de Murcia) y luego en su pueblo natal de Huércal-Overa, y más adelante, en Cartagena.
En 1865 una epidemia de cólera golpeó Cartagena y el cura Valera se hizo muy popular llevando recursos y consuelo a enfermos, moribundos y familiares.
Durante la epidemia, se organizó un motín en la prisión, que no acabó en un baño de sangre porque el sacerdote intervino como negociador y pacificador, los presos volvieron a sus celdas y ninguno fue castigado. El Ayuntamiento de Cartagena reconoció su labor en su libro de actas.
A finales de 1868 se instaló de nuevo en Huércal. Ayudó a mantener la calma y los ánimos durante el terremoto de ese año, y a coordinar los trabajos de reconstrucción.
El libro El Cura Valera y sus cosas, de Antonio Jiménez, recoge testimonios de predicciones asombrosas, reconciliaciones que suscitó, ayudas a necesitados... "Poseía un interior sentido para penetrar las conciencias", dicen los testimonios. Visitaba a los enfermos, evitaba crímenes y convirtió a un ladrón que entró a robar en la iglesia.
Murió en 1889. Un siglo después, en 1989, se reactivó definitivamente el proceso de beatificación, con el apoyo de la Asociación Pro-Beatificación Cura Valera (CuraValera.org). La historia del cura Valera está aquí resumida en un sencillo cómic.