Jueves, 21 de marzo de 2019

Religión en Libertad

Cuando rezar se hace aburrido y tiramos la toalla...

¡Ah, dulce hora de la oración! ¿Cómo hacer que vuelva y vencer el tedio? Un consejo infalible

¿Cómo no consagrar, por encima de todo,  unos  minutos al día a abrir nuestro corazón a quien más nos ama?
¿Cómo no consagrar, por encima de todo, unos minutos al día a abrir nuestro corazón a quien más nos ama?

C.L. / ReL

¿Amas tu rato de oración o no lo haces? ¿Cuál es tu experiencia? Monseñor Charles Pope, sacerdote de la diócesis de Washington y uno de los creadores de opinión más influyentes del catolicismo estadounidense, aborda en su último post un problema muy común para numerosos creyentes: las dificultades en la oración.

Puedes seguir sus consideraciones escuchando el himno que él mismo propone en el artículo, el célebre Sweet hour of prayer [La dulce hora de la oración], basado en un poema del pastor William Walford (1772-1850) al que puso música el compositor inglés William Bradbury (1816-1868), alcanzando un éxito muy rápido en ámbitos evangélicos y adventistas. Éste es:

"¿Qué piensas de la oración?", comienza preguntándonos: "¿Es una cosa más que 'tienes que hacer' entre otras muchas cosas de tu lista? ¿O es un momento en el que 'dejas de hacer' cosas? ¿Una obligación que lamentas o un descanso que disfrutas?".

La respuesta va implícita en la pregunta, y es la sustancia de su reflexión, en la que quiere ayudarnos a afrontar los problemas más habituales a la hora de rezar: aburrimiento, distracción, monotonía...

La dureza ya es la oración

Y es que hay que reconocer con honestidad que rezar es "duro", dice: "Encontrarse con Dios en el silencio y sin verle es algo extraño, chocante, desafiante" para el carácter sensorial de nuestra naturaleza. Por eso se usan iconos o imágenes, libros de oraciones, o se acude al Santísimo Sacramento: "Pero, en última instancia, los ojos de la carne no pueden ver, solo pueden hacerlo los ojos del corazón, los ojos de la fe. Y esto no solo es difícil, sino que resulta odioso para nuestra carne (nuestra naturaleza pecadora), que quiere ver y oír en su lenguaje".

Como a todos los sacerdotes, a Charles Pope muchos fieles le transmiten su dificultad para rezar. En este artículo ofrece interesantes consideraciones para superarla.

Monseñor Pope propone un consejo a quienes le dicen que rezar es duro: "¡Ésa es entonces tu oración! Dile a Dios que te aburres soberanamente cuando rezas. Dile que harías cualquier otra cosa antes que rezarle. Dile que cuando te llega la hora de rezar, o cuando algún sacerdote chiflado te recuerda que tienes que rezar, tu corazón se hunde y lo postergas una y otra vez. Dile a Dios que odias rezar... ¿y sabes lo que estarás haciendo cuando le digas todo esto? ¡Estarás rezando!"

Sinceridad ante todo

Algunos le responden que no pueden hablarle a Dios así. "¿Y por qué no?, les contesto", argumenta: "Dios ya sabes que eso es lo que sientes. Es una tontería sentarte delante de Dios con una máscara a través de la cual Él puede verte. Cinco minutos de oración sincera valen más que dos horas de oración retórica sobre temas que no nos dicen nada. Reza con honestidad: háblale a Dios de lo que te pasa realmente".

Pope cita como ejemplo el libro de los Salmos, la oración bíblica por excelencia: "Fíjate en qué sencillos son. Cualquier emoción, cualquier experiencia forma parte del almacén de sus oraciones: alegría, serenidad, victoria, agradecimiento, petición, ira (¡incluso ira contra Dios!), rabia, venganza, desencanto, pérdida, dolor, miedo, desesperación". 

Domenico Zampieri, el Dominiquín (1581-1641) representó así al Rey David dirigiendo a Dios el cántico de sus salmos. El cuadro se conserva en el Palacio de Versalles y Trianón.

Hay salmos, recuerda, que incluso hablan de hacer daño o matar a nuestros enemigos, pero es que "esos son sentimientos que tenemos de vez en cuando y Dios quiere que le hablemos de ellos. Si los salmos son una guía de oración (y lo son), entonces es que Dios quiere que le hablemos de todo, incluso de las cosas más oscuras y pecaminosas. Rezar es hablar con Dios. Pero tiene que ser una conversación honesta".

El descanso del día

"Y algo empieza a suceder cuando realmente somos honestos en la oración: poco a poco, se hace más importante para nosotros e incluso empieza a gustarnos un poco", explica: "Poco a poco la oración se convierte no tanto en una cosa más que hacer, como en el descanso de todo lo que hacemos. Un momento para descansar, respirar, suspirar, para sentirnos refrescados por el sencillo acto de ser sinceros con Alguien que nos ama y en cuyo amor estamos creciendo... Es la libertad de ser sinceros, de descansar de llevar máscaras, de ser aliviados de la ansiedad sobre lo que los demás piensan o esperan de nosotros. Es un aliento de verdad, un descanso ante las exigencias contradictorias de nuestro engañoso mundo".

Monseñor Pope propone precisamente guiarnos por los salmos para facilitar las cosas, sobre todo al empezar. Escoger uno y leerlo lentamente: "Pronto, y con el paso de las semanas y los años, te sorprenderás hablando por tu cuenta con la misma honestidad del salterio".

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