Religión en Libertad

Una combinación explosiva de espiritualidad, ambiente navideño y espectáculo incomparable

Puy du Fou se rinde a la magia de la Navidad: en Toledo los más escépticos volverán a creer

Sus Majestades, los Magos de Oriente, ya se encuentran en Toledo, cuna de España. 

Los Reyes Magos, en una visita relámpago a Puy du Fou.

Los Reyes Magos, en una visita relámpago a Puy du Fou.Puy du Fou.

José María Carrera Hurtado

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Es esa música, ese olor, esa luz, esas risas de alegría y miradas cargadas de emoción. Ese ambiente que solo se puede vivir una vez al año, y que solo desde la fe se entiende plenamente. La fe en un Dios hecho hombre que se hace difícil de ignorar tras cruzar las puertas de Puy du Fou España en Navidad. Allí, desde este 29 de noviembre y hasta el próximo 4 de enero, el parque pone todos sus recursos al servicio de un objetivo: gritar al Cielo que Dios se ha hecho niño y celebrarlo, eso sí, a la cristiana e hispánica manera. Es el cuarto año en que se celebra la Navidad… y las lágrimas de emoción contenida ya pueden considerarse “un clásico” de estos días en el parque.

La magia de Puy du Fou que transporta al visitante a otro tiempo y lugar comienza en el mismo aparcamiento, donde los vehículos se presentan como disonantes figuras que contrastan con lo que está por venir. Quizá por eso son solo unos metros, segundos, los estrictamente necesarios para que los cinco sentidos del visitante comiencen a evocar la potencia de la Navidad.

Los Reyes Magos, ya en Toledo, ante la Sagrada Familia en uno de los espectáculos estrella de Puy du Fou,

Los Reyes Magos, ya en Toledo, ante la Sagrada Familia en uno de los espectáculos estrella de Puy du Fou, "La alegría de la Navidad".José María Carrera.

La primera imagen será la de la villa con los primeros puestos y el icónico pórtico de acceso, con una decoración y ambientación cuidada al detalle. Allí, un gran árbol flanquea la entrada a la capilla de la Virgen del Arrabal, un espacio donde evocar el “fiat voluntas tua” de María se hace especialmente propicio.

Apenas hay cabida para la distracción. Los tiempos están medidos al milímetro, pues a las 17:30 comienza el pase especial del espectáculo “La alegría de la Navidad”. [Spoiler: no, no trata sobre hadas, gnomos y elfos]. Aún tenemos quince minutos, que son estrictamente racionados, contando los segundos que al principio se pueden dedicar a reparar en detalles, puestos y decoración. La dulcería, confiterías, tiendas como la de “la Navidad de Paloma”, “el horno de mazapán”, puestos de consomé y vino dulce, roscones…

[¡Atención, spoiler! Si continúas leyendo, encontrarás desvelados ciertos detalles y sorpresas del recorrido…]

Dejamos atrás el mercado cuando nos percatamos de un punto del camino que más que recorrer, hay que saborear. Es “El pasadizo de Belén”, un pasillo tan ricamente iluminado como ambientado, con quizá una decena de pinturas sobre la natividad y la Sagrada Familia ilustrando el sendero, sugiriendo en el visitante lo que contemplará en carne y hueso minutos después.

"El pasadizo de Belén", en Puy du Fou España, solo por Navidad.José María Carrera.

Este es solo uno de los puntos del parque por los que se puede afirmar que, por encima del consumismo, la organización ha velado para que todo lleve al visitante a un ambiente de recogimiento en el que comprender el significado de la Navidad. Es algo que se verá igualmente en otros eventos de la jornada, como son como “Recepción real”, “Cortejo de SSMM Los Reyes Magos”, “Las voces angelicales” o “Mercado navideño”.

Y, por supuesto, en “La alegría de la Navidad”, espectáculo al que tardamos unos 10 minutos en llegar y que recorre los grandes episodios bíblicos que llevarán a la primera Navidad de la historia.

