Lunes, 22 de abril de 2019

Religión en Libertad

Fueron asesinadas en 1994 cuando estaban entrando en su capilla

Esther y Caridad, misioneras españolas martirizadas en Argelia: este documental muestra su historia

Esther Paniagua, en el centro de la imagen, y Caridad Álvarez, que no aparece en la foto, fueron asesinadas en la puerta de la capilla
Esther Paniagua, en el centro de la imagen, y Caridad Álvarez, que no aparece en la foto, fueron asesinadas en la puerta de la capilla

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Las religiosas agustinas españolas Caridad Álvarez y Esther Paniagua fueron asesinadas por odio a la fe en 1994 en Argel durante la sangrienta guerra civil que se produjo en Argelia. Ellas se habían negado a abandonar el país y dejar solos a la gente a la que habían servido esos años.

Cuando se disponían a entrar a la capilla a rezar fueron asesinadas a tiros en la puerta. El pasado 27 de enero el Papa Francisco reconoció su martirio y el de los otros 17 sacerdotes y religiosos asesinados entre 1994 y 1996 en este país del norte de África.

Ahora la Orden de los Agustinos Recoletos a la que pertenecían estas misioneras ha presentado un documental de 25 minutos sobre sus vidas, donde se recoge el testimonio de las personas que estaban con ellas aquellos días, que las conocían y también de sus misioneros. Este es el reportaje que publica la agencia SIC:

Cari y Est­her, Már­ti­res de vida re­co­ge los tes­ti­mo­nios de los Su­pe­rio­res ge­ne­ra­les de la fa­mi­lia agus­ti­nia­na y de las per­so­nas que vi­vie­ron de cer­ca la muer­te de las dos re­li­gio­sas. En algo más de 25 mi­nu­tos, el re­por­ta­je mul­ti­me­dia re­cuer­da con sus pro­ta­go­nis­tas el dis­cer­ni­mien­to que rea­li­za­ron las agus­ti­nas mi­sio­ne­ras los días pre­vios a su ase­si­na­to, el día de su muer­te y el sig­ni­fi­ca­do que tuvo para toda la fa­mi­lia agus­ti­nia­na y la reac­ción que su­pu­so el anun­cio de la bea­ti­fi­ca­ción.

Du­ran­te el ví­deo se pue­den ver ade­más imá­ge­nes iné­di­tas de las dos mi­sio­ne­ras, así como el cru­ci­fi­ca­do y la Vir­gen de Áfri­ca que es­ta­ban en la casa de Bab-el-Loued don­de vi­vía la co­mu­ni­dad de re­li­gio­sas.

Ma­ría Je­sús Ro­drí­guez, Su­pe­rio­ra pro­vin­cial de la Pro­vin­cia San Agus­tín de las Agus­ti­nas Mi­sio­ne­ras, acom­pa­ña­ba a Cari y Est­her en el ca­mino que rea­li­za­ron des­de la co­mu­ni­dad en la que vi­vían has­ta la ca­pi­lla a la que acu­dían a la eu­ca­ris­tía y en cuya puer­ta fue­ron aba­ti­das a ti­ros. En pri­me­ra per­so­na cuen­ta cómo vi­vie­ron las dos re­li­gio­sas los días pre­vios a su muer­te, siem­pre “con ale­gría y sen­ci­llez”. Cuen­ta en el re­por­ta­je que, como Su­pe­rio­ra pro­vin­cial, de­bía vi­si­tar to­dos los años las co­mu­ni­da­des de la pro­vin­cia. En oc­tu­bre de 1994, con mo­ti­vo del dis­cer­ni­mien­to que Mon­se­ñor Hen­ri Teis­sier man­dó rea­li­zar, de­ci­dió via­jar a Ar­ge­lia y acom­pa­ñar a to­das las re­li­gio­sas del país.

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“Solo es­cu­cha­ba dos nom­bres: Cari y Est­her”

Tras la rea­li­zar los ejer­ci­cios es­pi­ri­tua­les en los que de­ci­die­ron con­ti­nuar en Ar­gel pese a la ex­tre­ma vio­len­cia que se es­ta­ba pro­du­cien­do, con­ti­nuó con ellas al­gu­nos días más. Ma­ría Je­sús Ro­drí­guez re­cuer­da cómo fue aquel 23 de oc­tu­bre. “Cuan­do lle­gó Est­her, le di­ji­mos que era el Do­mund y que todo el mun­do es­ta­ría re­zan­do por no­so­tros”, cuen­ta. “Una de ellas dijo va­mos en pa­re­jas de dos, como re­co­mien­da la em­ba­ja­da”. Cari y Est­her sa­lie­ron pri­me­ro.

“Cuan­do ya es­tá­ba­mos a es­ca­sa­men­te 100 me­tros (…) oí­mos dos dis­pa­ros. Yo me que­dé so­bre­sal­ta­da (…). Nos sor­pren­dió que la gen­te des­de las te­rra­zas nos de­cía ‘her­ma­nas, re­gre­sen a ca­sa’ (…). Cuan­do en­tra­mos en esa casa, par­te del com­ple­jo de la igle­sia, oí­mos llo­rar. Pedí que nos die­ran algo para ver por en­ci­ma de la ta­pia. No veía nada pero sí lo su­fi­cien­te para es­cu­char el llan­to, para gri­tar qué pa­sa­ba y para es­cu­char so­la­men­te dos nom­bres: Cari y Est­her”.