La calidad y la trama, pero sobre todo la expectación por el desenlace por todos conocido, es tal que en cierta forma ensombrecen la calidad de las coreografías, de las interpretaciones y del guion que introduce a la historia de la salvación. Es como si se diese por hecho que todo el espectáculo va a ser perfecto y no pudiese defraudar, pero con la pregunta siempre presente entre los asistentes: ¿Cómo será el final? ¿Tendrán algo que ver esas dos grandes torres?

Especial mención merece la capacidad del espectáculo para combinar trepidantes escenas de acción, cruciales episodios de drama y persecución y momentos donde la evocación de lo sagrado se hacen casi palpables. Rosario, cámara y pañuelo podrían ser “los imprescindibles” para inmortalizar un espectáculo en el que la frontera entre adoración, emoción y llanto es apenas perceptible.

El espectáculo finaliza con la reacción que se esperaba, con un público rendido a la magistral combinación de música, ambientación, guion, interpretación y carga simbólica. Se desata una intensa ovación que, sin embargo, no puede prolongarse mucho. Solo hay una cosa que pueda sacar a los asistentes de sí mismos y evitar que siguiesen aplaudiendo, y eso es… seguir aplaudiendo fuera. Allí, a partir de ahora, los protagonistas de la jornada serán los niños.

Las velas de mamá Candela, uno de los muchos puestos icónicos de Puy du Fou España por Navidad.

Las velas de mamá Candela, uno de los muchos puestos icónicos de Puy du Fou España por Navidad.José María Carrera.

La magia de Puy du Fou: los Reyes son los Reyes 

A apenas veinte metros, instantes después de que la Sagrada Familia viese postrarse ante sí a la creación entera, los Magos comienzan la ansiada Recepción real.

Padres y madres, resignados, esperan recordando y quizá reviviendo su infancia o recreándose en la de sus pequeños, demasiado absortos en brazos de los Magos para percatarse de haberse separado de sus familias.

Cuenta la leyenda que, en ese momento, los Magos que segundos antes adoraban al niño, conversan ahora con los pequeños sobre el contenido de sus cartas reales, aunque aún no hubiesen sido escritas siquiera, ante la atónita mirada de los infantes: “¿Cómo pueden saberlo?”, se preguntarían muchos.

Un momento en el que más de una de las muchas doncellas administradoras del parque atribuyen a “la magia de Puy du Fou”, y cuyos secretos se guardan con celo desmedido. Y es que nadie en su sano juicio, después de visitar el parque, podría dudar de Sus Majestades.

La gran cabalgata: "¡Los Reyes Magos han llegado!"

De nuevo, el tiempo apremia. Son las 18:30 y en apenas 15 minutos comienza el gran cortejo real de SSMM los Reyes, frente al mercadillo y los puestos de dulces. Una vez se cercioran de haber escuchado a cada una de las pequeñas almas del recinto en audiencia privada, los Magos desaparecen para dar comienzo a uno de los momentos más épicos de la jornada: una gran cabalgata, con más de 200 integrantes entre pajes y cortejo, a los que se suman bestias, coreografías, mobiliario, pirotecnia, música tan bella como épica y un narrador que arenga a los presentes hasta la gran aparición. “¡Ya han llegado!”, se escuchaba.

A partir de aquí, todo sucede en un abrir y cerrar de ojos. La calle que recorre el espacio entre el gran castillo y el portón de entrada está de pronto repleta, mientras los pajes y magos pasan a pocos centímetros de niños -y padres- enfervorizados.

Bastaba dejar de mirar el espectáculo unos segundos y detenerse en el rostro de padres y niños para corroborar en sus miradas la tensión contenida y trascendencia crucial. Ahora, incluso la esperanza de recibir los regalos plasmados en las cartas queda sepultada por la alegría y emoción de ver, en carne y hueso, a los más famosos adoradores del Señor.

Baltasar, en su paso por la cabalgata de Puy Du Fou España.

Baltasar, en su paso por la cabalgata de Puy Du Fou España.José María Carrera

Quizá una de las grandes críticas que se vierten hoy sobre la Navidad es el de su uso comercial, como si las compras cobrasen mayor importancia que lo religioso. Incluso en ese ámbito parecen haberse parado a pensar desde la organización. El comercio está presente, pero en ningún momento oscurece lo nuclear.

El sentido de la Navidad y la Epifanía, que Cristo nace, es prácticamente omnipresente en el recinto y nada oculta o se interpone entre el visitante y dicha realidad.

Y el momento llega. Pasan Melchor, Gaspar y Baltasar acompañados de grandes, amplios y vistosos séquitos, siempre por cierto ataviados con un exquisito sentido estético, alejado de prendas extemporáneas o atuendos y decoraciones extravagantes. Es un esplendor humilde, una belleza regia pero austera, donde el ropaje y colorido buscan adaptarse al momento que representan.

El cielo en llamas 

Concluida la cabalgata, se confirma lo que se dice del parque, que las que se celebran son “unas navidades pero de las de verdad, las de aquí”. No se ve a Papá Noel, no se escuchan villancicos en inglés. Es precisamente aquí, con el público procesando la emoción de los Magos y escuchando continuamente acordes y villancicos clásicos, cuando multitud de cañonazos comienzan a tronar.

Al unísono, las miradas se dirigen, iluminándose, directamente al frío y oscuro cielo, ahora en llamas por una explosiva pirotecnia que rivaliza con la música en intensidad. Es aquí, tras un tiempo que no se sabe si son minutos o segundos, cuando al cesar de luces y melodías, empiezan a verse algunos ojos, ahora sí, que luchan por reprimir y contener una justificada y merecida descarga de emoción.

Navidad a la hispánica manera

Tampoco hay tiempo para llorar: de hecho, ahora empieza esa alegría típicamente española y que se configura, de nuevo, como algo diferencial en este espectáculo. De inmediato, cuatro músicos perfectamente uniformados surgen de entre el personal medieval y se transforma en una aparentemente improvisada agrupación que comienza una larga interpretación de icónicos villancicos en tónica flamenca.

Villancicos a ritmo de flamenco, un perfecto cierre de jornada en Puy du Fou ante el nacimiento del Señor y la venida de los Magos.

Villancicos a ritmo de flamenco, un perfecto cierre de jornada en Puy du Fou ante el nacimiento del Señor y la venida de los Magos.José María Carrera.

Mientras, los grandes sabores y aromas de la Navidad comienzan a impregnar el ambiente. Consomé, un exquisito y especiado vino dulce y caliente, chocolate, carnes guisadas o cerveza, todo propicia que el cansancio pueda esperar, que el frío busque la lumbre, y que la emoción contenida sea definitivamente liberada para dar paso al reposo, la reflexión y la contemplación del Misterio hermosamente representado.

La Capilla de la Virgen del Arrabal, perfecto cierre y despedida para una jornada navideña en Puy du Fou, donde José, María y el Señor son los protagonistas indiscutibles.

La Capilla de la Virgen del Arrabal, perfecto cierre y despedida para una jornada navideña en Puy du Fou, donde José, María y el Señor son los protagonistas indiscutibles.José María Carrera.

¿Merece la pena la movilización necesaria para visitar el parque? Si lo que se busca es celebrar las “fiestas del invierno”, un recorrido aséptico, frío y carente de fe, que prime el consumo a la Buena nueva encarnada o que promueva una Navidad a golpe de tópico, cliché y filantropía, Puy du Fou no es la mejor opción. Lo que desde luego no se recomienda a nadie es cruzar sus murallas con una mirada descreída o un corazón orgulloso. Cuidado, dicen que el parque hace tambalearse a los más escépticos… Y si se baja la guardia, más de uno volverá a creer.

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