El re­cuer­do de las dos agus­ti­nas mi­sio­ne­ras si­gue vivo en todo el mun­do

La ac­tual Su­pe­rio­ra ge­ne­ral de las Agus­ti­nas Mi­sio­ne­ras, Pie­dad Pa­cho, es­ta­ba en 1994 en Tan­za­nia. Has­ta allí lle­gó la no­ti­cia con re­tra­so. “Al día si­guien­te, al sa­lir de misa, el ca­te­quis­ta se acer­có a la Su­pe­rio­ra y le dice ‘¿us­te­des tie­nen co­mu­ni­da­des en Ar­gel? Es que he es­cu­cha­do que han ma­ta­do a dos agus­ti­nas mi­sio­ne­ras en Ar­ge­l’. No nos pu­di­mos co­nec­tar con la casa de Ma­drid. Al en­cen­der Ra­dio In­ter­na­cio­nal, es­ta­ban ha­blan­do de Est­her. (…) Al día si­guien­te las her­ma­nas de Ma­drid (…) nos di­je­ron lo que ha­bía su­ce­di­do”.

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Pie­dad Pa­cho des­ta­ca la im­por­tan­cia que tie­nen Ca­ri­dad y Est­her para la con­gre­ga­ción de la fa­mi­lia agus­ti­nia­na pre­sen­te en 16 paí­ses. “En Áfri­ca, en las es­cue­las, en el dis­pen­sa­rio, en el or­fa­na­to, allí es­tán las fo­tos de Est­her y Cari; si vas a Bra­sil, a Ma­ra­jó, en las es­cue­las de las is­las, allí es­tán las fo­tos de Ca­ri­dad y Est­her; o en In­dia o en Fi­li­pi­nas”.

“Dios y la his­to­ria es­ta­ban mar­can­do su ca­mino”

La agus­ti­na mi­sio­ne­ra Mari Paz Mar­tín vi­vió muy de cer­ca aque­llos días de 1994. Ella des­ta­ca por en­ci­ma de todo el dis­cer­ni­mien­to que rea­li­za­ron los días 6 y 7 de oc­tu­bre. “Ape­nas ter­mi­na­ron, nos tra­je­ron las con­clu­sio­nes. Las tra­jo Ánge­la, la ma­dre ge­ne­ral. Es con­mo­ve­dor por­que ci­ta­ban las ci­tas bí­bli­cas, las co­men­ta­ban. Es es­tre­me­ce­dor por­que pa­re­ce que Dios y la his­to­ria es­ta­ban mar­can­do su ca­mino”, ex­pli­ca. Cari y Est­her, dice, “no que­rían mo­rir, que­rían la vida, pero se pre­sen­tó así y no echa­ron para atrás”.

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Los prio­res ge­ne­ra­les de la Or­den de San Agus­tín y la Or­den de Agus­ti­nos Re­co­le­tos, Ale­jan­dro Mo­ral y Mi­guel Miró, des­ta­can la im­por­tan­cia que ha te­ni­do el tes­ti­mo­nio, la muer­te y la bea­ti­fi­ca­ción de las dos mon­jas. “Para la fa­mi­lia agus­ti­nia­na es muy im­por­tan­te por­que son dos her­ma­nas, nos uni­mos mu­cho en el do­lor (…). Su­po­ne que dos her­ma­nas, vi­vien­do nues­tra es­pi­ri­tua­li­dad lle­guen a ser bea­tas”, dice Ale­jan­dro Mo­ral. Por su par­te, Mi­guel Miró afir­ma que “es un tes­ti­mo­nio que nos lle­na de es­pe­ran­za, de ale­gría y que nos lle­na de vida”.

En este sen­ti­do, Ja­vier Pi­paón, que era Prior ge­ne­ral de los Agus­ti­nos Re­co­le­tos en 1994, re­cuer­da que “no cau­só ale­gría pero, des­pués de la tris­te­za y del su­fri­mien­to, sí es un he­cho que con­for­ta en la vo­ca­ción de to­dos no­so­tros”.

Sin fe­cha para la bea­ti­fi­ca­ción

Tras el anun­cio en enero, el pro­ce­so con­ti­núa pa­ra­do. La cau­sa de Ca­ri­dad y Est­her y los otros 18 com­pa­ñe­ros már­ti­res aún no tie­ne fe­cha para la bea­ti­fi­ca­ción. El de­seo de to­das las con­gre­ga­cio­nes era que la ce­le­bra­ción tu­vie­ra lu­gar en Ar­gel, aun­que esto re­sul­ta com­pli­ca­do. Se con­ti­núan ba­ra­jan­do op­cio­nes y po­si­bi­li­da­des, aun­que en todo caso será una ce­le­bra­ción con­jun­ta para to­dos los fa­lle­ci­dos en Ar­gel en­tre 1994 y 1996.

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